Trump en el hoyo

A tres semanas de la elección presidencial norteamericana, Donald Trump se hunde en las encuestas. El promedio de los sondeos de opinión lo coloca seis puntos debajo de Hillary Clinton, con una tendencia negativa para el hombre del horrible peinado.  

Era cuestión de tiempo, desde su designación como candidato presidencial en Cleveland Ohio, los enterados de la política estadunidenses proyectaban, quizás más como un deseo que como un análisis serio, la caída del polémico personaje a causa de sus propios errores.

Lo que nadie sabía era que Trump pagaría por sus culpas del pasado. Los sabuesos del partido demócrata y la “mano amiga” de quienes tenían guardadas cuentas pendientes se han encargado de desempolvar viejas acusaciones de abuso contra una docena de mujeres, más las que se acumulen esta semana. Las damas en cuestión hablan de tocamientos, besos y situaciones forzadas por el empresario acostumbrado a saciar sus deseos por cualquier medio. En respuesta, Donald Trump intenta desmentir y acusa a la campaña de Clinton de envenenar la mente del votante, pero su narrativa y gran capacidad de mentir, le han impedido enfrentar la situación.

Los norteamericanos pueden hacerse de la vista gorda en muchas cosas, tolerar el insulto y la denigración de mexicanos, musulmanes o negros, pero cuando en medio del escándalo se colocan mujeres blancas agredidas, la cosa cambia. Los simpatizantes de Trump no pueden permitir ataques a sus mujeres.

La condena es lógica y previsible, nadie puede justificar actitudes como las reveladas en los últimos días pero lo más importante del caso es que revela la oscura personalidad del hombre que aun pretende convertirse en presidente de los Estados Unidos.

Un artículo de David Brooks en el New York Times, afirma que “Trump sigue desplegando síntomas de alexitimia narcisista, la incapacidad de comprender o describir nuestras propias emociones. Incapaces de conocerse a sí mismos, quienes sufren esta condición no pueden comprender a los demás, identificarse ni establecer vínculos con ellos”.

Según el periodista, Trump vive en un universo alterno sin principios morales, negado a la cooperación y la solidaridad. Hacia las mujeres no experimenta más que desprecio y necesita la atención constante de los demás para “constatar su propia existencia”.

El diagnóstico es contundente, aunque no sorprendente, lo que sigue siendo un misterio, es como los republicanos permitieron a un hombre así hacerse de su candidatura presidencial y arrastrarlos al desprestigio.

A 22 días de la elección, a pesar de restar un debate, Trump parece acabado. En tan poco tiempo es muy complicado remontar una desventaja de seis puntos, mucho menos en las actuales condiciones. Hillary Clinton no va a cometer errores, mantendrá el paso seguro que lleva hasta ahora. A estas alturas nada importa si es una mala candidata, si es incapaz de emocionar o si se percibe lejana a sus eventuales gobernados. Ha resultado ser la menos mala y con eso le bastará para llegar a la Casa Blanca.

*Foto en el Home: Especial*