Torquemada viste de rojo

Mikel Arriola puede creer lo que se le pegue la gana, sus ideas pensamientos y ocurrencias pueden ser cualquier cosa, incluso nada respetables; al final son solo suyas. Puede abanderarlas en actos de campaña -sería deshonesto si no lo hiciera-, puede revelarse como emisario del pasado, encarnación de Torquemada o defensor absoluto de las buenas conciencias. Mikel Arriola tiene derecho a ser el ultraconservador aspirante a gobernar la ciudad más progresista del país; Parece un suicidio, pero cada quien tiene el derecho a decidir como morir.

El problema con el abanderado priista no son sus creencias ni la forma de expresarlas, lo grave es que su discurso de cierre de precampaña destila discriminación, prejuicio, intolerancia y lo peor, va en contra de derechos ganados por la sociedad y reconocidos por leyes e instituciones.

La adopción entre parejas homosexuales es un tema que ni siquiera debería someterse a discusión, incluirlo en el debate electoral es doblemente perverso, porque legalmente no lleva a ningún lado pero socialmente estigmatiza, siembra el encono y promueve la discriminación. 

Cuando Arriola dice que la familia será su prioridad, que hará de la Ciudad de México la ciudad de los valores y de inmediato se pronuncia contra la adopción entre parejas del mismo sexo, él mismo debe explicar a qué valores se refiere, porque se deben restringir los derechos de la comunidad LGBTTTI y en que se sustenta que la adopción por homosexuales y lesbianas es un acto condenable.

Habrá quien piense que más que creencias, detrás del discurso del ex director del Seguro Social, hay puro y duro pragmatismo electoral, lo cual indicaría que el futuro candidato priista habría elegido jugar con el encono para posicionarse de manera acelerada, de cara a la campaña que iniciará el 31 de marzo. Si es así, Mikel Arriola eligió la peor manera.

*Nota del Editor: Foto: Especial Internet*