Rector sin respuestas

El rector de la UNAM no admite preguntas, quizás porque carece de respuestas o al menos argumentos convincentes frente a la evidencia de que el campus universitario es tierra de nadie.

Tras las dos muertes registradas el viernes durante un aparente enfrentamiento entre narcomenudistas, el doctor Enrique Graue reconoce que la violencia en la máxima casa de estudios alcanzó niveles intolerables, pero también dice que la estrategia de las autoridades encabezadas por él se va a mantener, pues no permitirá la militarización de las instalaciones en el campus universitario.

Desde años se conoce la venta de drogas en las distintas facultades, hace unos cuantos meses se documentó la presencia del Cartel de Tláhuac como distribuidor de estupefacientes en Ciudad Universitaria. Hasta hace muy poco la “tolerancia” había operado sin que se registraran hechos violentos relacionados con la delincuencia. Combatir la distribución de enervantes se reconocía –Y se reconoce- como una misión imposible, aunque la “fiesta” había transcurrido en paz.

Por desgracia la violencia no se reduce a lo ocurrido el viernes; en junio de 2016 el jefe de servicios de la Facultad de Química, José Jaime Moreno Barrera fue asesinado de una puñalada; en mayo del año pasado, Lesvy Berlin Osorio murió ahorcada con el cable de un teléfono público en el interior de C. U. Los investigadores determinaron que se trató de un suicidio, pero la versión fue descalificada por el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio cuya investigación concluyó que en dicha caseta telefónica resultaba imposible que una persona pudiese quitarse la vida, además de que se comprobó que la joven de 22 años había sido golpeada por su novio, quien fue detenido acusado de homicidio culposo; en junio pasado, un estudiante de odontología murió tras caer de los pisos superiores de la Facultad de Filosofía y Letras, un caso no resuelto.

La Rectoría está rebasada, los cuerpos de seguridad internos ni tienen la vocación ni están preparados para detectar y combatir actos criminales, mucho menos para hacer frente a bandas del crimen organizado o grupos de narcomenudistas que operan armados en las instalaciones universitarias, la dichosa autonomía hace de la UNAM un terreno vedado para la policía, aunque seguramente, la presencia policíaca tampoco terminaría con la violencia asociada o no con las bandas de narcotraficantes.

A estas alturas, apelar a la buena voluntad, a la prudencia, a la civilidad o a la nobleza del espíritu universitario es francamente ingenuo. El rector Graue y autoridades que lo acompañan, le deben a la comunidad universitaria y al resto de los mexicanos que financiamos la operación de la UNAM, no una explicación, sino una solución urgente a un problema que se les va de las manos. Decir que la fuerza pública no ingresará al campus es una obviedad, sostener una estrategia que ha fracasado, es simplemente irresponsable.

*Nota del Editor: Imagen: Captura de pantalla UNAM*