¿Qué carajo le pasa al mundo?

De un tiempo para acá la gente hace cosas estúpidas. Toma decisiones inverosímiles, alejadas de la lógica y el sentido común, una gran cantidad de seres humanos dan pasos al vacío a pesar de los avisos desesperados del resto de la especie que mira con claridad y desesperación el suicidio masivo.

Donald Trump presidente es el último y el peor de estos episodios. El mundo se pregunta cómo la mitad de los norteamericanos pudo encumbrar al payaso megalómano abriendo así una caja de Pandora de odio, desprecio, misoginia y racismo. El resultado del martes sirvió como permiso al cinismo. Las actitudes soterradas hasta hace unos días salen a la luz con absoluto desparpajo. El acoso, la agresión y el ninguneo ya pueden presumirse. Se vale atacar abiertamente a los distintos, a las apestosas minorías culpables de la degradación de la grandeza americana.

Nadie lo vio venir o por lo menos nadie quiso tomarlo en serio. Los expertos politólogos, los encuestadores y la relativamente nueva especie de pronosticadores equipados con complejos modelos matemáticos “infalibles” hasta el martes pasado se equivocaron de todas todas. A estas horas aún se preguntan qué falló, incluso cuestionan si la democracia sirve o si asistimos a su muerte.

La verdad es que los sabios, los analistas y los simples observadores de la política viven (vivimos) en un estado permanente de estupefacción desde hace un buen rato. Pasó con el Brexit, ocurrió con el “no” rotundo de los colombianos al acuerdo de paz entre el Gobierno y las FARC. Las decisiones populares ponen a prueba el entendimiento de quienes contemplan a una sociedad equivocada.

Algo está ocurriendo que no entendemos. Quizá la teoría que hasta ahora había servido para entender el mundo ha quedado rebasada por la realidad. Los modelos políticos y económicos están en crisis y carecemos de elementos para descifrar la forma en que el enojo y la desconfianza deben ser encausados.

Vivimos un momento de confusión. Las instituciones no funcionan y los valores que teníamos como ciertos se han disuelto para dejarnos en un limbo. Humberto Eco retomando a Bauman lo describe de manera contundente, sabemos lo que ya no queremos pero desconocemos lo que sí queremos. El hartazgo es evidente, las alternativas aún no existen. Vivimos un tiempo oscuro.