México armado

Jorge Luis preciado insiste en armar a México, ante el rechazo de su iniciativa en el Congreso busca 150 mil firmas para convertir en iniciativa ciudadana su propuesta de modificar la Ley Federal de Armas de Fuego a fin de que todos tengamos la posibilidad de portar legalmente una pistola para nuestra protección.

Luciano Segura, líder de la organización México Armado, afirma que el derecho a la portación es legal, pero la discrecionalidad de las autoridades para otorgar permisos, hacen de la ley, letra muerta.

El argumento es dudoso, ambos dicen que la posesión legal de armamento servirá para disuadir a los criminales, quienes pensarán dos veces antes de atacar a un ciudadano en posibilidad de defenderse. Sin cifras reales para comprobar su hipótesis, Preciado recurre a ejemplos como el de Uruguay y Argentina, con niveles de inseguridad menores a los mexicanos y en donde los ciudadanos pueden llevar armas consigo, también señala que en lugares como Orlando, Florida, los ataques de género se redujeron cuando se dio acceso a las mujeres a campos de tiro. No queda claro, sin embargo, la relación entre el número de delitos y la posibilidad de armarse para defenderse; en Argentina, según sus propias palabras, solo el seis por ciento de la población tiene un arma mientras que en Uruguay, hay 15 armas por cada 100 habitantes.

La propuesta es populista y perversa. El Senador panista pretende explotar los sentimientos de hartazgo e impotencia de la población ante el fracaso del Estado. A nadie extrañaría que un buen número de mexicanos respaldase la iniciativa, en base a la ilusión de sentirse más seguros, pero cuesta trabajo creer que un México armado por la vía legal será un México menos violento.

Sin instituciones confiables, la alternativa de Jorge Luis Preciado, pretende descargar en los ciudadanos la posibilidad de combatir a los criminales por sus propios medios, una peligrosa tentación ante el ánimo de desesperación que se vive en buena parte del país ante el avance de la delincuencia común, cada vez más violenta.

La situación es compleja, abrir la puerta a la portación de armas no resolvería el problema de impunidad que hace de violar la ley una apuesta segura. Compararnos con otros países para justificar una ocurrencia está fuera de lugar, nuestra realidad es muy distinta a la de Uruguay o Argentina, la crispación es tal, que apostar a la defensa propia es tanto como promover la generación de una sociedad justiciera.

En un país con 15 millones de armas circulando de manera clandestina y en donde conseguir una pistola en el mercado negro es tan sencillo como comprarse un par de zapatos, la portación legal no parece una solución sensata. Jugar con el miedo es peligroso.