Mancera y Almeida contra la pared

Miguel Ángel Mancera e Hiram Almeida tienen mucho que explicar. No basta con las versiones cuestionables de cuatro policías ni con el compromiso de esclarecer el paradero de Marco Antonio Sánchez Flores, el joven desaparecido el martes pasado tras ser detenido arbitrariamente en las inmediaciones del Metrobús El Rosario. El jefe policíaco debe rendir cuentas sobre la arbitrariedad, la falta de protocolos y el silencio guardado durante cinco días frente a la demanda de información de los padres angustiados y agraviados.

La autoridad solo reaccionó al enojo mediático, al pronunciamiento de la UNAM exigiendo justicia y la indignación manifestada en las redes sociales y expresada en la manifestación del domingo a medio día. solo el escándalo hizo reaccionar a la Secretaría de Seguridad Pública.

La desaparición del preparatoriano no es un tema menor; el caso en sí mismo resulta escandaloso, pero adquiere una dimensión distinta, en el contexto de inseguridad, violencia y abuso que envuelven a la administración capitalina. Apenas hace unos días, la Procuraduría capitalina quedó en ridículo al detener sin pruebas al actor Axel Arenas, acusado de asesinar a la ciudadana argentina Karen Ailen Grodzinski en el hotel Pasadena, a 20 días de la liberación de Arenas, el crimen sigue impune, como varios más cometidos contra modelos/ edecanes sudamericanas, tan impune como la gran mayoría de los delitos cometidos en la Ciudad de México.

La desaparición de Marco Antonio Sánchez Flores no es asunto aislado, nos recuerda el caso de José Antonio Zúñiga, célebre por haber sido denunciado y llevado a la pantalla en el documental Presunto Culpable, estrenado en 2008. Nos guste o no, también nos recuerda que la capital del país no está exenta de malos elementos policiacos, que abusan por sistema de quienes menos pueden defenderse, jóvenes y pobres, capturados por que a los representantes del estado se les dio la gana, con afanes muy distintos a los de aplicar la ley y hacer justicia.

Con toda la distancia que deba guardarse, el caso de Marco Antonio Sánchez y las declaraciones parciales que han ofrecido sus captores, nos llevan a recordar a los policías involucrados en la noche de Iguala y en la desaparición de los jóvenes levantados y asesinados en Tierra Blanca, Veracruz en enero de 2016. Miguel Ángel Mancera, su jefe de la policía y el procurador de la Ciudad deben responder a todas las interrogantes, encontrar cuanto antes a Marco Antonio y frenar las especulaciones generadas con toda justificación. Por lo pronto ya comenzó a escucharse el grito de “Fue el Estado”, colocando en la autoridad la etiqueta de arbitraria y represora. De no actuar pronto y de manera convincente, el jefe de Gobierno podría enfrentar una crisis mayúscula a cinco meses de la elección.

*Nota del Editor: Foto: SSP CDMX*