Los juegos del cambio

Los Juegos Olímpicos no existen para Televisa y TV Azteca. Los dos gigantes de la televisión abierta en México decidieron ignorar el máximo evento deportivo por primera vez en la historia.

La decisión es lógica, ni uno ni otro consiguieron boleto para ir a Rio de Janeiro; hace tres años, su gran rival en el terreno de las telecomunicaciones se avivó y compró los derechos televisivos del megaevento por algo así como 130 millones de dólares. Con una sola jugada, Carlos Slim cambió las reglas del juego, dejó a las mayores televisoras del país sin un jugoso negocio y apostó por el futuro.

Según la revista Forbes, Televisa y Azteca dejarán de ganar 45 millones de dólares al no transmitir la justa olímpica (http://www.forbes.com.mx/televisa-y-tv-azteca-perderan-45-mdd-por-juegos-olimpicos/#gs.LuYCHeU) el manjar comercial de cada cuatro años, no tendrá sustituto en una época de vacas flacas, con ingresos menguantes y audiencias en declive. La televisión pública a través de Canal Once y Canal 22 cubren los juegos, aunque sin el alcance y el impacto de las dos cadenas privadas, tal parece qué en esta ocasión, los verdaderos ganadores de Rio 2016, serán las cadenas especializadas ESPN y FOX Sports a través de sus canales de televisión restringida. Nunca como ahora, tendrán un público cautivo, ávido de un contenido exclusivo. 

A pesar de ello, el alcance e impacto de las cadenas deportivas no puede compararse con la televisión abierta, si bien es innegable el crecimiento de suscripciones de sistemas de televisión de paga y su cada vez mayor presencia en los hogares del país (56 por ciento según cifras del Instituto Federal de Telecomunicaciones), también es una realidad que se trata de compañías especializadas, enfocadas a un nicho específico de público y por lo tanto con un potencial restringido. Compararlas con el alcance de Canal 2 y canal 13, así como con su potencial comercial sería un error, unas son peras y otras manzanas.

Pero más allá de las cifras financieras, la verdadera importancia de estos juegos olímpicos para las audiencias mexicanas es el cambio de usos y costumbres. Por una parte, el público acostumbrado al espectáculo alrededor de las competencias deportivas, dejará de recibir horas y horas de programación, en donde los juegos habían dejado de ser lo más importante. El ejercito de comediantes y estrellas de la farándula enviado tradicionalmente a las sedes olímpicas simplemente ha desaparecido, quienes esperaban ansiosos por ver a Eugenio Derbez, el Güiri Güiro o al Compayito, simplemente buscarán en la televisión otras maneras de entretenerse. Los juegos son desde el principio un espectáculo para los amantes del deporte, habrá sin duda, aficionados ocasionales que disfruten de disciplinas poco difundidas como la natación, la gimnasia el voleibol o el tiro con arco. Será un festín de estadísticas, datos y también de historias entrañables, de esfuerzo y de hazañas, quienes sintonicen las transmisiones recibirán algunos destellos de la cultura y la realidad brasileña pero nada más.

El otro gran cambio para las audiencias es la posibilidad de elegir. La oferta lanzada por América Móvil a través de su plataforma Claro Video, permite a quien a si lo desee seguir en tiempo real o en repeticiones cada una de las competencias a través de teléfonos celulares, tabletas y computadoras, sin restricciones de horario ni lugar.

Por primera vez en nuestro país, los usuarios de internet tienen la posibilidad real de seleccionar lo que más les guste de un gran evento, por primera vez, somos testigos a gran escala de nuevo lenguaje cuyo fin es hacer televisión para quienes no ven televisión de la manera tradicional.

Se trata de una transición anunciada, de un cambio cultural que ha tardado en despegar, pero no tiene marcha atrás, una nueva manera de consumir contenidos, con nuevos lenguajes y una interacción permanente. El cambio va mucho más allá de los juegos olímpicos, Así lo demandan las audiencias y así lo han entendido los generadores de contenido, incluidas las grandes televisoras, a esa dinámica horizontal atienden las modificaciones de formatos y programación que presenciaremos en los medios audiovisuales las próximas semanas. El mundo ya cambió y por lo menos en materia de información esa transformación es positiva e irreversible.