Comer en Jordania

Para el viajero comer en Jordania es un acto colectivo, una experiencia familiar que lo acerca como pocas cosas a la vida cotidiana y a la tradición del país que lo recibe. Lugares como Beit Sitti en Amman o Petra Kitchen en Wadi Musa, involucran al visitante con los sabores, los aromas, los colores y las texturas de una cocina con elementos únicos, rica en productos de la tierra, frescas ensaladas elaboradas con arúgula, lechuga, col, el cilantro, el yogurt como alimento básico combinado con la berenjena en el exquisito baba ghanoog, o con el garbanzo para la preparación del tradicional hummus, indispensable acompañante de todos los demás alimentos.

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Foto: propiedad de Primitivo Olvera

El cordero es otro elemento fundamental de la dieta jordana. Su presencia constante se aprecia en los mercados tanto como en la mesa, combinado con arroz y salsa láctea en el tradicional mansaf, asado, combinado con pollo en el kefta u horneando bajo la tierra en los campamentos del desierto de Wadi Rum a la manera de la barbacoa mexicana, todo acompañado por el pan de harina de trigo, distinto en el desierto y en la ciudad. Cocinando al horno en casas y restaurantes, en esferas de barro y grandes planchas cóncavas de acero o en la tierra del desierto con las brazas ardientes utilizadas por los beduinos, muy lejos de los centros urbanos.

Cocinar es tan importante como el ritual de ir a la mesa, distinto en cada zona del país. Pasar la tarde en una terraza de Um Qais, al pie de las ruinas color negro de una de las ciudades de la  decápolis grecorromana frente al mar de Galilea, las montañas de la frontera siria y el territorio libanés, es tan placentero cómo cenar en los restaurantes al aire libre de Amman con sus largos tablones rodeados de familias enteras compartiendo los platillos colocados uno tras otro al centro en un larguísimo desfile de sabores,  en un espacio compartido, endulzado con la tradicional “lemon Mint”, bebida fresca  hecha con limón y hierbabuena, para finalizar con postres elaborados con coco, budín de Pan sumergido en un caldo de leche con almendras y pistaches, para concluir con el penetrante aroma del café con cardamomo o el tradicional té árabe.

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Foto: propiedad de Primitivo Olvera

Para los fumadores, nada como la arguila, la pipa de agua empleada para disfrutar del tabaco saborizado con manzana, limón, menta, uva o anís, compañía perfecta para una sobremesa que se puede extender hasta la madrugada.

El acto de comer tiene un sello especial en el desierto. Sentarse a la mesa en sillones colocados alrededor del patio de cada campamento, bajo los toldos de lana en compañía de la música, bajo el sol sofocante o frente al calor de la fogata en la fresca noche repleta de estrellas hace de cada comida un momento irrepetible, tanto como saborear el pescado y el pollo, otro alimento básico jordano, a bordo de un yate anclado en el Mar Rojo, sobre las aguas azules que escoden el panorama multicolor del arrecife de coral.

Comer en Jordania es una experiencia múltiple, diversa, pero que en todos los casos conserva la calidez de un hecho familiar, de un ritual colectivo.