Bauman y Trump

Donald Trump es, y con toda razón; el villano del momento, es quizás el personaje más odiado y temido de nuestra historia reciente, tanto por sus características personales, como por el poder que ahora detenta. A diferencia de tiranos consumados como Gadafi, Hussein, Ceausescu, Milosevic, Idi Amín, Pinochet, Castro y decenas de etcéteras, el neoyorquino no ha necesitado tomar una sola decisión para ser considerado un dictador en potencia. Autócrata, psicópata, ignorante, insolente, pedante, vulgar y hasta dueño de un pésimo gusto, su gestión como el hombre más poderoso del mundo evidentemente, no augura nada bueno.

El mundo se pregunta cómo fue que la mitad sensata de los votantes norteamericanos fue doblegada por la otra mitad (menos, si nos atenemos al voto popular) rencorosa y desquiciada.

Casual y desafortunadamente, el arribo de Trump a la Casa Blanca coincide con la desaparición de uno de los pensadores más importantes de nuestros tiempos. Zygmunt Bauman, sociólogo fallecido hace dos semanas en Leeds Inglaterra, observador agudo de la realidad global y autor de la teoría de la sociedad líquida que describe las relaciones humanas en general y nos ayuda a entender cómo es que el mundo, especialmente Estados Unidos, han llegado a lo que parece un enorme agujero negro.

Para tratar de comprender el encumbramiento de un sujeto como el actual mandatario estadunidense, hace falta entender el entorno, la coyuntura y el momento histórico y político de la humanidad.

Para iniciar, el mundo líquido descrito por Bauman, se caracteriza por el desmoronamiento o la disolución de la confianza en las autoridades, las instituciones y todo aquello que hasta hace unos años sostenía a nuestras sociedades, el descrédito del estado, la iglesia y hasta la familia, ha sido sustituida por el consumismo, el individualismo y el culto a la personalidad, en un mundo en donde la apariencia es más importante que la riqueza intelectual y ética, no es extraño que una celebridad como Donald Trump, se erija como opción frente a la “ineptitud de los regímenes democráticos” para responder a los cambios sociales que generados en momentos de crisis política y económica. Para Bauman, la resurrección de las tentaciones tiránicas responde a las disfunciones creadas por el propio sistema. La tierra fértil donde ha florecido el mensaje de Trump es donde habitan quienes se sienten defraudados, aquellos que tras la crisis de 2009, por ejemplo, descubrieron que “Todas las medidas emprendidas en nombre del “rescate de la economía” se convierten, como tocadas por una varita mágica, en medidas que sirven para enriquecer a los ricos y empobrecer a los pobres”.

Con esa base se entienden a la perfección los métodos y el impacto de un discurso desbocado del cuadragésimo quinto presidente estadunidense. El sociólogo polaco sostenía que la mentira política se ha convertido en algo común y hasta aceptado, los dichos falsos lanzados una y otra vez por el nuevo inquilino de la Casa Blanca son parte de la cultura del entretenimiento en la que están inmersos quienes luchan por el poder y en donde el ciudadano acepta de buena gana esa parte de farsa en que se ha convertido la vida pública.

A partir de ahí, entran en juego elementos básicos de la política contemporánea, la designación de un enemigo, como manera de fortalecer la idea de cohesión a través del peligro y asignar a ese peligro el rostro de los migrantes es siniestro pero coherente. Trump no solo aprovecha el resentimiento de una clase media económicamente golpeada, sino que culpa del mal a los extranjeros, a quienes de alguna manera representan lo desconocido para una sociedad cerrada. Es ahí, donde el odio instigado por el magnate se emparenta con el rencor explotado por la ultraderecha europea para obtener votos a costillas de grupos musulmanes procedentes de África y Medio Oriente.

El fenómeno que hoy nos asusta y con toda razón, nos sume en la incertidumbre no es único ni exclusivo de Estados Unidos, se trata de un fenómeno mundial, causado ente otras cosas, por la incapacidad de los sistemas políticos locales a resolver problemas cuyo origen radica en el orden global. 

“Vivimos en otra era mesiánica, aunque en esta ocasión (al menos hasta el momento), sin acontecimiento mesiánico ni expectativa alguna de que esté a punto de producirse” y no hay expectativa, porque a diferencia de otros momentos históricos, no existe una propuesta, una idea, una utopía que pudiese marcar el rumbo de un cambio político y social.

“Nos encontramos “en un periodo de interregno: lo viejo ya no funciona, pero lo nuevo no ha nacido todavía…  la que sí existe ya (y muy intensa) es la conciencia de que si no nace estaremos abocados a desaparecer”.

Donald Trump Presidente, inaugura una etapa con los peores augurios, aunque su aparición no es un fenómeno de generación espontánea, es por lo visto, el momento más dramático de los tiempos líquidos descifrados por la mente de un hombre que se va, pero nos deja el conocimiento para tratar de comprender con pesimismo, el momento que vivimos.

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