El riesgo de ingobernabilidad en Puebla y Baja California

El poder marea y cambia a los políticos; incluso, tan avezados como Pablo Gómez Álvarez, actual diputado federal de Morena.

Ese síndrome los hacer ver la realidad de modo distinto; en consecuencia, invierten el discurso, y forman sus propios conceptos.

¿Cuántas veces Pablo como oposición cuestionó el triunfo de gobiernos priistas y panistas basado en bajísimos porcentajes de participación ciudadana en las urnas electorales? El número es difícil de determinarlo, pero sí cuestionó.

Vaya, casi siempre resultaba atractivamente periodístico su debate como representante del PRD (cuando militaba en éste) ante el Consejo General del Instituto Nacional Electoral (INE), cuando Guadalupe Acosta Naranjo fungía como su suplente.

Y no solo puso en tela de juicio los gobiernos emanados de elecciones con altos índices de abstencionismo, sino también criticó la falta de democracia, la coacción y compra de votos, las elecciones de Estado y toda práctica fraudulenta.

Ahora, pa-re-ce pensar distinto. ¿Tendrá que ver su militancia en el partido en la Presidencia de la República: Morena? Partido que, además, junto con sus aliados hace mayoría en la Cámara de Diputados Federal y tiene en su poder más Congresos Locales, además de presidencias municipales importantes.

Verán, este martes Pablo Gómez, según un comunicado cameral, lamentó la baja incidencia electoral registrada durante los comicios del pasado fin de semana en seis estados de la República. Y dijo que es algo que “debería de preocupar a todos los partidos por igual”.

Y tiene toda la razón.

Sin embargo, manifestó no compartir la versión de que este factor pone en duda la legitimidad de los gobernadores de Baja California y Puebla, en donde ganó la Coalición “Juntos Haremos Historia (Morena-PVEM-PT)”.

Y al respecto, puntualizó: “No es válido un argumento para restar legitimidad política a quien ha doblado en votos al que ha perdido”.

Mmm… ¿en serio? Hay diversas teorías y definiciones sobre legitimidad, en el campo político, jurídico, social y filosófico. Incluso, en el sentido común. Y es complejo, tanto que a veces se le confunde con legalidad.

Es más, un gobierno también se legitima en el ejercicio del poder con sus acciones.

Las elecciones de gobernador en Puebla y Baja California son totalmente legales y jurídicamente legítimas, podría decirse, pues fueron conforme a la ley. Sin embargo, carecen de la legitimidad social y política; de un respaldo efectivo pueblo.

Y no se refiere precisamente a la mayoría relativa electoral; principio, por cierto, bastante ficticio. Es más bien, un respaldo ligado a la democracia: Gobierno del pueblo, emanado de éste, con amplio consenso social.

En fin, es complejo hablar de legitimidad, y entenderla. Pero lo que sí entiende el sentido común es que tanto Luis Miguel Barbosa Huerta en Puebla como Jaime Bonilla Valdez en Baja California ganaron las elecciones, pero empañadas por un altísimo abstencionismo a pesar de representar a Morena.

En Puebla el abstencionismo oscila en el 66% en y en Baja California en el 70%, según los resultados preliminares; la primera entidad registra una participación ciudadana del 33.41% y, la segunda, de 29.95%. Los cómputos distritales que se realizan el miércoles siguiente al de la elección, arrojarán porcentajes más precisos.

¿Cómo es que un partido, los políticos y los mismos candidatos pueden sentirse contentos y satisfechos con tan baja afluencia de votantes? Vaya, abstenerse de votar en ocasiones significa desprecio.

El domingo pasado, los electores apenas si acudieron a las urnas en aquellas entidades con todo y las prácticas de acarreo, promesas de recompensa, dádivas y demás. ¡Imagínense que no hubiera habido nada de esto! ¿La participación hubiese arañado el 10%?

Y no salgan con que nadie incurrió en prácticas de tal naturaleza porque santos no son. Vaya, si Jesús les dijera: “Que tire la primera piedra aquél que esté libre de culpa”, todos agacharían la cabeza, incluidos los de Morena y sus aliados en la coalición “Juntos Haremos Historia”.

En fin, pero les gusta auto-engañarse, cuando deberían preocuparse porque esa falta de respaldo social efectivo en las urnas electorales conlleva el riego de la ingobernabilidad; claro, no es la regla, pero sí un riego, pues si se carece de un amplio consenso, el disenso se hará mayúsculo.

Los votos de la oposición en Puebla en la elección de gobernador, en resultados preliminares, sumaban aproximadamente 789 mil 366 contra los 682 mil 245 votos obtenidos por Barbosa Huerta. Vean nada más cuántos lo quieren como gobernador, considerando además que la Lista Nominal es de cuatro millones 588 mil 753 electores.

Entonces, ¿ganar con alrededor de 682 mil 245 votos es para sentirse contento o preocupado? Y eso que fue el candidato de Morena, partido generador de la“Cuarta Transformación”. ¿Qué pasa pues?

En Baja California la situación es similar, aunque ahí la votación en conjunto de la oposición frente a la obtenida por Jaime Bonilla era ligeramente menor en preliminar: 353 mil 513 votos frente a 382 mil 308 del morenista.

No obstante, dense cuenta de la mínima cantidad de votos mediante los cuales alguien puede convertirse en gobernador en una entidad como Baja California donde la Lista Nominal asciende a dos millones 811 mil 75 electores. ¡Qué vergüenza! Y que gran puerta a la ingobernabilidad.

Claro, el riesgo de ingobernabilidad puede revertirse legitimándose con rápidas y buenas acciones en el ejercicio de gobierno.

rosyrama@hotmail.com

*Nota del editor: Foto tomada de @MBarbosaMX*