Pululan las #LadyGucci

Un día, en una conferencia sobre equidad de género, impartida por personal calificado del Centro de Capacitación Judicial Electoral, la ponente preguntó con toda franqueza: “¿Para qué quiere una mujer empoderarse?” Por supuesto, la interrogante desencadenó una ola de respuestas positivas y negativas. La idea era hacer conciencia sobre el manejo del poder en beneficio de las mujeres en general en base a políticas públicas promovidas por las empoderadas.

Y en la lluvia de respuestas, llamó la atención una en forma de pregunta, y es la siguiente: “¿Para hacer lo mismo que los hombres?” Sonó cruel. Sin embargo, hizo reflexionar sobre el papel desempeñado por mujeres empoderadas: Diputadas, senadoras, presidentas municipales, funcionarias de gabinete, integrantes de órganos autónomos, etc. Ellas, ¿cómo ejercen el poder?

La paridad de género es una realidad legal en cargos de elección popular, aún cuando medio mundo se preste a torcerla, incluidas mujeres. Y mientras se perfecciona implementación de la acción afirmativa, viene a la par el reto de cómo ejercer el poder: ¿Igual que los hombres?

¿Igual? Sí, con excesos, de manera arbitraria y déspota, en medio de escándalos de amoríos o de corrupción, protagonista de historias de desvío de recursos públicos, etc. Bueno, no todos los hombres ejercen el poder con la estampa de cuello blanco; los hay honestos, sencillos, amables, con vocación de servicio. Claro, son la excepción: 1 entre 100.

En fin, lo preocupante es que la mujer asuma conductas cuestionables. Como la presidenta municipal de Santiago Tuxtla, Veracruz, Claudia Acompa, de filiación panista. De acuerdo a información difundida en El Universal en línea, la administración de la alcaldesa está enmarcada en probables irregularidades financieras, ropa de miles de pesos y problemas matrimoniales. (http://www.eluniversal.com.mx/articulo/estados/2016/10/11/ladygucci-una-historia-de-anomalias-y-escandalos)

Imagínense que para la fiesta del santo patrón, Santiago Apóstol, la presidenta municipal usó vestimenta de 200 mil pesos y peinado por estilista de las estrellas; gusta de aparecer en portadas de revistas ataviada con ropa cara, y tiene conflicto con su esposo Raúl Sosa González, ex alcalde y quien la habría impulsado a la presidencia municipal.

¡Vestimenta de 200 mil pesos para una fiesta!

Caray, leyendo la historia de Claudia Acompa, nos damos cuenta que pululan las #LadyGucci, mote ganando a pulso por la presidenta municipal. Claro, pululan en los órganos de gobierno. Nada más fíjense en diputadas locales y federales, en Senadoras de la República e integrantes de gabinete, como llegan y como se transforman en mujeres fashion, con sus honrosas excepciones 

Desde el día en que asumen el cargo van con el mejor vestuario al alcance de su mano. Y en la medida en que transcurre el tiempo, el guarda-ropa se convierte en ajuar de pasarela con lo más exclusivo de la última moda: Vestidos, zapatillas, medias, accesorios y peinado. Y hasta echan competencia entre ellas a ver quién luce lo más nuevo y lo más caro.  En ocasiones la moda ni les va ni les queda, pero ellas arrasan con los aparadores.

Bueno, no siempre, pues hay quienes prefieren mandar a confeccionar el atuendo diario con diseñadores de marcas exclusivas y caras, incluidos los diseños de ropa típica. Así vemos a políticas y funcionarias luciendo vestuario regional elaborado en sedas y finos linos con bordados regionales estilizados como para mostrar el orgullo de los pueblos y comunidades indígenas, a los cuales no compran los bordados.

¿No las han visto? Mmm, pues pongan atención. Verán la metamorfosis.

Lo de menos es el gasto en gustos. Por eso trabajan, para ganar y gastar. ¿O no? Lo malo sería que las #LadyGucci gasten recursos públicos en sus gustos. Quién sabe si sea el caso de la presidenta municipal de Santiago Tuxtla, Veracruz, pero su administración registró anomalías financieras, aunque el órgano fiscalizador local consideró inexistente cualquier daño patrimonial público.

Claudia Acompa llegó a la presidencia municipal impulsada por su esposo, ex alcalde. ¿Se dan cuenta? ¡Casi casi es moda que los esposos promuevan la postulación de la esposa a cargo de elección popular? Como si en México viviéramos en una monarquía para transmitir el trono al cónyuge.

Ya de por sí es harto cuestionable la praxis de nombrar a la esposa “Primera Dama” y que ésta ejerza facultades como Presidenta Honoraria del DIF. ¿Honoraria? A nadie consta a ciencia cierta que la esposa de “X” mandatario (federal, estatal o municipal) no percibe ni un peso por desempeñar el papel de Presidenta Honoraria.

Mmm… no conozco casos de “Primer Caballero” o “Primer Varón” cuando la esposa es la gobernadora o la presidenta municipal, y que él haga las veces de Presidente Honorario del DIF. Como que al esposo le da penita desempeñar el papelito, que en la cultura mexicana lo hace parecer como mandilón.

Claro, hay quienes no ocupan cargos honoríficos al lado de la empoderada esposa, pero sin pudor alguno se despachan a manos llenas del erario o andan con ella a todas partes que hasta se confunden con los guaruras, a no ser porque la esposa le dispensa privilegios. En fin, que cuando la mujer es la empoderada, la hija o la hermana ejercen los cargos “honoríficos”. ¿Y qué ley lo autoriza? Ninguna, y nadie dice nada.

El problema empieza en la campaña electoral, donde se le permite a la esposa no solamente acompañar al esposo, incluso, haciendo campaña “sin candidato”, sino también se le permite tomar decisiones. Y las sigue tomando cuando el cónyuge asume el mandato.

Así, ella pronto se empodera y al rato empieza a realizar su propia campaña electoral. Evidentemente tiene derecho igual que todos los ciudadanos y ciudadanas; sin embargo, su condición la pone en ventaja frente a aspirantes sin cónyuge con cargo público o de representación popular.

En fin, al margen del método empleado en el empoderamiento, lo cuestionable es que cuando asumen posiciones de poder en partidos políticos, Legislaturas, gabinetes, ayuntamientos, órganos autónomos, etc., las mujeres desplieguen conductas que pongan en tela de juicio a justas por pecadoras.

Y resulta increíble ver a legisladoras, funcionarias partidistas o de gabinete, presidentas municipales, consejeras electorales o de órganos de transparencia, oponiéndose a la implementación de políticas públicas a favor de mujeres.

En Oaxaca, por ejemplo, fue sonado el caso de la oposición de diputadas a la aprobación de la paridad de género en la elección de concejales en municipios indígenas. Y en Chiapas fue un escándalo el incumplimiento del género solapado, incluso, por consejeras electorales del OPLE.

En fin.

rosyrama@hotmail.com