Precandidato único y atípico

El PRI se convierte en el primer partido político con precandidato para las elecciones a la Presidencia de México. Claro, de manera formal y dentro de los tiempos establecidos por la ley y el Instituto Nacional Electoral (INE). Porque Morena desde que se constituyó como partido, tiene al abanderado: Andrés Manuel López Obrador; no hay ni habrá otro morenista que le dispute la candidatura presidencial.

Evidentemente, Morena deberá cumplir la formalidad dentro de los tiempos electorales  para que AMLO adquiera de manera legal la calidad de precandidato y luego de candidato de su partido y de la coalición con el PT, en su caso.

Pero formalmente, el PRI es el primer partido con precandidato presidencial y atípico, porque no es militante, sino simpatizante; un perfil ciudadano que de cierto modo viene a neutralizar en algo los muchos negativos del Revolucionario Institucional, salvo que durante la campaña no lo consiga.

Sin embargo, por el momento parece prometedora su condición de simpatizante, lo cual de entrada lo hace atractivo para el voto panista identificado con Meade por los años que como funcionario público sirvió al PAN durante el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa; es el voto del panismo descontento con la actuación de Ricardo Anaya Cortés y su pretendido agandalle de la candidatura presidencial de Acción Nacional.

Gusta su perfil de simpatizante, sin tantos negativos como la mayoría de los militantes que buscaban la candidatura presidencial del PRI, y que tendrán que sumarse a José Antonio Meade, no solo por disciplina, ni solo por lealtad al presidente Enrique Peña Nieto, sino por su propia sobrevivencia política.

Si el PRI pierde las elecciones del 2018, serán por lo menos dos sexenios fuera de Los Pinos. Y los priistas ya vivieron la experiencia 12 años seguidos, en que gobernó el PAN. Evidentemente, aunque Meade no sea militante, seguramente hará el compromiso que de ganar los próximos comicios presidenciales, gobernará con priistas en su mayoría.

Las reuniones sostenidas con los ahora ex aspirantes a la precandidatura, con los cuadros de peso del partido, con los dirigentes de sectores y organizaciones priistas, con los gobernadores emanados del PRI, es muestra del ánimo de gobernar con los priistas. Claro, tendrá que reservar algunos espacios para cuadros de otros partidos políticos o sin militancia, como lo hizo, por ejemplo, el propio presidente Peña Nieto y en su momento Felipe Calderón.

Incluso, como lo han hecho gobernadores. Ahí está el caso de Alejandro Murat Hinojosa, mandatario de Oaxaca, en cuyo gabinete ocupan espacios militantes de otros partidos políticos opuestos al PRI, como es el caso de la panista Mariuma Munira Vadillo Bravo, recién designada Secretaria de la Mujer Oaxaqueña.

En estos tiempos incluir en el gabinete algunos miembros de filiación política distinta o sin ella, no es una moda, más bien es normalidad democrática. Vean el caso del presidente de Francia, Emmanuel Macron, en cuyo gabinete incluyó socialistas, centristas y conservadores; él, incluso, llegó como independiente tras haber militado en el socialismo.

Se puede hacer un gabinete plural, democrático e integrado con personas de buena, mediana o regular fama pública, sin necesidad de recurrir a la figura del gobierno de coalición, la cual genera más bien la ambición de los partidos políticos, no por co-gobernar, sino por co-repartirse el erario como si fuese un botín. Vean lo que pasó en Oaxaca, donde los integrantes del gobierno de coalición fáctica, se dieron el gran festín con los recursos del pueblo, y de nada sirvió el llamado gobierno de la “transición democrática”.

En fin, retomando el tema, el PRI ya tiene precandidato y será único. Los aspirantes se disciplinaron  --por lo menos en la forma— ante la decisión del presidente Peña Nieto sobre el abanderado a sucederlo. Ni siquiera se inscribió un precandidato “patito”, que le permita desplegar una amplia precampaña por todo el país.

Aunque la precandidatura única tampoco implica la imposibilidad de movimiento. Podrá reunirse con el priismo, pero con ciertas restricciones. Al final de cuentas, la candidatura presidencial tiene que ser aprobada por la Convención Nacional de Delegados del PRI. Y no obstante que ya todo está “planchado”, Meade debe presentarse ante la militancia.

ALGO ACARTONADO

No sé si porque vimos la transmisión del registro de José Antonio Meade Kuribreña como precandidato del PRI a la Presidencia de la República, pero percibimos un abanderado algo acartonado, como sonriendo forzaditamente cuando los militantes le pedían tomarse con ellos una selfie.

Y luego ir trajeado y de negro, como que le dio una imagen de tecnócrata. Son detalles que él y su equipo deben de corregir y buscar la mejor forma para lucir más natural y espontáneo al tomarse las selfie, y al vestir. O sea, hay que quitarla las barreras físicas en su acercamiento con la base.

VENDRÁN EN CASCADA LAS OTRAS CANDIDATURAS

Y una vez habiendo precandidato único, que implica el anuncio del candidato único, en el PRI vendrán en cascada los destapes y precandidaturas al Senado de la República y diputaciones federales. Y ya no falta mucho.

Tales posiciones que seguramente serán decididas entre el presidente Enrique Peña Nieto, el precandidato presidencial y los gobernadores de las entidades federativas donde gobierna el PRI; donde no, solo decidirán los dos primeros, tomando en cuenta la opinión de los comités estatales.

rosyrama@hotmail.com

*Nota del Editor: Foto: PRI*