Peña y Manlio, divergencia en segunda vuelta y gobierno de coalición

Hace algunos días reapareció públicamente Manlio Fabio Beltrones Rivera en un foro político organizado por una corriente perredista, donde planteó cierta necesidad de que México transite a un gobierno de coalición en el 2018 u optar por la segunda vuelta electoral, de modo tal de garantizar la gobernabilidad en el país… y suponemos, que conseguir ésta a partir de la legitimidad fincada en el acuerdo político o ganada en las urnas electorales sin que quede lugar a dudas.

No es mala idea. Porque ciertamente, como dice Manlio, el modelo de gobierno mexicano presenta síntomas de agotamiento. Sin embargo, como se hace con los enfermos, valdría la pena valorar si es necesaria una transfusión o solamente determinadas dosis de vitalidad. Sin duda, es un tema para los especialistas en Derecho Constitucional, y que no precisamente son legisladores; éstos hacen puros adefesios como la llamada Asamblea Constituyente de la Ciudad de México.

En fin, habría que preguntar: ¿Manlio hizo el planteamiento porque algo tenía qué decir precisamente en el Foro “Gobiernos de Coalición”? ¿O en serio se trata de un proyecto? ¿Un proyecto como estadista? ¿O como priista?

El jefe del priismo nacional, el presidente Enrique Peña Nieto, piensa distinto que Manlio Fabio, luego entonces el planteamiento de Manlio es solamente de éste, no del PRI, considerando que en la praxis política el jefe habla por todos los priistas y su voluntad se cumple internamente.

¿Y cómo piensa el presidente Peña Nieto? Él dijo: “Yo creo que el pretender ir a una segunda vuelta para garantizar gobernabilidad y la construcción de mayorías, me parece una afirmación que resulta en una ficción. En este Gobierno hemos logrado concretar acuerdos políticos, no teniendo mayoría absoluta, precisamente, que han permitido hacer las reformas estructurales. En consecuencia, me parece que una segunda vuelta sólo construye mayorías de forma ficticia, porque la elección presidencial no necesariamente va a acompañada de la elección de quienes son representantes en el Congreso.”

Y añadió: “Creo que no es éste el momento más oportuno para pretender hacer un ajuste a las reglas que habrán de seguirse en la elección, particularmente, presidencial y del 2018. Estamos a menos de dos años de distancia de que tenga lugar esta elección.”

O sea, Peña Nieto no está a favor de la segunda vuelta ni del gobierno de coalición, por lo menos en este momento. Lo expresó con toda claridad en la sesión de preguntas y respuestas durante el Foro “Impulsando a México”.

Peña Nieto en parte tiene razón. Verán:

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece: “Las leyes electorales federal y locales deberán promulgarse y publicarse por lo menos noventa días antes de que inicie el proceso electoral en que vayan a aplicarse, y durante el mismo no podrá haber modificaciones legales fundamentales.”

Atendiendo a la insoslayable disposición constitucional, una eventual reforma electoral deberá estar lista aproximadamente a más tardar a finales de junio del 2017 porque el proceso electoral presidencial empieza en la primera semana de octubre de ese mismo año. Los legisladores federales tendrían alrededor de 7 meses para aprobar y ordenar la promulgación y publicación de las normas electorales para cumplir con el plazo constitucional.

Siete meses  es muy poco tiempo. Claro, cuando hay voluntad política todo es posible y sin violentar el proceso legislativo. No hagan lo mismo que los diputados locales oaxaqueños que aprobaron la reforma electoral bajo un procedimiento “desaseado” y la Suprema Corte de Justicia de la Nación invalidó la reforma.

No obstante la insuficiencia de tiempo, las palabras de Peña Nieto más bien sonaron a preocupación por la suerte de su partido, el Revolucionario Institucional, en la elección presidencial del 2018. Como están las cosas, todo apunta a la dificultad del PRI para conservar la Presidencia de México.

En una segunda vuelta quien sabe si el PRI pudiera ganar las elecciones presidenciales sin que quede lugar a dudas, en una medición en las urnas electorales entre quienes quedaron en primero y segundo lugar en la primera vuelta con un margen muy cerrado de votación. Ya sin más competidores en la segunda vuelta, cabe la posibilidad de que los electores anti-priistas abonen a la derrota del Revolucionario Institucional.

Quizá ese es el temor de Peña Nieto, no tanto la construcción de mayorías, a las cuales llamó “ficticias”, para definir con toda certidumbre la Presidencia de México.

Es necesario preguntarse también si un gobierno de coalición funcionaría en México, donde la mayoría de los partidos políticos y los políticos no están pensando en gobernar para conseguir un país próspero, con paz y estabilidad social, sino solo piensan en cómo enriquecerse a costa del erario. Ahí están los casos de los ex gobernadores prófugos y otros en proceso, acusados de enriquecimiento ilícito.

Un ejemplo del riesgo de un gobierno de coalición (guardando las proporciones) sería lo ocurrido en el estado de Oaxaca, donde en el sexenio que termina gobernó una coalición fáctica encabezada por Gabino Cué Monteagudo con la participación del PRD, del PAN, del PT y de los ex convergentes.

Oaxaca ha sido un caos y queda con una deuda triplicada.

Claro, es distinto un gobierno de coalición normado, a una coalición fáctica gobernando de manera anárquica. Sin embargo, para establecer un gobierno de coalición será necesario establecer normas claras, incluidas sanciones severas y sin candados, que puedan dar viabilidad a ese modelo de gobierno sin el riesgo de parálisis debido al juego de intereses entre los partidos que participen.

El “Servicio PROFECIONAL” en el OPLE oaxaqueño

Sí que urge la profesionalización de funcionarios y consejeros en el Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana de Oaxaca (IEEPCO). Incluso, hay personal con perfil idóneo para regresar a la escuela primaria; y si no tiene tiempo, cuando menos en horario nocturno. Vean:

El citatorio para la sesión de la Comisión Permanente de Administración y Servicio Profesional Electoral, celebrada el martes pasado, tiene por lo menos una decena de faltas de ortografía, uno de ellos de plano garrafal e imperdonable; escriben “profecional”…¡con “c” de casa”!

¡Y es una citatorio de dicha Comisión, y lo firma la consejera presidenta de la misma, Nora Hilda Urdiales Sánchez, cuyo segundo apellido no está acentuado como tampoco casi una decena de palabras que en el texto aparecen en mayúsculas, pero éstas ya se acentúan.

La Real Academia Española establece lo siguiente:

Tilde en las mayúsculas

“Las letras mayúsculas deben escribirse con tilde si les corresponde llevar tilde según las reglas de acentuación gráfica del español, tanto si se trata de palabras escritas en su totalidad con mayúsculas como si se trata únicamente de la mayúscula inicial:

“Su hijo se llama Ángel.

“ATENCIÓN, POR FAVOR.

“La Real Academia Española nunca ha establecido una norma en sentido contrario. “La acentuación gráfica de las letras mayúsculas no es opcional, sino obligatoria, y afecta a cualquier tipo de texto. Las únicas mayúsculas que no se acentúan son las que forman parte de las siglas; así, CIA (sigla del inglés Central Intelligence Agency) no lleva tilde, aunque el hiato entre la vocal cerrada tónica y la vocal abierta átona exigiría, según las reglas de acentuación, tildar la i.”

La consejera electoral Nora Hilda Urdiales Sánchez no aprendió nada de la estricta observancia de las normas ortográficas que tenía su ex jefe, José Luis Echeverría Morales, a quien no se le escapaba ni un acento, ni una coma; al mínimo error regresaba los escritos, así fueran citatorios a sesiones.

Los errores son de humanos, y puede equivocarse la secretaria o el funcionario o cualquier persona al escribir; sin embargo, las faltas consecutivas de manera indiscriminada, ya no son errores.

¿Qué pasó con la consejera Hilda? ¿Le jugaron una broma? ¿O no vio los errores ortográficos cuando le pasaron la invitación a firma?

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rosyrama@hotmail.com

*Foto: Especial*