“Los cuatro rudos, ídolos de la afición”

En el Segundo Debate Presidencial los mexicanos quizá esperaban más de los candidatos, moderadores y de las personas del público con cuya participación directa formulando preguntas se innovó en este tipo de ejercicios democráticos.

Es bueno el diseño del formato, pero los protagonistas lo desperdiciaron.

LOS TEMAS:

De por sí el Segundo Debate se antojaba complejo por la aridez de los temas: Migración, comercio exterior, inversión, seguridad fronteriza y combate al crimen transnacional; temas cuyo tecnicismo y diplomacia en el tratamiento enreda hasta a los propios presidenciables.

Sin embargo, son temas apasionantes, sobre todo por la amenaza que acecha a México por parte del gobierno de Estados Unidos, donde el presidente Donald Trump impuso una política xenofóbica, racista y de excesiva dominación económica.

Era para que los candidatos a la Presidencia de la República hubieran salido en hombros, aclamados por el público y vitoreados en las redes sociales, por fijar una clara y contundente postura frente a Trump y a cualquier Estado Nacional que pretenda socavar la soberanía de nuestro país y los derechos humanos de los connacionales.

O por exponer propuestas y soluciones convincentes: Los cómos para hacer realidad los planteamientos plasmados en su respectivo plan de gobierno en torno a los temas “debatidos”.

Ninguno “agarró al toro por los cuernos”. Todos evadieron comprometerse de manera fehaciente en la defensa de México enviándole desde ya un contundente mensajito a Trump. Incluso, casi en todos los temas los presidenciables manifestaron solo buenas intenciones.

Claro, el formato en cuanto al tiempo destinado para ellos tampoco les permitió exponer propuestas y el correspondiente procedimiento para concretarlas. Sin embargo, haciendo un esfuerzo de síntesis hubieran podido por lo menos bosquejarlas de manera categórica.

DESPERDICIARON EL TIEMPO

Sí, los presidenciables desperdiciaron el tiempo divagando y golpeándose entre sí.

El candidato de la coalición “Todos por México” (PRI-PVEM-Panal), José Antonio Meade Kuribreña, malgastó un tiempo precioso con su “déjenme platicarles” una historia, esto y lo otro.

El abanderado de la alianza “Por México al Frente” (PAN-PRD-MC), Ricardo Anaya Cortés, dejó escapar la oportunidad de exponer su oferta de gobierno en torno a los temas del debate, concretándose a golpear a AMLO, puntero de las encuestadoras. El panista llevaba otro objetivo, que no era debatir propuestas.

El candidato de la coalición “Juntos Haremos Historia” (Morena-PT-PES), Andrés Manuel López Obrador, por consiguiente. Y desde su primera intervención dejó de lado respuestas y planteamientos para defenderse de “los de la mafia del poder”; por cierto, emanados de un sistema que también le dio origen a él.

Y el candidato independiente Jaime Rodríguez Calderón (“El Bronco”) se dedicó a divertirse y a mofarse de los abanderados de los partidos políticos.

Claro, los cuatro contestaron respuestas e hicieron algunos planteamientos, pero sin dejar satisfecho al público que seguía el debate por algún medio de comunicación.

Tenían que ir directamente a responder la pregunta, a plantear soluciones viables. Sin embargo, prefirieron atacarse y descalificarse entre sí.

LO QUE QUEDÓ EN LA MENTE DE LOS ELECTORES

El Instituto Nacional Electoral (INE) dejó atrás el formato acartonado, y dio paso al debate dinámico, atractivo, interactivo y hasta ciudadanizado. Sin embargo, los candidatos no se actualizaron: Se quedaron en el esquema de la lucha libre y, además, ruda.

Nada más faltó la musicalización del debate con la famosa canción interpretada por la Sonora Santanera, cuya letra dice:

“Respetable público: ¡Lucharán 2 de 3 caídas sin límite de tiempo! En esta esquina el Santo, el Cavernario, y en esta otra, Blue Demon y el Bulldog… y la gente comenzaba a gritar, se sentía enardecida sin cesar: Métele la wilson, métele la nelson, la quebradora y el tirabuzón; quítale el candado, pícale los ojos, jálale los pelos, sácalo del ring…”

Así, como los “cuatro rudos ídolos de la afición”.

Más o menos esa imagen proyectaron los presidenciables en el Segundo Debate. Claro, habrá quienes consideren estupenda su participación y definan ganador.

En fin, ¿qué habrá quedado en la mente de los mexicanos del debate? ¿Las propuestas? ¿O los ataques? Seguramente lo segundo.

Recordarán cuando López Obrador llamó “Ricky Riquín Canallín” a Ricardo Anaya, y cuando guardó su cartera ante la cercanía del panista.

De Ricardo Anaya guardarán  el momento en que dijo a AMLO: “Eres un farsante Andrés Manuel” al referirse a indicadores de la caída de las inversiones cuando fue Jefe de Gobierno del Distrito Federal, o cuando le reprochó: “Ahora resulta que estás muy orgulloso de haber vendido la banca a Estados Unidos y a España y a las pruebas me remito”.

Recordarán cuando José Antonio Meade señaló: “Quedó pendiente el lavado de dinero, que Ricardo conoce bien del otro lado de la ecuación, y Andrés Manuel que no ha transparentado como es debido (de qué vive)”.

“El Bronco” quizá dejó huella cuando ironizó con el agarrón entre los tres anteriores, y riéndose dijo que así van a estar los seis años: Peleándose. Y en otro momento advirtió: “Los tres están engañando al pueblo mexicano”.

Caray eso más que debate parecía un concurso para elegir al menos corrupto entre los corruptos, o como si se tratara de un programa titulado: “Mintiendo por un sueño”.

Así los cuatro rudos. Aunque Meade se mostró más técnico; le cuesta trabajo la rudeza del político. Él expuso más propuestas; en mi opinión, pues habrá quienes disientan.

EL PÚBLICO

Las personas del público desaprovecharon el tiempo y el debate. La mayoría de las preguntas fueron sobre asuntos relacionados con la migración y la inmigración. Y en sus respuestas los candidatos redundaron.

La innovación del Segundo Debate Presidencial deslució cuando dos personas no sabían qué pregunta hacer de todas las enlistadas en una tarjeta, y los moderadores se vieron obligados a indicarles cuál correspondía.

Ese detallito deja lugar a dudas sobre si realmente las preguntas fueron del público o fueron confeccionadas por funcionarios del INE y se las dieron a leer a personas asistentes al encuentro entre los abanderados presidenciales.

LOS MODERADORES

Buenos periodistas. Pero malitos como moderadores.

Significado del vocablo moderar: “Dirigir una reunión en la que varias personas discuten sobre un tema, dando la palabra a los que quieren intervenir.”

¿La idea era que los moderadores del segundo debate (y del primero) también salieran del rol acartonado?

Perfecto. Pero bastaba con que los moderadores formularan la pregunta y repreguntaran en caso necesario y en tono precisamente moderado y sin protagonismos.

Fue al revés, León Krauze y Yuriria Sierra proyectaron exceso de protagonismo; algunas de sus preguntas fueron largas y formuladas con demasiadas vueltas. Hasta parecían que eran candidatos cuestionando a los otros candidatos.

Yuriria, incluso, cuestionó: “¿Sí o no? ¿Sí o no?” Ni en la Santa Inquisición.

Los moderadores no deben expresar sus filias y sus fobias, porque entonces ya no están cumpliendo su función.

rosyrama@hotmail.com

*Nota del Editor: Foto: INE*