Legisladores, ¿súbditos del Ejecutivo?

Hace algunos días trascendió que la Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, “regañó” a los diputados federales del grupo parlamentario de Morena porque no han avanzado en la agenda legislativa prioritaria para el proyecto presidencial.

El proyecto del presidente Andrés Manuel López Obrador “no puede quedar frenado por nuestras diferencias o por nuestras discrepancias internas”, dijo a los legisladores.

Y les exigió “más eficiencia y eficacia en el uso de su mayoría, una mejor coordinación, dejar atrás sus diferencias y discrepancias, y apoyar al presidente”, así como él “los apoyó en su campaña”.

Mmm… se entiende la preocupación de Sánchez Cordero porque tal y como dijo a los diputados, el mandatario federal necesita cumplir sus compromisos de campaña. Igual que los representantes populares emanados de la coalición “Juntos Haremos Historia” (Morena-PT-PES).

Lo que no es entendible es la postura de reprender o de exigir a los diputados como si se trataran de empleados del Poder Ejecutivo. Casi a la usanza del otrora hegemónico PRI en cuyos sexenios los legisladores bailaban al son que tocaba el Presidente de México.

En la buena época priista, las cámaras del Congreso de la Unión eran dos dependencias más de la administración pública federal, donde los legisladores se concretaban a aprobar las iniciativas enviadas por mandatario y sin permiso siquiera de cambiarles una coma.

¿Igual lo pretende Olga Sánchez Cordero?

Porque una cosa es dialogar y pedir por favor la colaboración de los diputados (y senadores cuando sea el caso) para aprobar las iniciativas presidenciales, y otra cosa muy distinta es regañarlos y tratarlos como lacayos.

¿O no quiso hablarles en ese tono? ¿O los medios entendieron mal?

Hablarles como también lo hizo en el reciente encuentro con los diputados cuando con acento suave les dijo: “Podemos tener mejor coordinación, podemos sumar a la enorme capacidad y emoción más eficiencia y eficacia, colaboración y diálogo para concluir con el ajuste al marco jurídico constitucional y legal que el Gobierno de México requiere para atender los grandes retos de este país”.

¡Qué diferencia!

Como dice la sabia filosofía popular “hablando se entiende la gente”. Y también respetando derechos. Francamente no podemos creer que Olguita, habiendo sido ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, ignore la división de poderes constitucional.

Claro, la Carta Magna se refiere más bien a la colaboración entre poderes respetando competencias y guardando equilibrios precisamente para evitar la subordinación de un Poder a otro. Sin embargo, siempre se desatienden tales mandatos.

Y extraña de una persona tan letrada y avezada en Derecho como Sánchez Cordero, quien, incluso, es doctora Honoris Causa. Y fue nombrada ministra en el sexenio del presidente Ernesto Zedillo Ponce de León, del PRI.

Según se dice fue considerada de las ministras más liberales de su época, en aquellos tiempos del priismo todo poderoso, cuyo Presidente de México ponía y quitaba hasta a los ministros de la Corte. Entonces ella, si era liberal, debió comportarse como integrante de un Poder, no de una dependencia del Ejecutivo.

Por tanto, resulta inentendible cualquier postura actual de exigir obediencia a los miembros de otro Poder como lo es el Legislativo.

Incluso, no le queda, cuando menos públicamente, llamarlos a apoyar al Presidente así como él “los apoyó en campaña”, ni a coordinar la agenda legislativa con los compromisos hechos en la época proselitista, porque entonces asume una postura partidista.

Y ella es gobierno.

¿O si le queda? Bueno, el gobierno debe preocuparse por dar cabal cumplimiento a todas sus ofertas de campaña, pues el incumplimiento acarrea desánimo en el electorado, y en 2019 habrá elecciones en 6 entidades federativas donde AMLO ya no aparecerá en la boleta electoral.

Luego vienen los comicios concurrentes intermedios, en los cuales el presidente López Obrador pretende someterse a la revocación del mandato, y si para entonces no ha cumplido, corre el riesgo de que la ciudadanía se la haga efectiva.

Así que corre prisa. En ese tenor tiene razón Olguita, aunque más bien el llamamiento a los legisladores con tinte electoral-partidista corresponde a la presidenta nacional de Morena, Yeidckol Polevnsky, en términos de miembros del partido.

Claro, Sánchez Cordero pudo haber hablado subidito de tono a los representantes populares pero sin la intención de tratarlos como súbditos.  

REZAGO

En fin, lo que sí los diputados federales traen gran rezago en la aprobación de todas las iniciativas acumuladas en el primer periodo ordinario de sesiones: Las prioritarias para el proyecto de AMLO y las importantes para ellos mismos.

Creen que productividad legislativas es presentar iniciativas y puntos de acuerdo sin ton ni son; eso sí solo para efectos estadísticos, pero sin resultados.

rosyrama@hotmail.com

*Nota del Editor: Foto: lopezobrador.org.mx*