La obligación de votar, en vez de segunda vuelta… vean el fracaso de Cué

En algunos partidos y algunos políticos han empezado a manejar la necesidad de establecer la segunda vuelta electoral y el gobierno de coalición en México; es decir, un cambio en el modelo de gobierno mediante mecanismos que den legitimidad a la autoridad electa y, en consecuencia, gobernabilidad a nuestro país.

La legitimidad que en los últimos tiempos ningún partido político ha podido conseguir en las urnas electorales porque apenas vota entre el 50 y 60 por ciento de los electores en elecciones presidenciales y de gobernador, y mucho menos en comicios intermedios, sobre todo cuando se trata de elegir diputados.

Sin embargo, en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos ya existe una solución, concretamente en la fracción III del Artículo 36, donde se establece que es obligación del ciudadano de la República “Votar en las elecciones y en las consultas populares, en los términos que señale la ley…”

¡Votar es una obligación! Y, por supuesto, también un derecho, que puede ser suspendido por mandato del Artículo 38, fracción I, de nuestra Carta Magna, que precisa “Los derechos o prerrogativas de los ciudadanos se suspenden”:

“Por falta de cumplimiento, sin causa justificada, de cualquiera de las obligaciones que impone el artículo 36. Esta suspensión durará un año y se impondrá además de las otras penas que por el mismo hecho señalare la ley.”

¡Cualquiera de las obligaciones establecidas en el Artículo 36, y una de ellas es la obligación de votar!

Sin embargo, ¿qué pasa? ¡Nada! El día de la jornada electoral los ciudadanos se quedan en casa viendo futbol o películas, o haciendo quehaceres desde muy temprano, o aprovecha el domingo para ir de compras a tiendas departamentales o se va desayunar y a comer a alguna población cercana, etc.

Así, los ciudadanos hacen cualquier cosa menos ejercer su derecho de votar, incumpliendo a la vez con su obligación. No obstante, hasta el momento no se ha sabido de caso alguno de ciudadano suspendido en sus derechos.

Y ante disposiciones constitucionales que son letra muerta, los índices de abstencionismo minan la legitimidad del Presidente de México, senadores, diputados federales, gobernadores, diputados locales y concejales a los ayuntamientos. Aunque las elecciones municipales son más concurridas.

En la elección del 2012, la participación ciudadana alcanzó el 63.34%, que no obstante de ser considerada alta, representa en contra parte un abstencionismo del 36.66% de electores que simple y sencillamente decidieron incumplir con su obligación de votar, dejando así de ejercer su derecho.

Del total de la votación (participación ciudadana), aproximadamente el 38.15% correspondió al candidato de la coalición PRI-PVEM, Enrique Peña Nieto; el 31.54% al abanderado de la coalición PRD-PT, Andrés Manuel López Obrador; el 25.40% a la candidata del PAN, Josefina Vázquez Mota, y el 2.30% al abanderado del Panal, Gabriel Ricardo Quadri de la Torre.

Y en las elecciones de diputados federales del 2015, la votación nacional fue apenas del 48%, traduciéndose en un abstencionismo del 52%. Ups.

No se diga en las elecciones locales, donde la participación ciudadana alcanza altos índices de abstencionismo, y cuando la participación es alta, tampoco ninguno de los contendientes obtiene por lo menos un 50% de la votación total, con sus excepciones.

Por ejemplo, la elección de Gobernador de Oaxaca del 2010 arrojó una alta participación ciudadana del 55.9%, que representó el 44.2% de abstencionismo. Y de esa participación, el 50.11% correspondió a Gabino Cué Monteagudo, de la coalición PRD-PAN-PT-Convergencia; el 41.90% tocó a Eviel Pérez Magaña de la alianza PRI-PVEM y el resto a los demás contendientes.

En la reciente elección del cinco de junio, la participación ciudadana en Oaxaca fue alrededor del 59.63%, con su correspondiente 40.37% de abstención. Del total de votantes (participación), aproximadamente el 32% fue para el candidato de la coalición PRI-PVEM-Panal, Alejandro Ismael Murat Hinojosa; el 24% para José Antonio Estefan Garfias de la alianza PRD-PAN; y Salomón Jara Cruz, abanderado de Morena que per se llegó al 22.81%; el resto quedó repartido entre los demás competidores.

Nunca vota el 100% y eso que muchos votantes van a fuerza de despensas y cuanta promesa de recompensa.

Entonces, ¿cómo dar legitimidad a un gobernante cuando gana en una elección donde no participa el 100% de los electores, y de los que participan votan por él menos o alrededor del 50%? ¿Con una segunda vuelta entre el primero y segundo lugar para luego instaurar un gobierno de coalición como lo plantea el priista Manlio Fabio Beltrones Rivera (aspirante a la candidatura del PRI a la Presidencia de México)?

Mmm… creo más bien que antes de explorar la segunda vuelta, es necesario darle observancia a la norma constitucional y hacer efectiva la obligatoriedad del voto para que todos los electores voten y, en consecuencia, no quede lugar a dudas sobre el resultado de la elección, salvo que sea por fraudes, pero no en base a una escasa participación ciudadana.

Incluso, en septiembre pasado la senadora panista Sandra Luz García Guajardo propuso hacer obligatorio el ejercicio del voto para los ciudadanos mexicanos, con el fin de que las autoridades electas obtengan la legitimidad necesaria para ocupar los cargos de dirección política en el país.

En concreto propuso sancionar a los abstencionistas “con la suspensión de la credencial para votar como documento de identificación oficial por un periodo de un año y en caso de reincidencia en el incumplimiento de esta obligación la suspensión sería por el doble del tiempo”.

¡Claro, hacen falta mecanismos en la norma secundaria que hagan efectivas las disposiciones constitucionales! Y bien puede ser el planteamiento de la senadora, u otros. Por ejemplo, multas altas a quienes incumplan con su obligación de votar como ocurre en otros países como Argentina, por ejemplo; o multa alta y suspensión de credencial para votar por un año; o multa alta y la suspensión del estatus de ciudadano, etc. Claro, en la medida debe cuidarse no contravenir otras disposiciones relacionadas con derechos.

Pero miren, mientras no exista una cultura de cumplir con la obligación de votar y con el ejercicio del derecho, ni en segunda ni en tercera vuelta se alcanzará la legitimidad efectiva requerida por la autoridad electa, pues seguirá existiendo abstencionismo.

Ahora bien, instaurar un gobierno de coalición emanado de una segunda vuelta ¿sería la solución a la gobernabilidad en el país? Mmm… ¿imagínense que ganara el PRI y el segundo lugar fuese Morena o viceversa? Ja, ya parece que Andrés Manuel López Obrador iba a compartir el poder. En el caso del PRD, ¿qué expresiones tendrían derecho a participar en el gobierno? Y si el PAN fuera el segundo lugar, ¿qué grupo se sumaría?

Vean el ejemplo de Oaxaca, donde Gabino Cué ganó con el 50% de los votos emitidos en el 2010%, pero su gobierno de coalición fáctica resultó disfuncional, un fracaso que ha dejado a Oaxaca con una deuda triplicada y sin paz ni progreso.

CUÉ, NADA LE QUITARÁ LA PÉSIMA IMAGEN

Gabino Cué Monteagudo se prepara para su rendir su último informe de actividades como Gobernador Constitucional del Estado de Oaxaca, el próximo 15 de noviembre. Y en los últimos días ha difundido los logros alcanzados en los seis años de su administración. Sin embargo, ni sumando todos conseguirá que la mayoría de los oaxaqueños borren la imagen que de él tienen al cabo del sexenio.

Una imagen de pésimo gobernador y muy mal administrador. No supo ejercer el poder y menos cumplió con las expectativas como el primer mandatario de la “transición democrática”. Vamos, ni siquiera administró las ambiciones de sus principales colaboradores.

rosyrama@hotmail.com