La crisis en el TEPJF, ¿se resuelve con la renuncia de Otálora?

Desde aquellos días aciagos de México en que la oposición exigía al entonces omnipotente PRI, democracia y la ciudadanización de los órganos electorales, así como la autonomía e independencia de los mismos, no se habían registrado crisis evidentes y preocupantes en las autoridades electorales como ahora han quedo expuestas a la luz pública.

Crisis como la vista en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, concretamente en la Sala Superior, a cuya presidencia renunció la magistrada Janine Otálora Malassis, de una manera sorpresiva y con argumentos que dejan lugar a dudas sobre tratarse de una decisión voluntaria.

Sería muy grave que su renuncia obedezca a presiones políticas por parte del partido gobernante: Morena. Porque entonces estaríamos retrocediendo a los tiempos del partido hegemónico, cuyas decisiones eran ley gustaran o no, beneficiaran o no.

También cabe la otra posibilidad: Que la magistrada Otálora Malassis haya incurrido en alguna falta en su quehacer jurisdiccional sin más remedio que dimitir a la presidencia del máximo órgano en materia electoral. Aunque una persona de su talla, con una trayectoria incuestionable hasta el momento, difícilmente se arriesga a manchar su imagen.

En fin, hay en el mensaje de la magistrada Janine situaciones a leerse entre líneas cuando en su comunicado de renuncia ha dicho:

“La reciente crisis en la que se ha visto inmersa la Sala Superior del Tribunal se inscribe en la tensión a la que este órgano se ve sometido al resolver conflictos políticos entre los diversos actores. Esta crisis fue resuelta en su momento por el propio Pleno.”

¿Qué quiso decir la magistrada en tal párrafo? ¿Qué existen presiones al resolver conflictos políticos? Ello es hasta cierto punto natural porque los actores pretenden resoluciones a su favor. Y precisamente por lo mismo presionan a la autoridad.

Lo importante es que las y los magistrados electorales resistan las presiones amparados en su autonomía e independencia constitucional, pero sobre todo en su inquebrantable voluntad y honestidad. Y ahí está el problema porque es probable tengan afinidad política.

Claro, le deben el favor a los partidos políticos que los impulsan a través de la Cámara de Senadores, la cual tiene la encomienda de elegir a los magistrados del TEPJF, aun cuando sean a propuesta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Es el mismo problema de todo órgano “autónomo” e “independiente” en términos constitucionales: Los besa el diablo al pasar por el visto bueno de los legisladores.

Retomando el tema: Lo preocupante es cuando la natural presión se convierte en amenaza para la seguridad personal de las y los magistrados, o para el funcionamiento de las instituciones.

Hay otro párrafo muy sintomático en el comunicado de la dimisión de Otálora Malassis, y es el siguiente:

“Sabemos que hoy, la vida institucional de México vive una nueva época y el Tribunal Electoral como órgano del Poder Judicial de la Federación debe saber adaptarse a los cambios. Por ello, asumiendo mi responsabilidad de juez constitucional, en aras de facilitar la transición del Tribunal, he tomado la decisión personal, ética y política de presentar mi renuncia al cargo de Presidenta del Tribunal Electoral.”

Ciertamente, México vive una nueva época marcada por el triunfo inobjetable de la izquierda en las elecciones federales del 2018, y en la mayoría de los comicios locales en el mismo año. Pero ¿por qué y cómo debe adaptarse el TEPJF a ese cambio?

¿Y por qué la renuncia de la magistrada presidenta en aras de facilitar una transición del máximo órgano jurisdiccional? ¿Acaso la conducción del Tribunal Electoral debe estar acorde con el partido en el poder? ¿O qué cosa quiso decir Otálora?

La dimisión de Janine estaría exenta de suspicacias si se hubiese dado en otro momento. Porque ahora es muy reciente el escándalo en torno a la Sala Superior del TEPJ por la validación de la elección de la gubernatura del estado de Puebla; apenas hace casi dos meses.

Entonces el magistrado José Luis Vargas Valdez proponía anular los comicios, impugnados por el candidato de Morena, Miguel Barbosa Huerta. Pero por mayoría la Sala Superior rechazó el proyecto con el voto decisivo de Otálora, y resolvió la elección a favor de la candidata panista Martha Erika Alonso (hoy finada).

Vargas Valdez denunció que tanto él como otros magistrados del TEPJF sufrieron presiones políticas para resolver a favor de la esposa del ex gobernador y entonces senador Rafael Moreno Valle (también hoy finado).

El fallo final sobre la elección de la gubernatura de Puebla metió en una severa crisis a la Sala Superior. Pero luego este órgano emitió un comunicado informando que la crisis había sido resuelta por los propios magistrados y magistradas.

¿Se pactó la posterior salida de Otálora una vez pasada el escándalo en torno al TEPJF? ¿Tenía razón Vargas Valdez? ¿O siempre tuvo razón la magistrada Janine?

Haría falta ver el expediente, pero una elección recontada en dos ocasiones (incluso más allá de las hipótesis legales), y con una diferencia de alrededor de cien mil votos, difícilmente se revierte argumentado irregularidades en las casillas electorales o en los cómputos distritales.

En fin, una vez consumada la renuncia de Otálora, en sesión privada, las y los magistrados que integran la Sala Superior del Tribunal Electoral TEPJF eligieron por unanimidad de votos, al magistrado Felipe Alfredo Fuentes Barrera como presidente de este órgano jurisdiccional federal.

En el comunicado se subraya que eligieron “con unidad”. ¿Será? En ocasiones una renuncia y la sustitución consecuente no remedian la crisis ni son sinónimos de unidad.

rosyrama@hotmail.com

*Nota del Editor: Foto: TEPJF*