¿Ganó AMLO o perdió el pueblo de México?

Era totalmente de esperarse el resultado de la llamada “consulta” a favor de Santa Lucía como lugar para la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM).

No podía ser de otra manera porque se trata de una opción palomeada por la cúpula política que gobernará formalmente a partir del primero de diciembre próximo, aunque lo haga de facto desde el día siguiente de las elecciones presidenciales del uno de julio pasado.

Así que la “consulta”, que ni es popular ni ciudadana, revela preocupantes situaciones como las siguientes y que pueden ser los rasgos distintivos del gobierno “del cambio verdadero” prometido por Andrés Manuel López Obrador, por Morena y por sus aliados.

Entendiendo por “aliados” a petistas y pesistas, pero además aquellos hombres de poder que no figuran políticamente pero aportaron a la campaña a la Presidencia de la República de la coalición “Juntos Haremos Historia”. ¿O no? Sería extraño porque nada se mueve sin dinero, y la de AMLO no fue una campaña austera.

En fin, la llamada “consulta” revela, por ejemplo:

Que en México lo que está podrido es el sistema de partidos políticos y el sistema de gobierno. Porque gane la derecha o la izquierda, o el centro izquierda (el PRI), las cosas no cambian positivamente a favor de una auténtica democracia, transparencia y, sobre todo, respeto al Estado de Derecho.

Que más allá de legitimar la construcción del NAIM, la “consulta” fue aplicada también con el ánimo de legitimar un mecanismo fuera de todo orden constitucional y legal.

Que la democracia en nuestro país transita de incipiente a la demagogia.

Y que no habrá más voluntad en el país que la del Presidente de la República y punto, como en los mejores tiempos del longevo Partido Revolucionario Institucional (PRI), donde todavía  --a pesar de su espantosa debacle— la militancia agacha la cabeza ante la mirada de su jefe político.

Pensamos que con Andrés Manuel López Obrador sería distinto, pero no; cuando menos por el momento. No hay morenista (ni petista, ni pesista) que se atreva a contradecirlo y hasta salen públicamente a defender situaciones que como oposición jamás hubieran avalado.

Por ejemplo, si fuese a la inversa, que el gobierno del priista Enrique Peña Nieto hubiera sometido a una consulta “patito” la construcción del NAIM, los morenistas y aliados no hubieran dejado “títere sin cabeza”. Vaya, la consulta habría sido ilegal, ilegítima, amañada, inducida, fraudulenta, pagada con dinero del pueblo, etc., etc., etc.

Ah, pero como la “consulta” la realizó el equipo del Presidente Electo (o sea, el cuasi Gobierno Federal) pues es un “histórico ejercicio ciudadano”, legal, legítimo, real, sin trampas, de votación sin igual, financiado con dinero de morenistas, y más.

Y que conste, aquí no ponemos en entredicho si es mejor Santa Lucía o Texcocoeso es algo que deben decir los técnicos y peritos en la materia.

Aquí solo nos referimos a la llamada “consulta”, la cual, efectivamente, es un ejercicio democrático, pero nada más.

¿Será que, incluso, a partir del uno de diciembre próximo todas las decisiones se sometan a “consultas” de este tipo? Organizadas por el propio equipo de gobierno, operadas por organizaciones “sociales”, sin metodología científica y financiada por fuentes inciertas.

¿Ese fue el real objetivo de la “consulta”? ¿Legitimar el ejercicio para practicarlo durante todo el sexenio por encima de las figuras constitucionales y legales, y haciendo a un lado a los órganos profesionales en materia electoral y de participación ciudadana? Ups.

Tómenlo en serio. Pues, ¿cómo puede decidirse sobre la opinión de un millón 69 mil 870 mexicanos que participaron cuando la Lista Nominal de Electores asciende a alrededor de 89 millones de electores (que son los ciudadanos inscritos en el padrón y que cuentan con credencial para votar con fotografía).

Ni siquiera se tiene la certeza de los votantes en la “consulta” sean realmente electores; amén de los presuntas irregularidades exhibidas en redes sociales, que tampoco deben tomarse como ciertas porque no faltó quien quisiera desprestigiar el ejercicio, pero es el riesgo al hacerlo sin metodología científica y sin profesionales como el Instituto Nacional Electoral (INE).

En fin, ¿cómo entonces puede ser vinculante una opinión de tan poquitos en comparación con el total de ciudadanos inscritos en la Lista Nominal?

¿Eso es democracia?

Una participación democrática es la obtenida en las elecciones federales de julio del 2018, donde 89.1 millones de mexicanos fueron convocados a las urnas, y participó alrededor del 62%; o sea, aproximadamente 55 millones de electores y sin machas de fraude electoral.

Y ante tan contundente elección, en la cual AMLO resultó el ganador, nadie, pero nadie, objetó; no había cómo.

En cambio la llamada “consulta” deja un mal sabor de boca, no precisamente por el lugar donde van a construir el NAIM, pues el tiempo dará la razón sobre la conveniencia o no de un sitio o en otro, amén de la multiplicidad de intereses.

Más bien el amargo sabor de boca es la forma de legitimación fuera de todo orden legal y el bosquejo de lo que puede ser el próximo Gobierno Federal. Porque entonces no gana México, sino se pierde lo ganado en democracia.  Ojalá que estemos equivocados.

rosyrama@hotmail.com

*Foto: lopezobrador.org.mx*