El fracaso de la Sección 22… y las filias de Peimbert

Fracasó rotundamente la intención de la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) de ver un Auditorio Guelaguetza vacío y sin la presentación de la octava de la máxima festividad de los oaxaqueños. Por el contrario, hubo lleno total, y las delegaciones regionales étnicas presentaron sus bailes, sones y jarabes, llevando su ofrenda al público asistente: pan, tortillas, chocolate, jamoncillo, piñas, cocos, café, rebozos, sombreros y diversos productos de sus regiones.

Los maestros de la Sección 22, adherida a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), bloquearon los accesos al Cerro del Fortín, donde se ubica el auditorio; atravesaron todo tipo de camiones previamente secuestrados y formaron vallas humanas. Pero la gente se apeó por las calles, escalinatas y hasta veredas, para llegar al auditorio.

Los maestros vieron a oaxaqueños y visitantes tan decididos, que no movieron un dedo para detenerlos cara a cara. Bueno sí, en algunos accesos hubo intentos de maestros que formaron una valla humana para impedir el paso a los peatones que intentaban subir las empinadas escalinatas que conducen de la calle de Crespo al Auditorio Guelaguetza. Pero, sin confrontarse, la gente los ignoró y tomó atajos burlando los cercos magisteriales.

Claro, hubo personas que no aguantaron más y descargaron todo su enojo reprochando a gritos a los maestros: “¡Estamos hartos de que pisoteen nuestros derechos! ¡Ya basta!” “¡Maestros hue… pónganse a trabajar!” En otros accesos, por la carretera, patrullas de las Policía Vial y Estatal subían y trasladaban a turistas, que venían caminando, hasta el Auditorio Guelaguetza.

Un día antes, los maestros acordaron boicotear la celebración de la Octava de la Guelaguetza para presionar al Gobierno Federal a dar respuesta a su principal demanda: La derogación de la Reforma Educativa, una de las más importantes del paquete de reformas estructurales del Presidente de México, Enrique Peña Nieto; reformas, por cierto, sin consenso social y que en los hechos están mostrado su fracaso, salvo que demuestre lo contrario en los dos años que le restan de su mandato.

Tampoco se trata de abandonar a las entidades federativas donde la CNTE hace presión: Verlas como son usadas como rehén sin hacer nada; rehenes de los maestros, de la indolencia oficial y de las sucesión presidencial.

En fin, retomando el tema: Los maestros de la Sección 22 demandan también la libertad de sus líderes. Precisamente por la mañana del lunes, conseguían la liberación del líder magisterial del Istmo de Tehuantepec, Juan Carlos Orozco Matus. Y al medio día salía uno más.

Sin embargo, no les fue suficiente para desistir de su boicot a la Octava de la Guelaguetza. Y desde muy temprano iniciaron sus acciones violentas: Quemaron llantas y secuestraron autobuses de transporte urbano y hasta una pipa de gas LP para bloquear los accesos al Cerro del Fortín, con el propósito de generar miedo y evitar así que oaxaqueños y visitantes subieran para presenciar la celebración de la Octava de la Guelaguetza.

Pero la gente subió y el auditorio se llenó en las dos ediciones de la octava de la máxima festividad de los oaxaqueños. Y sin proponérselo, gracias a los maestros este lunes se vivió un pasaje como en antaño: La gente subía caminando varios kilómetros, con sombreros puestos para cubrirse de los inclementes rayos del sol, riendo, jugando; solo faltó cortar azucenas, pero ya no hay, por tanto asfalto.

Los maestros se quedaron ahí, en sus bloqueos, mientras el Auditorio Guelaguetza se cimbraba con los bailes, los sones y los jarabes de delegaciones regionales étnicas como las Chinas Oaxaqueñas de Valles Centrales, Tlaxiaco, Ejutla, Betaza, la Cuenca del Papaloapan con su Flor de Piña, Pochutla, etc.

Por un momento, cuando daban las 09:00 horas, parecía que los maestros habían logrado su propósito, pues el Auditorio Guelaguetza lucía muy vacío. Pero la gente empezó a llegar poco a poco, de modo que cuando el programa inició, a las 10:00 horas, ya lucía prácticamente lleno.

Y la edición vespertina, ni se diga. Ni bien terminaba la matutina, y ya había largas filas hacia el Cerro del Fortín, y en las narices de los maestros de la Sección 22, cuyo intento de hacer abortar la Guelaguetza fracasó.

Peimbert, ¿qué hacía en la Guelaguetza magisterial?

Sí, es la pregunta: ¿Qué hacía el titular de la Defensoría de los Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca, Arturo Peimbert Calvo, en primera fila presenciado la llamada Guelaguetza Magisterial Popular presentada en el municipio de Asunción Nochixtlán?

Por supuesto, pudo haber acudido como simple espectador por encontrarse de mera casualidad este lunes en ese municipio mixteco. Sin embargo, a Peimbert Calvo le viene muy bien ese refrán popular que dice: “Dime con quién andas, y te diré quién eres”.

Es sabido que Peimbert jugó un papel de enlace con organizaciones sociales cuando el conflicto magisterial del 2006 en el estado de Oaxaca, y luego apareció en la administración del gobernador Gabino Cué como titular de una coordinación de solución de conflictos. Y meses después, sin cumplir los requisitos legales, la Legislatura de la “transición democrática” lo eligió como Defensor de los Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca.

Una Defensoría hecha a modo de “organizaciones sociales”. El nombre de este organismo autónomo hasta se parece eco de la llamada Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), actuante en el 2016.

Peimbert siempre ha caminado de lado de las llamadas “organizaciones sociales”, que más bien son cuevas de personas que lucran con el dolor, la pobreza de la gente y los derechos humanos. Claro, con sus honrosas excepciones. Pero el caso del Peimbert es como si su nombramiento fue expresamente para proteger a las organizaciones, incluida la Sección 22, porque nunca se le ha visto tan activo como cuando de defenderlas se trata.

Vamos, Peimbert simplemente hace mutis cuando se trata de salir en defensa del derecho humano a la educación de la niñez oaxaqueña que pasa meses y meses sin clases, o del derecho al libe tránsito de la población en general; nada más cuántos meses van ya de bloqueos totales e intermitentes, y Peimbert como si nada… más bien, tan a gusto.

Como nadie y más que nadie, un ombudsman debe ser neutral. Y su presencia en la Guelaguetza Magisterial-Popular, confirma sus filias y fobias.

rosyrama@hotmail.com