Desarrollo económico, la mejor arma contra la pobreza y el huachicol

Decíamos en la columna anterior que los programas sociales Bienestar ayudan a disminuir el huachicol o por lo menos a contener el aumento de esta actividad ilícita. Y ayudan también a paliar la pobreza.

Nos referimos al robo de hidrocarburos en “pequeña escala”, por decirlo de algún modo; o sea, el hurto en recipientes vía ordeña de ductos. Porque los grandes negociantes, como bien lo dijo el presidente Andrés Manuel López Obrador, roban pipas del oro negro.

Pero los programas sociales no son la solución, ni la mejor arma para combatir la pobreza y el robo de combustible; son paliativos solamente a riesgo de incrementar los cinturones de miseria al acostumbrar a la gente nada más a recibir sin trabajar ni producir.

Con excepciones, suele ocurrir que la gente se gasta el recurso obtenido mediante los programas sociales en cualquier otra cosa, menos para el fin destinado. Incluso, hay casos donde la pareja usa el dinero en la cantina, o hijos ingratos que despojan a los adultos mayores de su pensión.

Es necesario el acompañamiento puntual y estricto, del Gobierno Federal para evitar el beneficio de fines distintos; incluidos los electorales. Pero en esto último qué esperanzas, si también por eso es la guerra huachicolera… ¿o no?

En fin, amén de los programas sociales, hay alternativas más eficaces para disminuir la pobreza y la incidencia de actividades ilícitas; alternativas como las siguientes:

El desarrollo económico en primerísimo lugar. Pero de abajo hacia arriba: Comunidades, municipios, regiones, estados y país; en ese orden, como cuando el agua va subiendo hasta llenar el recipiente. Ello independientemente del desarrollo macro-económico.

Y para generar ese desarrollo de abajo hacia arriba se requiere:

Fuentes de empleo de manera urgente: Hasta ahora el mayor empleador es el gobierno en sus distintos niveles, ante la inexistencia de fuentes laborales de la iniciativa privada. De ahí las burocracias obesas, donde se esfuma el gasto público.  

Incluso, el programa de Jóvenes Construyendo el Futuro los capacitará en talleres pero luego ¿dónde van a trabajar? Sí, el Gobierno Federal encabezado por el presidente López Andrés Manuel Obrador hizo acuerdos con empresas para emplearlos al término del adiestramiento.

Pero ¿son suficientes las empresas para tanto joven desempleado? Vamos, hay profesionistas que andan de choferes o de cualquier cosa ante la ausencia de fuentes de empleo, y cuando encuentran ganan poquísimo, incluso en el gobierno.

Enseñar a la gente a trabajar: Esto no significa precisamente otorgarle becas o créditos a fondo perdido y abandonarlos a su suerte con la única condición de devolver el favor en las urnas electorales. Más bien se trata de alternar el asistencialismo con capacitación y seguimiento a los beneficios sociales.

Incentivos fiscales a las pequeñas y medianas empresas: La gente trabajadora es la que sostiene a la Nación entera. Sin embargo, en vez de apoyarla se le ahorca con infinidad de impuestos: Municipales, estatales y federales. No hay incentivos, solo amenazas, multas, créditos fiscales.

Es más, cuando alguien crea una pequeña o mediana empresa, ni siquiera le otorgan un año de gracia para empezar a pagar impuestos, sino éstos los debe cubrir desde el momento mismo de darse de alta en el SAT.

A la carga tributaria se suma el pago del personal, los pagos al IMSS y al Infonavit, los gastos por la compra de materiales, etc. Por eso muchas veces las pequeñas y medianas empresas pronto van a la quiebra.

Si de los contribuyentes se sostiene el gasto público, el gobierno municipal, estatal y federal debería cuidar la salud financiera de quienes tributan.

Oportunidades productivas y comerciales: El mismo gobierno en todos sus niveles debería poner a la vista del público en general todas las oportunidades productivas y de comercio en las cuales pudieran invertir las y los mexicanos; incluso, con créditos flexibles.

La experiencia arroja que sexenio tras sexenio las oportunidades quedan en las personas allegadas a los círculos de poder, y en los líderes de supuestas “organizaciones sociales”.

Menos gasto por parte de los Poderes y entes públicos: Si bien la Constitución General obliga a los ciudadanos a contribuir al gasto público, también los servidores públicos, legisladores, presidentes municipales, magistrados, ministros y demás, deben gastar lo indispensable.

Pero se dan vida de reyes, empezando por contar con oficinas lujosas y costosas. Ahí están, por ejemplo, los llamados edificios “inteligentes”.

Menos órganos autónomos inútiles: Los legisladores deben medirse en la proliferación de iniciativas para crear más órganos, que al final terminan en elefantes blancos y onerosos.

Menos partidos políticos: Reducirlos mediante una reforma para aumentar el porcentaje de la votación exigida para conservar el registro y eliminar la posibilidad de convertirse en partidos locales cuando pierdan en registro nacional.

Ahí habría un gran ahorro, además de impulsar partidos reales, fuertes y competitivos. Tanto apapacho solo ha servido para crear partidos satélite de los poderosos. Y eso sale de los márgenes democráticos.

Menos financiamiento a los partidos: Le ley privilegia el financiamiento público sobre el privado. La justificación política ha sido evitar que los partidos sean infiltrados por el crimen organizado mediante dinero. ¿Y se ha evitado?

Cada vez hay más casos de lo contrario. Y quizá por eso vemos campañas electorales donde los recursos fluyen a cántaros.

Menos corrupción: Es como pretender arrancarle un suspiro al viento. Pero en ocasiones lo imposible se vuelve posible. Si el presidente López Obrador tiene la voluntad, puede por lo menos castigar a los corruptos de sexenios anteriores y ponerle freno a los actuales.

Claro, en Morena también pululan los políticos con gusto por el erario.

Menos impunidad: Mismo caso. Y aquí es necesario el resultado de las instancias de procuración e impartición de justicia.

Y bajar el precio de las gasolinas y el diesel: Cuando los costos bajen, quizá impacte en el robo de combustibles en pequeña y gran escala, desalentando esta práctica al dejar de ser altamente redituable.

Mientas, los mexicanos siguen pagando todo tipo de impuestos (incluidos los de combustibles). Y por si fuera poco todavía el Gobierno Federal ofrece empleo a los migrantes centro y sudamericanos, como si en México no existieran personas sin trabajo.

rosyrama@hotmail.com

*Nota del Editor: Foto: BTU*