Cué llegó como el mejor, y se va como el peor... ¿seguirá la suerte de Duarte?

Gabino Cué Monteagudo llegó al Gobierno de Oaxaca con el voto de 733 mil 783 electores; la más alta votación obtenida por un gobernador en esta entidad, y que le dio una indiscutible legitimidad y el más amplio bono democrático.

Postulado por la coalición “Unidos por la Paz y el Progreso”, integrada por el PRD, el PAN, el PT y Convergencia, Cué Monteagudo derrotó al PRI en las elecciones del 2010. El Revolucionario Institucional perdía por primera vez la gubernatura, pero además su mayoría en el Congreso local y los más importantes municipios, incluyendo la capital oaxaqueña.

El fenómeno Cué impactó en las tres elecciones. Y su triunfo obedeció a múltiples factores, como los siguientes:

  • Su carisma y su imagen de candidato “ciudadano”, que lo convirtió en un abanderado arrollador.
  • El respaldo de una izquierda entonces con credibilidad, y el apoyo de una derecha menos pervertida.
  • La alianza con poderes fácticos como, por ejemplo, grupos de poder político, empresarios, magisterio y algunos curas.
  • El respaldo de Andrés Manuel López Obrador, cuya presencia lo hizo más fuerte.
  • El hartazgo de la mayoría de las oaxaqueñas y oaxaqueños hacia más de 80 años de gobiernos priistas, estropeados por los tres últimos sexenios.
  • La estela de corrupción del gobierno de Ulises Ruiz Ortiz, con quien además estaba resentido el magisterio “democrático” por el intento de desalojo en el 2016 de su plantón permanente en el Centro Histórico de la capital oaxaqueña.
  • Y la adhesión y apoyo de los priistas enemigos de Ulises Ruiz, lo cual fue determinante para la derrota del PRI.

Así, Gabino Cué Monteagudo llegó a la gubernatura, habiendo generado durante la campaña un cúmulo de grandes expectativas sobre un “gobierno del cambio” y de la “transición democrática”. De entrada, las oaxaqueñas y los oaxaqueños esperaban el cumplimiento inmediato y cabal de su lema de campaña: “Paz y progreso”.

Pero después de la luna de miel y del transcurso del tiempo, Gabino Cué fue desgastando el bono democrático ganado en las urnas electorales, porque la “paz y el progreso” no llegaba. Parafraseando la hermosa canción de Joaquín Sabina: “Y nos dieron las diez y las once, las doce y la una, y las dos y las tres… (y todo el sexenio y nada)”.

Casi desde el primer momento la administración pública estatal entró en cierta parálisis funcional y financiera, no obstante los “históricos” presupuestos. Según que el gobierno de Ulises Ruiz había dejando muchas deudas.

Amén de ello, los partidos aliados y poderes fácticos reclamaron sus cuotas en el gabinete legal y ampliado, pero además en la estructura de funcionarios menores; empezaron a ingresar personas sin el menor perfil solamente porque eran de “X” o “Y” partido, o recomendados de determinados personajes.

Recuerdo nítidamente el comentario de un perredista: “Estamos haciendo gobierno siendo oposición dentro del gobierno”. Ups. Los militantes de los partidos aliados de Cué ya incrustados en el gabinete, per se o vía sus organizaciones “sociales” le hacían marchas y plantones para exigir recursos para proyectos productivos para determinados municipios.

Y Gabino Cué nunca tuvo el carácter de ponerles un hasta aquí; los dejó hacer y deshacer.

En los seis años, un denominador común en el gobierno aliancista fue: “No hay dinero”. Casi en la mayoría de las dependencias nunca había dinero; incluso, en los órganos autónomos y en los otros dos poderes. Entonces, ¿qué pasaba con los “históricos” presupuestos?

A la mitad del sexenio, de los mismos aliancistas salían las versiones de la existencias de nuevos ricos en Oaxaca, de negocios con proveedores de bienes y servicios, de diezmos para el otorgamiento de obra pública, que más bien eran cuotas del 40%; de colaboradores extra gabinete que autorizaban proyectos, obras, presupuestos, posiciones y hasta candidaturas; de servidores públicos hasta con avión y mansiones de magnates, de cuentas en el extranjero, etc.

En ese contexto, todas las cifras de obras y acciones del gobierno de la administración encabezada por Gabino Cué, salen sobrando, pues ciudadanas y ciudadanos en su mayoría tienen la percepción de saqueo en vez del bienestar prometido.

Perciben que nada hizo el gobernador saliente, sobre todo porque en vez de paz, las movilizaciones se multiplicaron. Incluso, la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación se comportó de manera más radical que cuando el gobierno del priista Ulises Ruiz Ortiz

Dice la sabia filosofía popular: “Piensa mal y acertarás”. Y en el ambiente flota la sensación como si desde el 2010 se hubiera pactado el triunfo de Gabino Cué Monteagudo en la elección de ese año, junto con el regreso del PRI como en las elecciones del 2016. Es como si Gabino Cué se hubiera dedicado a trabajar mal para perder.

Como haya sido, ahora Cué Monteagudo se va como el peor gobernador de la historia de Oaxaca, que estropeó el ánimo de oaxaqueñas y oaxaqueños sobre el cambio cuando se vota masivamente.

Claro, no todo fue malo en la administración de Gabino Cué Monteagudo; hizo cosas buenas como, por ejemplo, la implementación de la ambulancia aérea mediante la cual se salvaron muchas vidas y muchas almas; la dotación de una ambulancia por municipio, y el polideportivo.

Aunque deja tiradas obras como la del Metrobús. A quince días de terminar su sexenio, la obra está en el abandono, igual que la entidad. Por cierto, cuando el conflicto por los hechos ocurridos el 19 de junio en el municipio de Asunción Nochixtlán, el gobernador no dio la cara por ningún lado, ni los servidores públicos en su mayoría; como si no hubiera gobierno.

¿Qué le pasó a Cué? ¿En qué momento perdió el control de Oaxaca? ¿Y en qué momento sucumbió a la ambición?

Quién sabe. Pero se va como el peor de los gobernadores de la entidad oaxaqueña, cargando a cuestas la responsabilidad de las víctimas de Nochixtlán y de un estado sumido en la pobreza, donde nunca hubo paz y mucho menos generó progreso; donde la ciudadanía percibe un saqueo sin recato.

¿Cuál será la suerte de Cué? ¿Terminará como Javier Duarte de Ochoa o como Guillermo Padrés? ¿El gobernador entrante Ismael Murat Hinojosa le perdonará la situación en que deja Oaxaca? ¿Enrique Peña Nieto también? ¿Y la Auditoría Superior de la Federación?

rosyrama@hotmail.com