Caso Manuel Velasco, mal precedente

Sin duda la práctica chapulinera es una de las causas del gran descrédito de la política. Una más, es la falta de ética de las personas dedicadas al ejercicio de la política, con sus honrosas excepciones.

El ejemplo más reciente se llama Manuel Velasco Coello, a quien la obra y gracia de los órganos electorales lo confirmó como candidato a senador de representación proporcional (plurinominal), siendo gobernador del estado de Chiapas; en ambos casos del Partido Verde Ecologista de México (PVEM).

Y como fue postulado en la segunda posición de la lista nacional plurinominal, pues fácilmente entró al Senado de la República tras haber solicitado licencia como mandatario de aquella entidad.

¡Apenas el 28 de agosto se separó del cargo; ¡un día antes de jurar como senador!

Ah, previamente manipuló al Congreso del Estado de Chiapas para reformar la Constitución particular para que como gobernador pudiera solicitar licencia antes del día primero de septiembre para asumir la senaduría plurinominal y, en caso dado, solicitar licencia al Senado para concluir su periodo como mandatario de aquella entidad.

Francamente genera tal indignación el comportamiento político de Velasco Coello que quien sabe si exista el calificativo exacto donde encuadrar su conducta.

Claro, él se ha cansado de decir que su eventual licencia como senador para regresar a la gubernatura de Chiapas es porque su “compromiso” principal es con los habitantes de la entidad. ¿En serio? Pues entonces no hubiera saltado de un cargo a otro.

Caray, los políticos (con sus excepciones) no conocen la ética.

Eso de pretender regresar a la gubernatura se ubica lejos del beneficio de los chiapanecos. Más bien parece una justa medida para preservar los intereses de Manuel Velasco Coello. ¡Oigan faltan tres meses para concluir el sexenio chiapaneco!

Y en ese lapso aún se pueden operar muchas cosas en aquél estado; por cierto, expulsora de indígenas hacia otras entidades del país, sobre todo vecinas, donde llegan a vivir de pedir limosna en los cruceros de las principales ciudades.

Cómo habrán de acordarse de Manuel Velasco las personas que todos los días ven la escena de mujeres indígenas chiapanecas subiendo a un pequeño a sus hombros mientras amamanta a otro, y haciendo malabares con limones.

¡Cómo es posible que un gobernador de una entidad pobre como Chiapas, con indígenas pidiendo caridad en otras entidades, se la pase haciendo política chapulinera en vez de efectivamente cumplir con los juramentos hechos cuando asumió el cargo de mandatario!

Y en las manos de las legisladoras y de los legisladores de la nueva LXIV Legislatura del Congreso de la Unión está remediar la práctica de saltar de puesto en puesto, haciendo las reformas pertinentes para obligar a concluir el mandato a cualquiera que ejerza cargo de elección popular.

El remedio también está en la conciencia de los consejeros del Consejo General del Instituto Nacional Electoral (INE) y de los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF); sobre todo éstos, pues son los únicos que pueden acotar excesos.

Claro, argumentarán imposibilidad para negar la candidatura a quienes en ese momento ejerzan un cargo de elección popular porque (pobrecillos) se atentaría en contra de su derecho político electoral de ser votado, y éste es un derecho humano.

Sí… pero el derecho de una persona no puede estar por encima de los derechos de pueblos completos. Además, quienes ya ejercen un cargo de elección popular y contienden por otro, le están quitando el lugar a otras personas con aspiraciones políticas.

Debe haber límites. Incluso, los derechos humanos tampoco son absolutos. La misma Constitución y la misma ley establecen restricciones.

Un ejemplo muy sencillo es el candado a la aspiración de los magistrados del TEPJF, pues para ser postulados a diputados federales o a senadores de la República, necesitan separarse del cargo por lo menos tres años antes de la fecha de inicio del proceso electoral de que se trate.

Claro, la Carta Magna también establece restricciones para los mandatarios estatales. Y lo mismo las constituciones particulares. Sin embargo, han quedado cortas para el tamaño de las ambiciones de los políticos, y para la interpretación de consejeros y magistrados electorales.

En el caso de Manuel Velasco Coello los órganos electorales avalaron su postulación como candidato a Senador de la República siendo Gobernador del Estado de Chiapas porque –según el argumento— se trataba de una lista nacional, no local.

En fin, veremos de qué están hechos los legisladores y las legisladoras de Morena, que junto con sus aliados, bien pueden establecer candados a la política chapulinera. Caso contrario, también pretenderán entrarle a la misma. Entonces, ¿cuál cambio?

Pero además el caso Manuel Velasco Coello sienta un mal precedente. Al rato proliferaran los gobernadores que estando en funciones pretendan ser postulados a senadores, diputados federales, diputados locales, concejales y Presidente de la República.

Ah, y tras asumir el nuevo cargo, regresen a concluir el otro.

Como dice la vox populi, “no hay que ser tan trompudos…”

rosyrama@hotmail.com

*Nota del Editor: Foto: Com. Soc. Gobierno de Chiapas*