Aviones, asunto de seguridad nacional y estabilidad

Ya no se sabe si es férrea convicción, orgullo o necedad, la del Presidente Electo, Andrés Manuel López Obrador, de sostenerse en su postura de no subirse al avión presidencial.

Incluso, después de la embarazosa eventualidad de quedarse varado cinco horas en el aeropuerto de Huatulco para regresar a la Ciudad de México tras su gira por el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca; el avión comercial no pudo despegar por la lluvia en la capital del país.

Ahí, varado, reiteró: “No por esto voy a cambiar de opinión, no me voy a subir al avión presidencial. Me da pena, se me caería la cara de vergüenza, en un país con tanta pobreza”.

De cierto modo tiene razón. Resulta insultante el uso de aviones de lujo por parte de los gobernantes en un país cuya población en su mayoría vive en condiciones de pobreza.

Pero, ¿es ésta la verdadera razón de negarse a viajar en la aeronave presidencial cuando asuma el mandato o desde ya en razón de su calidad de Presidente Electo?

¿O se le caería la cara de vergüenza por dar reversa a una promesa de campaña, que más bien parecía un dogma populista y hasta eslogan electoral?

La campaña ya se acabó. Y si bien tiene el deber moral de cumplir lo prometido, también tiene el deber de reflexionar en lo más conveniente para el país. Porque su seguridad como Presidente (electo y luego en funciones) es un asunto de seguridad nacional. Y de estabilidad para el país.

Usar avión comercial tiene sus riesgos y complicaciones. Ya vimos el primero: Quedarse varado por falta de condiciones para aterrizar, despegar o volar.

¿Cuál más?

Un accidente. Imagínense (y Dios no lo quiera) el desplome de la aeronave comercial por una falla mecánica, por condiciones climatológicas, o por falta de pericia del piloto.

Claro, un avión del servicio de la Presidencia de la República corre los mismos riesgos al fin de cuentas son máquinas expuestas a fallas. Sin embargo, las aeronaves oficiales son sometidas a rigurosos servicios mecánicos y procesos de revisión, pues está de por medio no solo la vida de los tripulantes, sino la seguridad nacional y la estabilidad del país.

Incluso, un avión comercial tiene hasta riesgos de desplomes provocados en pleno vuelo por algún maniático a bordo, y hasta de secuestro con todo y pasajeros.

En fin, si bien hubo buena parte de electores que no votaron por Andrés Manuel López Obrador, seguramente ningún mexicano bien nacido desea su mal y mucho menos la del país.

Imagínense que por su imprudencia de viajar en avión comercial le ocurra un accidente aéreo durante los meses restantes para asumir el mandato o en los primeros años de su gobierno, ¡tendría que haber elecciones extraordinarias!

Y ello implica el riesgo de meter al país en una dinámica de inestabilidad. Porque Morena ya no sería lo mismo sin AMLO, y los grupos y organizaciones que ahora convergen en el partido tomarían rumbos distintos intentando quedarse con el poder.

Además de la lucha partidista.

En fin, el Presidente Electo debe reflexionar el riesgo al que expone la seguridad nacional y la estabilidad del país al viajar en aviones comerciales. Porque ya no es AMLO, es México.

Además si de ahorrar se trata, cabe preguntar: ¿Cuál sería el monto de la inversión en pagar el pasaje en avión comercial al Presidente, a los funcionarios y periodistas que lo acompañen en sus giras de trabajo? ¿Una diaria o cuántas al día?

El avión presidencial ya está. Venderlo no remediaría el agravio a los mexicanos pobres, porque las máquinas se devalúan; la recuperación sería mínima.

Lo que sí, AMLO en ejercicio de la Presidencia de México no deberá usar el avión para asuntos ajenos a la actividad oficial. Tampoco deberá prestarlo a sus colaboradores.

Así que más vale aguantarse la vergüenza, que poner en riesgo la seguridad nacional y la estabilidad del país.

(Tantas promesas populistas inviables a veces suponen la idea sobre la confianza de AMLO en que la misma ciudadanía le pida dar reversa, y así lavarse las manos ante promesas difíciles de cumplir).

LOS DAMNIFICADOS DEL ISTMO

Para poder ayudar bien y sin sesgos partidistas a los damnificados del Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, por los sismos ocurridos en septiembre del 2017, el Presidente Electo de la República debe empezar por poner orden en los morenistas.

Morenistas que en su mayoría son perredistas convertidos cuando le vieron rentabilidad electoral al partido de AMLO. Son convenencieros.

En el municipio de Juchitán de Zaragoza sobre todo la misma autoridad municipal alentó un doble censo para incorporar a personas afines a Morena, pero cuyas viviendas no tenían afectaciones. Sin embargo, para entrar al censo, las averiaron a propósito.

La presidenta municipal juchiteca y diputada local electa de Morena, Gloria Sánchez, debe dar cuentas claras. Y así moralmente, guardarle lealtad al Presidente Electo.

rosyrama@hotmail.com

*Nota del Editor: Foto: Especial Internet*