Señor Presidente: #ConLaFiestaBravaNo

“…Y rumbo hacia los corrales,
se ve al chiquillo que va resuelto,
él quiere torear un toro,
su vida pone por precio…”

Lola Beltrán

En ocasiones uno no debería invertir tiempo, espacio y palabras en defender cosas que no vienen al caso, que no son importantes, que deberían pasar a un segundo plano, para otro momento. Y no porque estos temas sean intrascendentales, solo que hay cosas más urgentes, más de vida o muerte que discutir.

La política social del presidente Andrés Manuel López Obrador es de “divide y vencerás”, gracias a su visión política el país se encuentra enfrentado entre “fifís” y el pueblo sabio, conservadores y liberales o en una visión tan básica, de buenos contra malos”.

Hace unos días, López subió a la palestra nacional la posibilidad de prohibir las corridas de toros, bajo el argumento… Pues quién sabe cuál, solo porque es un tema que divide, que enfrenta que incomoda y que le pareció bien abordar.

México es un país con problemas serios y exige soluciones similares, no ocurrencias.

El debate de la fiesta brava puede ser interesante, creativo, pero no es el momento, en mucho, porque tenemos problemas reales como la inseguridad, la recesión económica, la falta de medicamentos, de oportunidades para diferentes sectores de la sociedad.

Se habla del derecho a los animales, de su protección, de no alentar una actividad que los ambientalistas califican de brutal, sin embargo, en estos momentos, el debate debe ser la protección de los derechos humanos de la población, esa que muere en manos del crimen organizado, la que no tiene medicinas para atender a sus enfermedades, la que carece de una estancia infantil, de un trabajo remunerado, de alternativas reales para el desarrollo y la prosperidad.

Los problemas de México son muchos y complejos, la fiesta brava no es uno de ellos, las corridas de toros son una actividad ajena a la crisis social, moral y económica que vive el país.

img_6078_0.jpg
Fiel lectora nos muestra que en los tendidos de las plazas de toros, existen sólidos argumentos para decir no a la propuesta de prohibir la existencia de la más bella de todas las fiestas.

Quizás en el futuro, cuando México supere sus principales retos, será tiempo de sentarse a hablar de la “más bella de todas las fiestas”, de analizar su pasado, su presente, pero sobre todo su futuro, pero nunca su prohibición, podrán existir personas que no les guste, que no compartan su belleza y su postura, eso es totalmente válido pero también hay otras personas que aman esta expresión humana y para ellas debe existir la seguridad que el Estado no va interferir en la realización de este arte.

Porque en la fiesta brava no se viola ninguna ley, esta se realiza dentro del marco legal que rige al país, pero sobre todo representa una forma honesta de ganarse la vida para cientos… miles de personas.

Todo este debate queda al margen, si se entienden dos cosas, ninguna expresión humana ha generado tantas expresiones de arte (teatro, música, danza, escritura, pintura, gastronomía y fotografía) como la fiesta brava.

Pero sobre todo, los ambientalistas y protectores de animales deben captar que eliminar las corridas es condenar al toro a la extinción, es decir, no volvería a verse sobre la faz de la tierra a esta especie.

Espero que los llamados protectores de animales sepan que en ninguna parte del mundo los toros de lidia corren libres en las llanuras, estos animales nacen crecen y son amados y cuidados para jugarse la vida en una plaza de toros, de lo contrario simplemente desaparecerán.

La prohibición… Más bien la propuesta para someter a consulta la prohibición de la fiesta brava que propone el presidente López es una tontería, porque las plazas de toros en su gran mayoría son de particulares, las ganaderías donde se crían estos bellos animales también,  pero sobre todo porque no están dadas las condiciones para una discusión seria, analítica, pero sobre todo, respetuosa del tema.

Si el Estado laico tiene la obligación de garantizar nuestra libertad de culto, también debe garantizar nuestra libertad cultural y la fiesta brava es cultura.

Puede entenderse que el presidente es “fan” de su antecesor Benito Juárez, quien prohibió la fiesta de toros en 1867, sin embargo, el tiempo y la razón demostró su error.

Una vez que el mandatario oaxaqueño murió en 1872, nació la leyenda de Ponciano Díaz (1856-1899) el primer torero mexicano, quien triunfo en España y encabezó a las primeras grandes figuras taurinas del país como los hermanos Ávila, Jesús Villegas y Pedro Nolasco Acosta

Ponciano Díaz vistió de luces por primera vez el primero de enero de 1877, pero fue hasta 1889, el 17 de octubre en Madrid, que recibió la alternativa de manos de los toreros Salvador Sánchez “Frascuelo” y como testigo Rafael Guerra “Guerrita” con toros del Duque de Veragua y de Orozco.

La pasión de México por la fiesta brava, nació desde la época de la colonia; se sabe que el tres de septiembre de 1526, Hernán Cortés narró en su quinta carta dirigida al Rey Carlos V sobre una primera corrida de toros en la Nueva España.

Además de España y, obvio, México, las corridas de toros se celebran en Portugal, Francia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela.

En recientes fechas se han hecho festejos en California, Estados Unidos, en Shanghái y en Pekín, en China más de 13 millones siguen las corridas de toros españolas por televisión.

Ok… Dicho lo anterior, solo basta decir #ConLaFiestaBravaNo y aclarar que hasta aquí alcanzaron 10 grandes y amplios reales.

Señoritas, si necesitan de unos tequilas para estar frente al lente de mi cámara, pueden comunicarse a célebre correo: medinaarturo@gmail.com

Si la cosa es más seria, más de “me urge que me cuenten las pecas de la espalda” con una copita de barro negro de mezcal, pongan algo en el blog https://callemelancoliatgo.wordpress.com/

Como todo columnista serio y de primer mundo (sí, ajá) estamos en http://www.facebook.com/kolia25

También nos pueden mandar insultos y peladeces a @25kolia

Hasta la próxima. Ojalá.