El respeto de los anti-taurino… Usted disculpe, prefiero ser un patán

“… Anoche tuve un sueño 
y anoche era verano, 
¡oh!, verano terrible 
para un sueño malvado…”
Silvio Rodríguez 
 
Lunes… Mal rayo me parta, cómo fue que se perdió el fin de semana… Bueno, eso de que se perdió está en veremos, porque el inicio de semana llega con dolores en partes del cuerpo que no sabía que tenía.

Pero en fin… Se supone que es tiempo de “estirar los dedos”, de vencer la página blanca, de asumir que soy un fontanero de las letras o sea, de darle duro a las “teclas”... ¿?

Es decir, no sean mal pensados, de usar las teclas del ordenador; ánimas del purgatorio que se trataran de las “teclas” de una señorita de frondosos senos en amplio escote, si así fuera, quién sería yo para oponerme.

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Fiel lectora nos recuerda que para el glamur siempre hay tiempo, y nosotros damos gracias por tan fino recordatorio.

Quien ha seguido este reflexivo espacio sabrá algunas cosas de mí… Por ejemplo, que la rebeldía natural que todos los seres tenemos yo la expreso siendo diferente, tratando siempre de ir contra corriente, de asumir posturas polémicas, contradictorias, difíciles, vamos, son difíciles porque cuando se trata de coherencia entre el ser y el decir luego uno se pone en cada predicamento.

De tal suerte… Pues sí, soy ateo, no agnóstico, no creyente, liberal… No, para nada, bien pero bien ateo, no creo en la existencia de un dios creador del cielo y de la tierra (vamos, soy ateo, pero tuve una educación cristiana) creo y confío en el hombre como la medida de todas las cosas, como un ser capaz de crear las más bellas expresiones humanas, de dar vida, pero también de cometer los actos más bajos y ruines. Es decir, somos tan humanos como la contradicción.

Por supuesto que apoyo el matrimonio igualitario, las parejas del mismo sexo; creo que es mejor un menor con dos papás o mamás que sin ninguno de ellos, no concedo ninguna consideración a los ministros de culto y muchos me producen una tristeza enorme porque en un mundo con tanto libros ellos dicen que todas las respuestas están en la biblia.

Me recargo en la pared, -pienso yo- desde el planteamiento están mal, en los libros no hay respuesta solo preguntas.

Uno de los procesos más difíciles de mi vida fue el día en que como ateo tuve que hacer las paces con dios, ya que con él no tengo bronca, son algunos de sus seguidores los que me incomodan.

Por lo que, si quería evitar ser como ellos, era necesario que reconociera la necesidad que muchos tienen de creer en dios y el respeto que esa fe me merece.

Gracias a ese respeto veo la confesión como la mejor de las terapias, poder confesar todos mis demonios, bajas pasiones y contradicciones a otro ser que no solo me va a guardar el secreto sino que me va a reconfortar es una de las ideas más grandes.

También soy un convencido de que la oración tiene un poder curativo enorme, sin embargo, debo reconocer que ya no se rezar, entonces, mis heridas pues la curo como dios me da entender (jajaja) pues obvio, con tequila.

Entre las cosas “raras” que tengo es que me encanta la fiesta brava; mi primer acercamiento se dio cuando mozalbete, mi Abuelo Toño sacaba los domingos al patio su banco, su radio de bulbos y sus cigarros para escuchar los toros y yo su “Chato Morris” era quien lo acompañaba.

Es curioso, en el mundo taurino hay tanta religión y fe que no entiendo cómo un ateo puede amar una expresión de arte aparentemente tan ajena a él, pero lo cierto es que ver a un toreo rezar minutos antes de partir plaza y escuchar la frase “que dios reparta suerte” tiene para mí un significado tan especial, tan emotivo, tan pero tan de respeto.

Con los años la vida me dio a una compañera (Elizabeth) que resulta que comparte la pasión por la “más bella de todas las fiestas” pese a que ella es totalmente académica y yo disfruto más del valor que del estilo, pero en fin así es la vida.

¿Y todo esto a cuenta de? Se preguntará, y la respuesta es dolorosa, este año dos toreros, El Pana y Víctor Barrio encontraron su destino haciendo lo que más les gustaba: toreando… Siendo parte de un arte de matices, donde la vida y la muerte se entretejen, se mezclan, se retan y se respetan.

La vida, así como la muerte, son parte de la fiesta brava y de la misma manera que uno disfruta con una gran tarde, cuando el torero sale en hombros por la puerta grande, se guarda un minuto de silencio por el torero que muere en el ruedo.

Para los amantes de la fiesta brava esto queda claro, sin embargo, son odiosos los comentarios de los anti-taurinos cuando en páginas y portales ponen sus “sesudas” reflexiones: “de qué se quejan… no que es un arte”, “por qué no guardan silencio cuando el que muere es el toro”, “me alegro, uno de cal por los que van de arena”, “explícame tu arte”.

Los anti-taurinos tienen una limitada visión del arte, se olvidan que en cada una de las expresiones del ser humano hay hombres y mujeres que han tomado de la fiesta brava inspiración para dejar obras hermosa, para crear del arte más artes, que han tenido el tiempo de entender que bestia y hombre y vida y muerte son elementos de una fórmula que se acerca a lo divino pero sobre todo a la definición del ser humano.

Al ver las actitudes de los anti-taurinos recuerdo que dios no me cae mal, a los que luego no aguanto son a sus fieles seguidores, esos que con un “dios te bendiga” se alegran de la tragedia ajena.

Si el anti-taurino habla de respeto… Usted disculpe, prefiero ser un patán.

Para decir adiós

Ok… No teniendo nada más que decir… Solo basta recordar que para declaraciones coquetas o confesiones candentes queda el correo: medinaarturo@gmail.com

Pero si quieres ser fiel lectora con mucha o poca ropa ponte en contacto en el blog https://callemelancoliatgo.wordpress.com/

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Hasta la próxima.