Reflexiones filosóficas sobre la masculinidad, y el debate: peluquería o estética

“… Convencidos que las almas abrazaron utopías, 
que las mías son tan tuyas, como tuyas son las mías. 
Te propongo hacer camino e inventarnos ser feliz 
sin remesas familiares, ni marcharnos del país...”
Buena Fe
 

Hay ocasiones en que la maldad confabula contra uno y entre que el sábado perdieron los Pumas CU ante las Águilas de Chihuahua y el hecho de que la última cerveza pereció horas antes de empezar esta columna descubro con horror que el lunes está aquí.

En la vida –sabe usted- hay cosas que no entiendo, ¿Por qué truenan tan feo las cucarachas cuando las pisamos?; ¿qué es mejor para el alma, un arte menor o una artesanía menor?; ¿Cuál es la causa por la que una foto sale tan mal cuando es de noche, no uso el flash, ocupo mil 200 iso, sin tri-pie y la velocidad de obturación es la mayor posible?

Ciertamente estos misterios no son para quitar el sueño a nadie… Vamos, a lo mejor lo de las cucarachas igual y sí.

Porque luego sucede –cuando menos a mí- que uno se acuesta a dormir con una idea fija y ¡¡¡zas!!! Soñamos eso.

Lo malo es que eso solo pasa con las cosas desagradables,si el asunto es de insectos seguro tengo pesadillas, lo malo es que no aplica cuando mi último pensamiento es una mujer de piernas largas (como la cuaresma) y falta corta (como el fin de semana) entonces no sueño nada… De verdad que eso no es de dios.

Pero a ver, nuevamente reviso mi contrato colectivo de trabajo (porque las prestaciones sociales son una conquista de la clase trabajadora… Faltaba más, sobraba menos) y me doy cuenta que según esto, tengo que escribir una columna (más o menos coherente) todos los lunes y como diría Fox (el ex presidente) yo por qué…. Y que me acuerdo, obvio porque soy un asalariado que se supone es reportero.

Bueno una vez superado este trago amargo, toca el difícil asunto de decidir cuál tópico de la agenda nacional abordare, que si la reunión de Otoño del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial… No, que flojera de tema, la inconciencia de algunos legisladores que se pasan la ley “por el arco” y se les ocurre aterrizar (así de huevos) en un arrecife protegido valiéndoles “una pura y dos con sal” el estado de derecho, al fin tienen fuero… Pues no, sabe usted estos temas están de flojera.

Pero en fin… la duda continúa, cuál tema es el “bueno” para un lunes que amenaza ser de lluvia, con poca cerveza y ojalá un poco de sexo perverso.

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Hay ocasiones en que los dioses de la ciudad dan a los mortales imágenes que se pierden en el caos urbano, en el anonimato de los seres que están en la calle, pero solo basta con observar, quitar colores a la realidad para ver ese dulce motivo de inspiración. Como lo demuestra esta fiel lectora.

A falta de grandes temas… Porque de verdad Peña Nieto no es un gran tema, más bien es un tema penoso, es como platicarle a la tía más conservadora que te salió una verruga enorme en “salva sea la parte”.

Lo cierto es que en este mundo tan moderno e igualitario, luego me siento tan fuera de lugar que pienso que mi hogar (si alguna vez lo tuve) se encuentra en la seguridad del pasado.

Antes, cuando de cortarme el pelo se trataba pues obvio, iba a la peluquería, uno de mis lugares favoritos.

En las peluquerías uno llegaba y lo recibían con la Play Boy o la “H”. Si uno era medio “rojillo” con la Proceso (revista) y si esta era la opción, era obligado comentar que traía “Boogie, el Aceitoso” con el peluquero.

Además, le ofrecían un refresco o café con la dosis correcta de alguna bebida espirituosa, mientras el peluquero ponía la bata (azul… Pues claro, somos hombres) y no salía con preguntas incomodas como ¿con tijera o navaja? Yo que sé… Lo mío no es cortar el pelo.

Inmediatamente después llegaba el lustra calzado y mientras el peluquero trataba de darle forma a los bucles de uno, podía dejar su calzado “rechinando de limpio”, porque todo hombre masculino, macho alfa, líder de manada y cazador solitario que se aprecie sabe que es una falta de respeto para una dama llegar con los zapatos sucios.

Todo esto sucedía mientras en la televisión estaba un juego (en vivo o repetición) de béisbol, fútbol americano, toros, función de box o ya de perdis la lucha libre. Si de plano no había nada bueno, pues peluquería que se respetara tenía lo mejor de Javier Solís, Cuco Sánchez, Eddie Gormé o algo de la Santanera.

Después una pregunta siempre obligada… ¿Mi jefe como ve, le arreglamos la barba o bigote? Y después de un segundo de sesuda reflexión se decía “por favor”.

Y empezaba lo rico, toalla caliente sobre el rostro, preparar espuma con jabón de caballero, calentar la navaja sobre cuerpo… Para empezar con el delicado proceso.

Luego de eso, un poco de loción de caballero de la corrientita pero que tenía un delicioso aroma.

Sin embargo, lo malo del asunto es que la modernidad nos quitó ese espíritu de masculinidad, de saber que se es hombre y que en medio del fragor de la batalla diaria (entiéndase trabajo) había tiempo (mínimo una hora) para consentirse, para hablar con otros hombres sobre las cosas… Pues de lo hombres.

Ahora tenemos estéticas unisex… (o sea, desde el nombre) donde uno llega y no le ofrecen ni un vaso de agua, mucho menos se puede pensar en alguna bebida espirituosa.

Cuando nos sentamos nos ponen una bata “rosa” y después para detenernos el cabello una “mariposa de plástico”.

De verdad da pena vernos al espejo… Cuando nos rasuran, no es el rostro, sino esas zonas donde hay cabello que la tijera no puede quitar.

Además y para colmo usan jabón “Rosa Venus” eso puede estar bien si se va a un hotel (por supuesto, de paso) pero salir de la estética con ese aroma no es de dios.

Si por error pedimos una revista nos pregunta ¿la “Tu”, “Cosmos”, “Eres” o Tv Novelas”? o sea, de qué se supone qué vamos hablar con el estilista… Sobre los zapatos para la temporada otoño-Invierno.

Y todo esto sucede en 15 minutos porque ya hay otra persona a la espera.

El mundo masculino de los hombres rudos (así, con pleonasmo) cazadores solitarios, lobos de la estepa y bebedores de cerveza se encuentra en peligro y debo aclarar que esto nada tiene que ver con una postura homofóbica o contraria para las personas que se ganan la vida en una estética.

La masculinidad –sabe usted- no se relaciona con una preferencia sexual, solo es el hecho de sentirnos cómodos en un mundo pensado en los hombres.

Ciertamente habrá personas que para ellos cortarse el pelo es una acción mecánica que se debe hacer cada determinado tiempo y que lo ideal es que sea breve.

Pero cuando se es viejo, uno debe ir por la vida buscando que las cosas cotidianas sean ricas y deliciosas.

Bastante gris es la vida como para no darle un poco de color.

Pero en fin, es lunes, me urge encontrar una peluquería porque me cargo “una mata” que dios guarde la hora. Pero más me urge un whisquito de esos corrientitos con un chisguete de ginger.

Así que hasta aquí alcanzaron 4 reales… Para mandar fotos o solicitar su imagen erótica queda celebre correo: medinaarturo@gmail.com

Si la cosa es más seria, más de me urge que me cuenten las pecas de la espalda, por favor, pongan algo en el blog https://callemelancoliatgo.wordpress.com/

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Hasta la próxima.