De monarquías constituyentes o la política me da risa

“…Me gustaban las bombillas,
los días de sombrillas… Y tener su mano después,
Ay, y cómo le gustaba besarme y mirarme,
y volverme a besar otra vez….”

Fernando Delgadillo

Hay ocasiones, sabe usted, que la vida es por demás ingrata. Este año el Primero de Mayo cayó en domingo, es decir, no hubo forma de descansar alegando que se recuerda a los Mártires de Chicago y eso verdaderamente enoja y enerva.

Claro, si se pone técnico, en este México tan cerca de Enrique Peña Nieto y de Donald Trump y tan lejos de la buena vida, hay otras muchas cosas que encanijan.


Fiel lectora nos explica a través de esta gráfica, por demás elocuente,
cómo se siente cuando le dicen que muchos buscan llegar al constituyente de la CDMX.

Por ejemplo, parecía que este año la Ciudad de México, se salvaba de las buenas intenciones y las ocurrencias de los políticos, pero “tómala cachetón” que se les ocurre quitarle el mote de Distrito Federal y ahora es una entidad más, capital del país, pero un estado más y por ende resulta que nos urge una constitución.

La verdad es que a mí eso de la constitución de la CDMX se me hace una real y reverenda jalada, así como que por qué los partidos políticos, los independientes y cuanto ocurrente se le ocurrió (válgame el pleonasmo) se sienten con los “tamaños” para decirme como he de vivir.

Vamos, si algunos de los que quieren meterle mano a la constitución, -que todavía no nace- tuviera el peso moral, uno podría decir, “oye ese tipo si sabe de lo que habla”, entonces a lo mejor, pero la verdad es que me he topado con cada propuesta como la de abolir la fiesta brava, o sea, como que por qué, no entiendo quien le dio derecho a un grupo de personas de querer impones sus gusto a otras”.

Es como si a alguien se le ocurre abolir el sexo grupal, la cerveza de barril o chiflar a los Beatles en una avenida primaria de la ciudad.

El constituyente debería sacar de su lenguaje las palabras abolir, prohibir, suspender, limitar, controlar y evitar.

Otros partidos ante el hecho de que no tienen nada que proponer salen con la afirmación, vamos por una constitución “bien chilanga” o sea, si nos basamos en el origen de la palabra, la constitución será pensada para los que tienen el rostro rojo, el cuerpo de chile y la cara de chango o que es amante de lo ajeno y anda “echando el rol” en Veracruz.

Entonces, una constitución “bien chilanga” es una verdadera ocurrencia por no decir que una acción de esas que se hacen con la boca sobre el miembro del hombre.

Otros dicen, “vamos hacer lo que tú nos digas”, sí, ajá, una vez que estén en el constituyente, obvio con un buen sueldo y con un séquito de asesores, masajistas, secretaria, chofer, lambiscones, fotógrafos y publirrelacionistas, si te vi, ni me acuerdo.

Algunos más dicen, “con este equipo haremos la gran constitución” y la verdad es que en el equipo pura gente “x” que ciertamente no tienen un vínculo con la gente.

Entre los independientes que suspiran con subirse al “tren” de la nueva constitución, están los que quieren que el náhuatl sea obligatorio en las escuelas, así como una educación que ponga en el centro de los conocimientos a los dioses y deidades previas a la llegada de los españoles, hágame usted favor.

Creo que nadie ha expresado que la idea de una nueva constitución es trabajar por una norma que garantice que los habitantes de la Ciudad de México, puedan ser como les dé su gana.

Es decir, un documento que garantice el respeto a sus creencias, gustos y realidades, pero sobre todo que reconozcan que aquí vivimos millones de personas de diferentes orígenes: judíos, libaneses, moros, musulmanes, ateos, católicos, españoles, franceses, ingleses, indígenas, criollos, personas en condiciones de calle, ciclistas, peatones, gente con perros, gatos, pericos, taurinos, beisboleros, coquetos, cheleros, pervertidos, novieros, gay, lesbianas, heterosexuales y heteroflexibles, maduros y jovencitas.

Por lo que el verdadero reto es que todos puedan vivir juntos y de ser posible en armonía, donde puedan expresarse sin que otro trate de imponer su estilo de vida.

Ante ello, creo que lo ideal es que la ciudad busque convertirse en una monarquía para que se tenga una figura que sin tener poder sea una autoridad con peso moral que no tenga que ver con partidos políticos ni con los tiempos electorales, alguien con la capacidad de decir “no te pases”, “esto si procede” pero sobre todo, que sea letrado, inteligente, busque el bien común y no le interese hacer política.

Ufff está súper difícil…El Peje (no manchen, se trata de un ser inteligente, no un demagogo) un escritor, que hueva me dan todos… Lo veo difícil, sería cosa de ver si algún familiar de Maximiliano o Carlota, cumple los requisitos, pero sobre todo quiere regresar a la tierra donde le dieron “chicharrón” a su pariente.

El peligro del constituyente radica en que se forma en una olla donde puros “grillos” con su propias agendas e intereses, que ven en este proceso la oportunidad de ganar poder, por el poder mismo y se olvidan que los que tendrán que vivir con sus ocurrencia, perdón constitución, seremos nosotros.

Para decir adiós

Ok… No teniendo nada más que decir… Solo basta recordar que para declaraciones coquetas o confesiones candentes queda el correo: medinaarturo@gmail.com

Pero si la urgencia es mayor y es menester el análisis en ropa interior o mejor aún en cueros, pongan algo en el blog: https://callemelancoliatgo.wordpress.com/

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Hasta la próxima…