Jocosa combinación: cine, Beatles y 4T

“…Imagínate un barco en un río
con árboles de mandarina y cielos de mermelada.
Si alguien te llama, respondes con bastante lentitud
una chica con ojos caleidoscopio…”

Beatles

El tiempo es algo con lo que no se puede luchar, siempre justo, siempre imparable, siempre exacto.

El tiempo tiene ese don de “caminar muy rápido” cuando de disfrute se trata; ya saben, historias de besos, humedades y poca ropa y por el contrario muy lento –demasiado, diría yo- cuando de sufrir se trata, nada de besos, de lujuria, ni cerveza.

Sin embargo, el tiempo nos regala en consuelo del recuerdo, de cerrar los ojos y decir “mmm, qué rico esa vez en que…” (los caballeros no tenemos memoria) y, por ejemplo, recordaba que hace unos días, el 17 de este mes para ser exactos, se estrenó hace 50 años (17 de julio 1969) en México “The Yellow Submarine”, la película animada de los Beatles.

Sin duda una cinta complicada, pero visualmente atractiva, que me encantó. La premisa es muy simple: la tierra de “Pepperland”, se encuentra sitiada por los Blue Meanies, un desagradable grupo de criaturas que odian la música.

El alcalde Dick Emery, manda al marinero Old Fred a Liverpool, Inglaterra, en donde les pide ayuda a los Beatles quienes viajan en un submarino amarillo por diferentes mares,  para regresar la música a esa tierra.

Por cintas como esa, siempre me gustó el cine, en mucho, pero en especial, por los encantos que encuentro de sumergirse en la penumbra de una sala para ver una película.

En el interior de un cine se puede satisfacer esa necesidad voyerista de ver y en especial con la seguridad de no ser descubierto, pero también para disfrutar las pasiones de otras personas, ya sea en la pantalla o en el asiento contiguo.

Otro encanto, que me parece divino, es que en el cine la vida es perfecta, ¿a poco no?, los besos se dan en el momento justo, con música de fondo, el sol impacta discretamente en el rostro de la chica guapa, la intimidad es perfecta, ambos cuerpos llegan a su máxima expresión, en tiempo y forma, con aromas e iluminación perfecta.

Ciertamente el cine no es la vida, pero cómo nos gustaría que fuera.

En las películas, los amantes después de muchos problemas son felices… Para siempre.

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En la gráfica, fiel lectora observa atenta las imágenes de esta película llamada “México y la 4T”.

Las cosas pueden tardar pero gracias al dios del celuloide la justicia se hace, incluso por encima del derecho –como dice López- y por ello los malos siempre pierden, por lo que los buenos siempre, irremediablemente, salen victoriosos.

Bajo la óptica del séptimo arte, pero sobre todo bajo la visión de Iñárritu, Stone, Lucas, Trueba o ya de perdis René Cardona, sería posible filmar cuando Andrés Manuel López Obrador declara que “vamos bien”, la sociedad –toda- debería apoyarlo, los partidos, bueno sus integrantes, tendrían que  unificarse para legislar a modo y permitir que el Presidente sonría.

Por su parte, el crimen organizado tendría que hacer un acto de contrición, reconocer la superioridad moral del mandatario entregar sus armas y en un gran dialogo convertirse a la cuarta transformación.

En la gran toma final López hablaría con soldados del Ejército Mexicano y con los nobles elementos convertidos de la Policía Federal, quienes ahora son todos Guardia Nacional, en la pantalla ellas y ellos,  nobles, morales y por supuesto guapos, morenos e hijos del  pueblo daría las gracias al líder y se empezaría a escuchar una porra que diría “qué-da—te” contigo somos pobres, pero muy  felices.

Con una excelente banda sonora y con el apoyo en último momento de millones de mexicanos, incluida, quizás, las huestes de Felipe Calderón, quien en una gran secuencia, reconocería que le robó la presidencia (sí, ajá) el recién convertido pediría disculpas por detener la transformación.

Pero sobre todo arrepentido reconocería el liderazgo del tabasqueño se uniría al proyecto llamado “4T”.

Justo en el gran momento, López y Calderón tendrían el clásico “chócalas carnal” y todos observarían el amanecer de un nuevo día y por ende de una nueva esperanza, de una nueva transformación para México.

En ese nuevo inicio no habría agencias calificadoras, ni poder judicial, ni amparos y mucho menos sociedad civil.

Pero como decíamos, la vida no es como el cine, pero como nos gustaría; en la realidad, el presidente se olvidó que lo difícil no es presumir otros datos, sino evitar que estos choquen con la realidad.

Me queda claro que López busca imponer su realidad, donde lo importante es ser feliz, aunque no se tenga dinero, donde puede presumir de su “calidad moral” y nadie lo cuestiona pero sobre todo donde sus datos dan certeza a los mexicanos.

Sin embargo, el país vive la realidad de las calificadoras, de la competencia y el discreto encanto de las cosas lindas que da el dinero.

Ese es el principal problema de México, tener millones de personas que no se conforman con una despensa, con un apoyo directo, con una beca por no hacer nada y eso molesta al mandatario.

Al término del sexenio no habrá vencedores, el país estará en serios problemas y como en el pasado tendremos –algunos- que remangarnos las mangas y ponernos a trabajar, mientras sólo queda esperar que el sexenio dure lo que tenga que durar y la mayoría no le haga caso a los mesiánicos líderes populares.

Ok… Dicho lo anterior, basta aclarar que hasta aquí alcanzaron 10 grandes y amplios reales.

Señoritas, si necesitan de unos tequilas para estar frente al lente de mi cámara, pueden comunicarse a célebre correo: medinaarturo@gmail.com

Si la cosa es más seria, más de “me urge que me cuenten las pecas de la espalda” con una copita de barro negro de mezcal, pongan algo en el blog https://callemelancoliatgo.wordpress.com/

Como todo columnista serio y de primer mundo (sí, ajá) estamos en http://www.facebook.com/kolia25

También nos pueden mandar insultos y peladeces a @25kolia

Hasta la próxima

Ojalá.