De frijoles y otras cosas

“…Cuando tocan silencio ella espera una hora
y se escurre de puntas, los pies,
y en el monte, debajo de un árbol,
suelta al viento su amor y su fe…”

Silvio Rodríguez

Qué onda conocedores lectores... Mejor dicho, qué onda con la inseguridad; el crimen organizado está tan bien organizado que una noche teníamos frío y para la otra nos lo robaron pues  llegó con todo “la calor” como dicen en la sierra… ¿en cuál sierra? Eso es lo de menos.

Existen revelaciones que son así como impactantes, tanto que, cuando uno se entera, se pone cara de “¿te caí’”, “¿es neta?” y el clásico: “no inventes”, sin duda la revelación que voy hacer no es una de esas.

¿Saben?, cuándo crío, a los frijoles los veía como algo que “ni fu ni fa”, ahí estaban, eran buenos cuando su color eran negros y se acompañaban con un arroz blanco y trozos de carne de puerco y que las tortas con este ingrediente eran ideales para sofocar el hambre.

Sin embargo, cuando hice mi servicio militar le tomé una amor porque como decía Soledad –mi abuela, la más ruda de la familia- el pan ajeno hace al hijo bueno y cuando uno sirve en el Primer Batallón de Paracaidismo se aprende a comer con hambre a beber agua con sed pero sobre todo a dar gracias por los alimentos e incluso por la gelatina insípida de anís que nos daban.

En esos años mi Abuela confiaba en que mi acercamiento con la disciplina militar fuera el detonante que diera orden a mi vida, pero si solo tenía 18 años,  además que ahí encontrara valores y quizás hasta una profesión.

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Fiel lectora nos muestra que para estar sexy, para estar “in”, cualquier lugar es bueno, vamos, hasta el atrio de la Basílica de Guadalupe.

No pues Soledad se equivocó a lo grande, porque su nieto no solo le salió ateo e irreverente, para colmo se convirtió en reportero; sin embargo, no me quejo, el asunto estuvo padre, pero no me interesó la carrera  militar en mucho porque la plaza de secretario de la Defensa ya estaba ocupada y tener un rango menor pues no era lo mío.

Pese a que la milicia no fue lo mío y a que tuve padres hippie​s lo cierto es que el tema de las fuerzas armada ha estado presente desde niño; jugué futbol americano en los Aguiluchos del Colegio Militar, tuve un tío que era marino mercante por lo que el duelo ARMY vs. NAVY en la casa era asunto serio y de mis días en el SMN lo que más agradecí fue que desde niño me enseñaran a marchar.

Todo esto sale a colación porque pese a los hechos del 68 en los cuales mis padres, como todo el país, tienen una historia que contar, muchas familias pasaron de los horrores de esas fechas (también 1971) para empezar poco a poco a crear un nexo de confianza con las fuerzas armadas.

Por supuesto que en esa relación Ejercito y sociedad hay muchos momentos de desencuentro, pero también hay otros de encuentro donde las manos eran las mismas sin importar el tono del color verde de la ropa.

Con los años tuve que ir a muchos sitios donde la naturaleza puso en prueba el temple de los mexicanos y ahí en medio de la tragedia eran los soldados y marinos los que sumaban sus manos a los de otros, pero también los que llegaban a poner de nueva cuenta el orden cuando el desastre parecía que todo lo colapsaba.

Recuerdo unas lluvias intensas en Chiapas donde se hizo un puente aéreo para llevar ayuda, sin embargo, la situación era tan grave que los aviones (Hércules) aterrizaban en trozos de carreteras removidos por la lluvia.

Los rescates vía helicóptero en Tabasco, en Huracanes de Guerrero y Veracruz; por cierto, recuerdo con especial agrado y más antojo, un pollo a la cacerola que militares que instalaron un albergue en Tulancingo me ofrecieron de comida cuando las inundaciones me obligaron a llegar hasta la comunidad más alejada e incomunicada para verificar que todo se había perdido, menos la posibilidad de una comida caliente.

Con estos recuerdos no es raro que al término del pasado sexenio una de las pocas instituciones que contaban con la aprobación y admiración de la sociedad fueran las fuerzas armada (secretarías de Marina y Defensa Nacional) por encima –mucho- de la iglesia y los partidos políticos.

Por ello ahora que se encuentra en debate la militarización del país a través de la Guardia Nacional, no entiendo la razón por la que el presidente López quiere que las fuerzas armadas estén en las calles y que hagan de todo –construir y operar aeropuertos, vender terrenos, edificar casas y cuidar a la sociedad- porque se busca afectar la confianza de la gente para su Ejército.

Cuando Felipe Calderón diagnosticó la fuerza del crimen organizado pidió la ayuda de las fuerzas armadas, porque los soldados y marinos eran la última línea entre un narco estado y la democracia, se suponía que mientras las fuerzas armadas cuidaban a los gobiernos estatales, empezarían la creación de los nuevos cuerpos de policía.

Sin embargo, para los gobernadores de todos los colores y sabores fue más cómodo pedir la presencia de militares que capacitar y afrontar su responsabilidad en materia de seguridad.

Con Peña, lo único que las fuerzas armadas pedían era un marco legal para su actuación, porque de verdad esta cañón defender a la sociedad de “los malos” que suelen andar bien armados, cuando por cualquier cosa los acusa Derechos Humanos, incluso, los acusan de homicidas.

No olvidemos que López acusó a las fuerzas armadas de usar su fuerza de manera desproporcionada en un operativo; creo que en Tamaulipas, en el que se disparó desde un helicóptero.

Y ahora ese candidato, en su papel de Presidente, busca afectar la estructura de la democracia mexicana colocando al mando de la Guardia Nacional a militares, y que se entienda, el rechazo a esta medida nada tiene que ver con un juicio anticipado de lo bueno o malo, solo es el hecho de que el Ejército debe proteger la soberanía del país y la Guardia Nacional la seguridad de la sociedad y ambas son tareas diferentes que exigen una capacitación y adiestramiento diferente.

Se entiende que los militares deben capacitar y crear a la Guardia Nacional y después regresar a los cuarteles, porque hace años, hace dos sexenio, el Presidente Calderón en su papel de Comandante Supremo de las Fuerzas Armada pidió ayuda, hoy de lo que se trata todo, es permitir a los soldados hacer su tarea, sentirse orgullosos, poder decir misión cumplida y regresar a los cuarteles a continuar con su labor.

Cualquier otro uso o atribución que se dé a las fuerzas armadas es anticonstitucional, antisocial y antidemocrático, pero sobretodo, es poner en riesgo el futuro de por lo menos un par de generaciones.

Ok…Dicho lo anterior, basta aclarar que hasta aquí alcanzaron seis grandes y amplios reales… Señoritas, si es su interés unos tequilas junto con mi cámara queda célebre correo: medinaarturo@gmail.com

Si la cosa es más seria, más de “me urge que me cuenten las pecas de la espalda” con una copita de barro negro de mezcal, pongan algo en el blog https://callemelancoliatgo.wordpress.com/

Como todo columnista serio y de primer mundo (sí, ajá) estamos en http://www.facebook.com/kolia25

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Hasta la próxima, que todo parece indicar, será el viernes, ojalá