Ese México que no volverá

“…Dices que la suerte no para en tu portal,
que lo que Dios te da, Dios te lo quita,
Y sé que no es tu fuerte, pensar en los demás
ya no me das pena, señorita…”

Christina Rosenvinge

Gracias a dios la semana termina y por consecuencia lógica inicia el bendito fin de semana; no sé ustedes, pero las tardes están entre cerveceras y hoteleras, entre frío y besos; vamos, para que entiendan, como para buscar una habitación con la compañía correcta, para jugar a “eso que me gusta, eso que me das”.

Sin embargo, también está como para “estirar las piernas” y recorrer calles que antes tenían sentido, pecado, anécdotas y, ahora, en el mejor de los casos, sólo existen en ellas un nuevo conjunto de edificios, con bardas donde el paso se encuentra prohibido, se escriben nuevas historias en no más de 60 metros cuadrados, eso sí, con todos los servicios y área común para carne asada.

De ese México que ya no existe, que ya no volverá, algo que realmente añoro son las noches, sus sitios, ese glamur en que ellos y ellas salían al teatro, al burlesque, al cabaret. Pese a lo que se piensa, esa forma de vida nada tiene que ver con el antro de ahora, con el “tubo” y las bailarinas exóticas.

El burlesque nace en Francia y toma fuerza en la segunda mitad del siglo XIX como el teatro de revista, donde la risa es la herramienta perfecta para criticar a la clase política, a la clase acomodada, a esa que no solían acudir a estos lugares, por no estar a la altura (según ellos).

En México las carpas fueron –dicen- antecedentes de los teatros de burlesque, sin embargo, a mí me gusta pensar que nacieron casi a la par, las carpas se nutrían del burlesque y al revés, porque en ambos había un cómico, bailarinas, música en vivo pero sobre todo: vedettes.

La vedette era la estrella del espectáculo, la figura central, en mucho porque además de tener una bella figura, vamos para los estándares de la belleza de la segunda mitad del siglo pasado, mujeres voluptuosas con carne en los huesos y altas.

Ellas eran las estrellas porque además de su cuerpo, cantaban, tocaban algún instrumento o varios, bailaban y en ocasiones hacían acrobacias.

Al ser las figuras centrales era necesario que tuviera conocimientos de producción, de escenografía e incluso de administración y contabilidad para que no la hicieran maje con las cuentas al final de la noche.

Pero ese era el costo de ser la “reina de la noche”, la vedete sabía que al entrar a escena las miradas se centraban en sus movimientos, en su ropa, en lo que se veía y en lo que era sugerente.

Ellos admirando… Acaso deseando, ellas admirando y, por qué no, también deseando; ese era su público que solía pedir la botella y nunca perdían la compostura, no eran los borrachines que se duermen en la mesa, sino los caballeros que disfrutaban beber y ver un buen espectáculo.

A principios de este año una de las “estrellas de la noche”, Wanda Seux, sufrió un derrame cerebral después de una larga lucha contra el cáncer de mama; el resultado es que necesita apoyo de su público, pero sobre todo, económico para salir adelante.

Un grupo de estrellas se organizó para este viernes recordar parte de esas noches de cabaret, burlesque y glamur.

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A falta de teatros para el noble arte del cabaret, fiel lectora hace su arte en los pasillos de la Alameda Central. Bien por ella y mejor por nosotros que la encontramos.

Wanda, no sé si ustedes sepan, hizo carrera en México, pese a nacer en Paraguay en… Perdón, pero un caballero nunca va a revelar la edad de una dama, lo que sí puedo decir es que sus padres eran de origen francés y siendo muy joven fue obligada (por tradición familiar) a casarse.

Wanda llegó a México en 1976, con un espectáculo del tipo Shirly Macleine y Liza Minnelli, donde además participaban bailarinas del célebre cabaret Lido de París, por lo que se convirtió en una figura clave de las noches en la Capital ya fuera en el Hotel Regis o en Marrakesh.

Si tiene la oportunidad de leer la columna, el viernes antes de que sea tarde, de verdad dese una vuelta al Teatro Garibaldi, donde se presenta un espectáculo altamente recomendable llamado “Reviviendo las Noches del Follie Bergere”.

El título hace referencia al teatro que estaba cerca de Garibaldi y que desde 1936 fue un sitio obligado para el público más exigente, pero el foro para artistas, vedetes, cómicosmúsicos.

De esa época de ese México que ya no existe y que por desgracia no volverá, aparte del célebre Follie,recuerdo El Capri del Hotel Regis y las Fabulosas en la zona de San Cosme, sé que había muchas más pero a mí por desgracia me tocó solo la parte final de esas noches mágicas.

Ok… La tares para este fin de semana, es ir a ver este espectáculo, de lo contrario conocer más de esa época para tener elementos que permitan el noble arte de añorar o mejor aún, apoyar con lo que se pueda a Wanda.

Dicho lo anterior solo basta aclarar que hasta aquí alcanzaron 4 reales… Para mandar fotos o pedir tu imagen erótica queda célebre correo: medinaarturo@gmail.com

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Hasta la próxima que todo parece indicar que será el miércoles.