Del pasado efímero

“…Tres veces heredó y tres ha perdido
al monte su caudal; dos ha enviudado.
Sólo se anima ante el azar prohibido
sobre el verde tapete reclinado…”
Joan Manuel Serrat

Sabe usted, una de las ventajas de la vejez es tener la capacidad de tener historia que contar, de disfrutar sin prisas y con conocimientos de una taza de café, pero sobre todo tener la capacidad de sorprenderse en cada paso.

Pese a ser un viejo reportero, me niego rotundamente a creer que todo tiempo pasado es mejor, por el solo hecho de despreciar o menospreciar el presente.

Lo cierto es que el presente suele ser complicado o por lo menos para mí que tengo los gustos definidos y que se supone soy intolerante en eso de que me cuestionen a cada paso que doy.

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Y cómo estará el pasado tan efímero que “alegre dama” se sonroja y no puede menos que mirar ante el beso de dos amantes, debutantes… En un rincón de la Alameda

Antes, cuando era joven (ya llovió pensará usted y tiene razón) uno llegaba a la tienda y pedía unos cigarros, si era nuevo en el lugar, le preguntaban de uno o de los otros, si ya se era un parroquiano frecuente ese trámite se superaba.

Ahora una va a esas tiendas de conveniencia y pide unos cigarros y la pregunta es ¿de cuáles? Uno dice una marca, la que sea y llega otra pregunta. ¿Regulares, medios, mentolados, ligeros, extra largos, extra cortos?

Uno responde regulares y en lugar de recibir el ansiado producto llegan más preguntas, ¿cajetilla dura o blanda? Qué carajo es eso, lo único que yo quiero es un cigarro y el tiempo suficiente para entre humo y humo evocar, unas ricas piernas que en el pasado se abrieron para mí.

Peor aún, que la tarde está cervecera, que es tiempo de estirar las piernas para llegar a ese sitio ideal y pedir una “chela” fría, muerta, helada… ¿Qué sucede? Uno se sienta, saca los “recuerdos” pide una cerveza y más preguntas.

¿Qué marca, caguama, en vaso, ligera, media, en tarro, directo en la botella, de cereza, artesanal, de sabor?

Yo que sé… Antes todo se reducía a tres sencillas alternativas, “blanca, obscura o mixta” mejor conocida como campechana, no había más problemas, uno sabía que la cerveza se sirve en copa, fría como la muerte, reparadora como la entre pierna de una mujer y, si acaso, se acompañaba con cacahuates.

La vida en la actualidad es muy complicada, todo se renueva, todo necesita actualizaciones, permisos, todo, pero absolutamente todo, requiere estar conectado, vinculado, agregado.

Aún recuerdo la primera vez que hice una llamada desde un móvil, todo tan sencillamente complicado, marqué, esperé, se escuchó un tono, dije lo que tenía que decir, colgué, verifique que se cortará la llamada y puse a cargar “mi litro de leche” porque en esos minutos ya se había acabado la pila.

Ahora, mi teléfono dice que es inteligente y todos los días me pide actualizaciones, me pide vincular mi correo, con mis fotos, con mis contactos, con mis redes sociales con mis vicios y virtudes.

O sea, todo junto, porque así –dicen- la vida es más fácil, pero si lo pierdo o me lo roban (el móvil) entonces un desconocido tiene en su mano el poder para saber qué me gusta, cómo me gusta y hasta por dónde me gusta.

Muy complicado, todo tiene que estar conectado, unido, junto… Ahora cuando presumo teléfono nuevo, no me preguntan ¿Qué tal cómo se escucha? Me dicen ¿Cuántos megas? ¿Cuántos pixeles? ¿Es touch? ¿Es android? ¿De qué generación es? Y yo con cara de NPI.

Sin duda la vida es ahora mucho más complicada, antes, en mis días… Uno quería una hamburguesa y las opciones eran “sencilla” o doble, con queso o sin él y ya… Ahora en los locales de comida rápida el mismo concepto tiene muchos nombres, las hay con tocino, aguacate, con fórmula secreta, con salsa secreta, con pan negro, de centeno, integral, para vegetarianos, para enfermos de colesterol, con aros de cebolla, con papas a la francesa, con papas en gajos, con papas en rejilla, en cajita feliz, en bolsa ergonómica, de pez, pollo, toro, toro que murió sin sufrimiento. O sea, uno solo quiere comer una hamburguesa.

Peor aún, antes te gustaba una persona, preguntabas sus gustos los adaptabas a los tuyos y con tiempo y un ganchito, en un par de días estaban los dos desnudos sobre un colchón retozando como dios manda.

Pero ahora si te gusta alguien, tienes que saber si es emo, dark, gotica, si es lesbianas, bi, buga, gay, hetereo, si es de izquierda o derecha, si es creyente o no, si apoya a AMLO o al PAN, si es vegetariana o carnívora, si le gustan los hombres, las mujeres, ambos, si es activo o pasivo, si es barrio, fresa, si es una “One Direction”, fresa, roquera, chica banda o le gusta la banda que no es lo mismo y mucho menos es igual.

Entonces, ante nosotros muchas variables, muchos contras antes de poder estar con otra persona desnuditos jugando al “eso me gusta, eso me das”.

En mi época eso era más sencillo y por ende, no sé usted, era mejor.

Para decir adiós

Ok… No teniendo nada más que decir… Solo basta recordar que para declaraciones coquetas o confesiones candentes queda el correo: medinaarturo@gmail.com

Pero si la urgencia es mayor y es menester el análisis en ropa interior o mejor aún en cueros, pongan algo en el blog https://callemelancoliatgo.wordpress.com/

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Hasta la próxima.