Breve lección de economía

“…Entre dos amores voy como hoja al viento
uno es el que tengo, el otro es el que siento
uno es tan suave, el otro tan fiero
uno me da paz, el otro miedo…”

Ana Belén

Con los años, se dice, uno se vuelve sabio.

En mi caso diré que a lo mejor soy menos atolondrado; porque, vamos, sabiduría, lo que se dice sabiduría, pues no tengo, más bien voy por la vida en el constante juego de “acierto y error” y, ahora, “tres pasitos para adelante y dos para atrás”.

Sin embargo hay cosas que como dice el corrido “presente tengo yo” que me han servido para hacer de este “valle de lágrimas” un lugar más cómodo para vivir, si el asunto es pasarla mal, por lo menos debemos tener un buen asiento.

Si de penas se trata, lo ideal es pasarlas con pan y si el pan es de buena calidad, mucho mejor, uno puede soportar el susto por un sismo con una rebana de pan de caja o mejor aún con una concha recién horneada acompañada de una generosa cantidad de nata.

La diferencia, es obvia; la rebanada de pan sirve para pasar la pena y la otra pues es un pequeño lujo “pero creo que lo valgo”. La verdadera diferencia se centra en tener dinero para poder consentirse o tener que apechugar lo que venga con lo que se tenga.

La vida no trata de lograr grandes conquistas, ni laborales, ni deportivas, ni mucho menos políticas, el sentido de la existencia es pasarla bien, disfrutar de las cosas que nos gustan: un buen queso, un mejor tinto y de ser posible, un exquisito flan con una copita de anís y por supuesto, un purito, digo, para una buena digestión.

Para que esto sea realidad, hay que trabajar, pero ojo, sólo para tener acceso a estos detalles que hacen de la vida un mejor lugar, lo demás es una pérdida de tiempo, cuando un estudiante saca más de seis no se trata de inteligencia, es tan solo vanidad.

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Y del baúl de los recuerdos, una de mis fotos favoritas: fiel lectora y gran amiga.

Pensemos que México es una sexo servidora; ya sabe, falda corta, tacones dorados, y que nos encontramos –como país- en una esquina de la calzada de las Naciones y los clientes (inversionistas) quieren dejar sus recursos y sus pasiones en las señoritas que ofrezcan  y enseñen más.

Obvio, para poder tener muchos clientes (inversionistas) es necesario ser atractivas (que nos vean bonita), eficientes (que puedan pagar en efectivo o tarjeta), tener juguetes para entretener al cliente (infraestructura) y ser derechos, no robar, ni abusar de la confianza de las personas que solicitan nuestros servicios, (tener un marco legal que se aplique y se respete).

Puede ser que seamos atractivas pero si un cliente se va con nosotros y ante la pregunta de ¿Cuánto? Damos un precio y después de la faena decimos que en realidad es más porque cobramos de menos o el usuario tiene más dinero, esa persona nunca, pero nunca regresará, es como contratar a una empresa para crear un ducto de gas y después decir que nos cobraron de más.

En la medida en que tengamos más clientes, (inversionistas)  tendremos más recursos (crecimiento del Producto Interno Bruto) con ello nuestros dependientes económicos (población) tendrán la posibilidad de comer más y mejor (a mayor crecimiento, más entretenimientos, viajes, estudios) y con ello la economía se mantiene activa.

Mejor aún, nuestra casa tendrá una computadora, televisión, quizás lavadora y secadora, (de manera indirecta crearemos empleo) obvio, podremos comprar un departamento (o sea, podremos invertir en infraestructura) y si le echamos ganas después lo vendemos para tener una casa.

Uno podría pensar, “oye, pero qué feo decir que México se dedica a la profesión más antigua del mundo” ¿qué no habría otra forma de explicarlo?, pudiera ser, pero a lo que quiero llegar es que según dice Bill Gates “la vida no tiene por qué ser justa”, el país se encuentra en un mundo donde lo que rifa es la economía de mercado, es decir, la supervivencia del más apto y créanme que para sobrevivir se necesita mucha capacidad.

Lo ideal sería que los clientes (inversionistas) fueran gente buena que nos apoyara porque son “moralmente elevados”, pero no, ellos tienen dinero y su objetivo es disfrutarlo, entonces ese es el entorno que nos tocó (el orden internacional) y tenemos de dos, o nos adaptamos o nos aislamos, pero no hay nada más triste que una sexo servidora sola en la esquina de alguna calle.

Por supuesto, es un error pensar que si tengo “otros datos” puedo darme el lujo de morir de hambre pero con la dignidad intacta, nuestro país vive y compite en un mundo global donde el dinero marca los tiempos y las formas, donde después de hacer negocios sale sobrando si somos “honrados”, “austeros” o “decentes”.

No se me debe malinterpretar, la honradez no es motivo para criticar a quien trabaja, mientras se haga de manera lícita, adelante, así sea en el sexo servicio, el dinero bajo el colchón no es austeridad, es tontería, el efectivo sirve para gastar (generar crecimiento), pero sobre todo para dar satisfactores (infraestructura y servicios) si el dinero se usa solo para tapar “parches” cuando el “agua llega al cuello”, no rinde, no sirve y no alcanza.

Alguien en las redes decía de manera muy curiosa que antes (con los corruptos) alcanzaba para todo, y ahora (con los honrados) no alcanza para nada y hay mucha razón en el comentario.

México se está convirtiendo en esa sexo servidora tacaña que un día terminará sus días por anemia, con un bolillo en la cocina y miles de pesos en el colchón; suerte para quien encuentre el cadáver.

Ok… Dicho lo anterior, basta aclarar que hasta aquí alcanzaron 10 grandes y amplios reales.

Señoritas, si necesitan de unos tequilas para estar frente al lente de mi cámara, pueden comunicarse a célebre correo: medinaarturo@gmail.com

Si la cosa es más seria, más de “me urge que me cuenten las pecas de la espalda” con una copita de barro negro de mezcal, pongan algo en el blog https://callemelancoliatgo.wordpress.com/

Como todo columnista serio y de primer mundo (sí, ajá) estamos en http://www.facebook.com/kolia25

También nos pueden mandar insultos y peladeces a @25kolia

Hasta la próxima

Ojalá.