Vacunas, votos y violencia, la realidad mexicana

Hay dos vías para hacer política: la pragmática y la caótica. El presidente López Obrador es partidario de la segunda. Bloqueos de pozos petroleros, plantones en Paseo de la Reforma, mandar al diablo a las Instituciones, reñir con la prensa, con empresarios, defender a funcionarios indeseables, medir con vara distinta si el hermano incómodo es exhibido recibiendo dinero y proteger al ex priista Manuel Bartlett Díaz, son tan sólo una pequeña muestra que confirma el estilo virulento, anacrónico y complicado del tabasqueño.

No se puede negar que, como todo político, posee el gen camaleónico para transformarse en el momento adecuado.  Por ejemplo, durante meses se opuso a que alguien más, que no fuese el gobierno federal, comprara las vacunas anticovid. Obcecadamente mantuvo inamovible tal posición.

Sin embargo, el brutal repunte de contagios y la avalancha de muertes por Covid-19 lo colocó en un tobogán rumbo a las elecciones del próximo 6 de junio y obligó a autorizar a los gobiernos estatales y a la iniciativa privada a comprar las vacunas.

La condenable dilación con la cual en Palacio Nacional se dignaron autorizar a que otras personas busquen obtener la ansiada vacuna, es una inmoral maniobra política que pretende tardíamente detener el desastre que provocaron con la fatal atención a la pandemia. López Obrador sabe perfectamente que, si logran firmar contratos con alguna farmacéutica, las entregas se realizarían hasta fin de año o inicios del siguiente.

Con más de 150 mil muertes por SARS-CoV-2, la peor tragedia nacional arrecia cada minuto. A pasos agigantados el drama se cierne sobra miles de hogares en México. La gente está muriendo en los saturados hospitales públicos, privados y en sus casas por la falta de espacio.

Sí, nuestro país evidencia las consecuencias de un sistema sanitario gubernamental en franco deterioro, afectado por una pésima planeación para adquirir insumos y medicamentos a tiempo, soberbia política y mucha negligencia en las altas esferas del poder.

Al brutal ritmo que aumentan los contagios por Covid-19, muy pronto México desplazará del tercer lugar a la India en fallecimientos. Este dato, terrorífico por sí mismo, comprueba la deplorable respuesta del gobierno obradorista a la pandemia, pues India, con 1,350 millones de habitantes, registra, según datos de la Universidad Johns Hopkins, 153,339 muertes contra las más de 150,000 reconocidas por el gobierno morenista en un país cuya población es de 126 millones de habitantes.

Empero la calamidad alcanzó niveles de repudio generalizado cuando el gobierno politizó la campaña de vacunación e involucró a sus operadores políticos en tierra, los mal llamados “servidores de la nación”, los mismos que atienden los programas clientelares del presidente López Obrador. El descaro es total. La preocupación del tabasqueño son las elecciones del próximo 6 de junio donde su partido puede salir bastante abollado y perder, entre otros, el control de la Cámara de Diputados.

Actualmente, en pleno pico de contagios y decesos, el jefe del Ejecutivo se resistía a dejar sus giras proselitistas y al uso del cubrebocas, confiando en los “detentes”, no obstante, ya dejaron de funcionarle, pues informó estar contagiado y con síntomas leves.

Otro factor de preocupación para López Obrador, es la inseguridad que avasalla a la población. Este domingo, mientras blofeaba en San Luis Potosí de que “ya se están sintiendo los cambios, ya hay resultados para garantizar la paz y la tranquilidad”, los medios de comunicación difundían noticias de otras masacres en diversos puntos de la República.

En Tamaulipas, fueron hallados baleados y calcinados 19 cuerpos (Proceso bit.ly/368E7Hz), mientras que, en León, Guanajuato, ejecutaron a cinco integrantes de una familia, entre ellos a una niña de 11 años (El Universal bit.ly/2Yd5HiJ). Es la realidad mexicana: ciudadanos están muriendo por Covid-19, balas y carencia de vacunas.

Faltan poco más de 120 días para acudir a las urnas y muchos votantes esperan la fecha para cobrar facturas. El país no está mejor que con gobiernos anteriores. La #4T, para un amplio sector de la población, ha sido una utopía. Ningún cambio se ha producido.

Actualmente hay más pobres, mayor desempleo, más violencia e inseguridad y pocos o nulos resultados en el combate a la corrupción. En lo que sí hay vastedad, es en discursos incendiarios y polarización.

VERICUENTOS

Monreal, ¿atrapado en las redes?

Las “benditas redes sociales” que ayudaron al triunfo de la #4T, son ahora un peligro, pasan al bando de los enemigos y Ricardo Monreal, presidente de la Jucopo en el Senado, propuso la idea de regular la actividad en redes sociales para conservar el derecho humano a la libre expresión. Advirtió que Morena regulará la actividad de las plataformas digitales para tener el manejo y control desde el Estado. Sin duda, un tema polémico y complejo. Basta recordar que sólo los estados con regímenes dictatoriales han podido controlarlas a su manera. ¡¡UFF!!

@guillegomora

*Nota del editor: imagen en portada: especial Internet*