México y la indolencia nacional

¿En qué país vivimos? El hallazgo de un bebé encontrado en el basurero del penal de San Miguel, en Puebla, confirma el horror y terror con el que sobrevivimos en México. La barbarie se ha vuelto cotidiana. La mancuerna impunidad-corrupción nos llevó a la indolencia.

¿Perdimos la capacidad de asombro en el país, donde la vida, dicen, no vale nada?

Los muertos se suman por cientos todos los días, en diversos frentes de una especie de guerra generada por la delincuencia. Se rompieron los códigos y las masacres involucran a mujeres y niños. Basta recordar la tragedia de Bavispe, Sonora, (2019) donde murieron nueve personas (tres mujeres y seis menores)

Sujetos armados dispararon contra las camionetas donde se desplazaban las mujeres y niños de las familias LeBarón, Langford y Miller y luego las incendiaron. A más de dos años de este crimen la justicia sigue sin llegar.

Tan sólo 2021 cerró con al menos 62 masacres y 436 muertos en 16 entidades del país, de acuerdo con reportes periodísticos y datos de las Secretarías de Seguridad Pública y Fiscalías locales.

La descomposición es tal, que las actividades relacionadas con el crimen organizado son vistas como “empleos” y se mezclan con la religión y la cultura. Ahí está Jesús Malverde, “el santo de los narcos”, y los narcocorridos, obras de veneración musical por los líderes de los cárteles de la droga y su actividad ilícita.

Algunos niños y jóvenes, lo ven como una aspiración de poder y dinero fácil. Como aquel detenido en el 2010, “El Ponchis” o “El niño sicario”, que confesó haberse iniciado a los 12 años y haber decapitado al menos a cuatro personas.

El caso conmocionó a México, pero hoy, lamentablemente, muchos menores están en las filas de los cárteles y de la delincuencia, desempeñando tareas de halcones, narcomenudeo, robo a mano armada, huachicoleo y lo que se les ordene, sin el menor asomo de miedo o de vergüenza, incluso apoyados por su familia.

La abulia, la ignorancia, la impunidad y la corrupción están detrás del México bárbaro -decadente- que ha legitimado y entronizado al narcotráfico; al huachicoleo; al robo de trenes; al contrabando y la trata de personas, donde los valores fueron reemplazados por los códigos del crimen organizado.

Códigos que han llevado a México a una crisis humanitaria con los miles de desaparecidos y desplazados por la inseguridad y la violencia. De acuerdo con el Comité Internacional de la Cruz Roja para México y América Central, en el país hay 39 mil cuerpos no identificados y 89 mil personas desaparecidas. Una tragedia que generó otra: ahora asesinan a quienes buscan a sus familiares.

Y qué decir de la violencia contra las mujeres. La ola de feminicidios en México continúa imparable: 1,004 muertes en 2021. La cifra más alta desde que comenzaron los registros en 2015.

Una evidencia más de la violencia machista, en un país criticado por no atender la inseguridad que padecen las mujeres y por una elevada impunidad en la mayoría de delitos.

Además, ejercer el periodismo en México es una profesión de alto riesgo. En lo que va del año han asesinado a 3 colegas. En 2021 mataron a 10 y la cifra negra nos ubicó como el segundo país con más periodistas asesinados en el mundo.

México Evalúa, presentó en octubre pasado un informe sobre la impunidad en el país y asegura que 94.8 % de los casos denunciados quedan sin castigo como resultado de “un sistema que no cuenta con herramientas de priorización ni capacidades suficientes”.

Sin querer, queriendo, hemos normalizado las tragedias; nos escandalizan, enojan y aterran. Sin embargo, pronto se olvidan los muertos. Sólo queda la exigencia y el eco de la justicia.

Una demanda que se ha convertido en el gran desafío del Estado y del gobierno de México desde hace muchos años y ha quedado en la retórica de los discursos, abonando la indolencia del sistema político mexicano ante la barbarie y los muertos. Una indolencia que justifica la incapacidad de asumir las responsabilidades del Estado: procurar e impartir justicia.

VERICUENTOS

Monreal, en la mira

Fieles a su ADN, la bancada de Morena se dividió. La mitad de sus integrantes -unos 30 de 61- alistan para el próximo viernes una reunión que alertó al grupo del coordinador Ricardo Monreal. El encuentro se realizará un día antes de la plenaria del grupo (29 y 30 de enero), según la convocatoria, debatirán el futuro de la Comisión Especial para Investigar Abusos de Autoridad en Veracruz. Dicen que no fue consultada ni acordada al interior de la bancada. Entre los convocantes están los senadores ultras de Morena: Antares Vázquez; César Cravioto; Higinio Martínez, José Antonio Álvarez Lima; Napoleón Gómez Urrutia y hasta la ex presidenta de la mesa directiva del Senado, Mónica Fernández Balboa, a quien se consideraba monrealista. ¿Estamos ante otra prueba de la “lealtad a ciegas” que exige el inquilino de Palacio?  El lema de los rebeldes es “Somos leales al proyecto de la 4ª Transformación y al Presidente Andrés Manuel López Obrador”. ¿Seguirá Ricardo Monreal como su coordinador? ¡Uff!

@guillegomora

*Nota del editor: imagen en portada: especial Internet*