¿Y el “escenario catastrófico”, apá?

México superó el viernes pasado las 300 mil defunciones por Covid-19. Cifra muy distante de las 60 mil calculadas en el “escenario catastrófico” del fútil y errático subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell. El sábado último, el país registró 30 mil 671 contagios con lo cual rompió el récord desde que inició la pandemia.  Además, es quinto lugar mundial a causa de los decesos pandémicos.

Llama la atención que desde los más altos niveles de gobierno, pasando por funcionarios morenistas y el infaltable ejército de corifeos y sus dóciles seguidores, así como ciertos merolicos enquistados en algunos medios de comunicación, se afanen en tratar de minimizar la cuarta ola del SARS-CoV-2 que azota a la república mexicana. Bajo la peregrina excusa de que la variante ómicron es menos perniciosa que sus predecesoras, el libertinaje continúa en las calles, estadios, centros comerciales, restaurantes y actos públicos patrocinados por autoridades. Las consecuencias muy pronto llegaron.

La gravedad de la pandemia, no obstante, va más allá del simplismo en el que la pretenden ubicar gobierno y aplaudidores. Una muestra de ello es lo que está sucediendo en el país relacionado con el sector aeronáutico. A partir del fin del fin de semana reciente, se han registrado tumultos en salas del Aeropuerto Internacional Benito Juárez, debido a la cancelación de docenas de vuelos porque se detectaron pilotos y sobrecargos contagiados de covid, en mayor número los de Aeroméxico.

Otra actividad, relevante por su impacto social, es la del futbol. Este viernes inició El torneo #GritaMéxicoC22 de la Liga BBVA Mx con la mayoría de equipos mermados por contagios. La alta capacidad del ómicron –variante dominante ya en la Ciudad de México- para contagiar la hace en extremo peligrosa. Así lo advirtió la Organización Mundial de la Salud (OMS) el jueves último, al advertir que “la variante Ómicron del virus SARS-CoV-2 está hospitalizando y matando personas, y ocasionando un tsunami de casos”.

“Al igual que las variantes anteriores, Omicron está hospitalizando y matando gente. De hecho, el tsunami de casos es tan grande y rápido, que está desbordando los sistemas sanitarios de todo el mundo”, dijo. “Los hospitales están saturados y faltos de personal, lo que se traduce además en muertes evitables no sólo por COVID-19 sino por otras enfermedades y lesiones en las que los pacientes no pueden recibir la atención oportuna”, alertó el director general de la OMS. México no es excepción, y tiene en contra su deficiente y burocrático sistema de salud público.

Con un grave desabasto de medicamentos y equipo, originado en el actual sexenio, el personal médico de los hospitales dependientes del gobierno hace lo humanamente posible por atender a los contagiados. En no pocos casos, los pacientes son remitidos a sus casas con recetas “light” que no pueden ser surtidas por la carencia de medicinas. Eso hace aún más peligrosa la avalancha de contagios que superó ya el pico más alto en toda la pandemia. El crecimiento exponencial está a la vista aunque algunos obtusos ignorantes se nieguen, convenencieramente, a ver lo evidente.

Superado cinco veces el mencionado “escenario catastrófico”, el gobierno de México está más que obligado a dejar de escuchar a funcionarios ineptos como López-Gatell y actuar de forma responsable porque los muertos no son los 300 mil 101 que admite; de acuerdo al exceso de mortalidad y cálculos realizados por diversos especialistas, la cifra real por defunciones debido al covid-19 se ubicaría alrededor de 600 mil. Es la cruda dimensión de los “otros datos” pandémicos.

Por eso, con la experiencia de las primeras tres olas, el pueblo bueno se ha volcado a que le realicen pruebas para detectar el “bicho”. Parece que ya no recibe a ciegas el discurso demagógico del “no pasa nada”, “no nos metan miedo” o que de plano ya no confía en la panacea de lo detentes ni en la omnipotente protección de las estampitas. Hace tres años se confiaba totalmente; eso cambió.

Que la gente acuda a procurarse la prueba del covid-19, es buena señal dentro de esta cuarta ola. Que funcionarios y bufones se comporten de modo aldeano y miserable para privilegiar sus intereses políticos y personales es condenable. Se comprueba una vez más que ningún político va a hacer por nosotros, lo que en sentido estricto debemos hacerlo nosotros mismos. Lo hemos visto durante siglos, durante sexenios, y en éste no es excepción alguna.

STATU QUO

  • VERACRUZ Y ZACATECAS, A LOS PIES DEL NARCO

Los diez cuerpos abandonados la semana pasada dentro de una camioneta justo frente al Palacio de Gobierno de Zacatecas, es un reto franco no sólo al gobernador de la entidad, sino al mismo presidente López Obrador. Es una provocación, reconoció el mandatario. Y esa provocación se magnifica con la barbarie en Veracruz, donde nueve cuerpos, también con señales de tortura, fueron localizados el viernes y 24 horas después, otros cuatro fueron dejados cerca de Xalapa.

Es claro que nunca funcionaron los histriónicos abrazos.

@BTU15

*Nota del editor: imagen en portada: especial*