Y cuando amanecimos… allí estaba Trump

Al mediodía de este martes, los mercados financieros en el mundo reflejaban optimismo y daban por descontado el triunfo de Hillary Clinton en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos.

Conforme avanzaron las horas, el júbilo se fue desvaneciendo. Las encuestas comenzaron a mostrar la realidad: Donald Trump se adelantaba en los resultados. El llamado voto oculto emergía y apuntalaba al candidato republicano. Por la noche, la debacle de Clinton se confirmó y Trump se convirtió en presidente electo del país del norte. No era una pesadilla, era el inicio de ella.

No obstante el discurso conciliador del señor del peluquín, luego de oficializarse su victoria, la etapa de incertidumbre y penurias para México se vislumbra en el horizonte. Siendo nuestra nación dependiente en altísimo grado de los Estados Unidos en áreas neurálgicas como el comercio, la economía, y particularmente por los millones de compatriotas residentes que aportan anualmente miles de millones de dólares a través de remesas, la sumisión del gobierno de Peña Nieto le impide desde ya, alzar la voz al detestable ganador republicano.

Uno de los primeros “efectos Trump”, es que el peso se depreció hasta 20.25 y la Bolsa Mexicana de Valores, perdía, al escribir esta columna -10 de la mañana-, 793.57 puntos, 1.64%. Esto fue lo inmediato. Lo más grave vendrá después, cuando el controvertido millonario asuma el poder.

Definitivamente, aunque el Gobierno insista vanamente, México carece de los recursos y la estrategia adecuada para hacer frente a las locuras que puedan ocurrírsele a Donald Trump con el propósito de perjudicarlo. Hoy solo escuchamos palabrería inservible y demagógica, pero no vemos cómo Enrique Peña Nieto y su equipo puedan evitar el misil que representa la llegada del republicano a la Casa Blanca (la verdadera). Como en otros problemas que aquejan al país, el gobierno priista no tienen la más remota idea de lo que debe hacerse con eficacia.

Que sí estamos blindados, que sí contamos con un crédito flexible, que sí estamos preparados para recibir a los miles de compatriotas que pudieran ser deportados, que se le hablará a Trump en tono respetuoso pero firme, en fin, las quimeras gubernamentales, son repetitivas y cansadas, los argumentos débiles y poco creíbles. Y el tsunami no empieza de manera oficial sino hasta el 20 de enero próximo.

La incertidumbre de numerosas familias que dependen de las remesas familiares está latente. También en los mexicanos de a pie –como usted y yo- que deben comprar medicinas, consumir gasolinas, adquirir insumos, ropa, o algún necesario electrodoméstico, y que con la depreciación del peso deberán pagarlos a precios más elevados.

Incluso la industria –pequeña y mediana, sobretodo-, acusará los efectos del encarecimiento del dólar en las importaciones de insumos y maquinaria, lo cual se trasladará, tarde o temprano al costo de los productos cuyo importe será pagado por los consumidores. El desempleo acecha.

Pobre México, tan lejos de la prosperidad, el desarrollo, la democracia, y la justicia, pero tan cerca de nuestros deleznables y perniciosos políticos y próximamente de un populista desequilibrado y racista que dictará el destino de nuestra querida y estoica patria, pues hoy, cuando amanecimos… allí estaba Donald Trump, ése que odia a los mexicanos.  

@BTU15