Violencia, el macabro legado de Mancera

En la Ciudad de México, el gobierno de Miguel Ángel Mancera se destacó por el crecimiento exponencial de la inseguridad, el desbordamiento del narcomenudeo y la presencia de diferentes cárteles del crimen organizado. Incluso, varios capos fueron detenidos por fuerzas federales en esta metrópoli, mientras que otros cayeron abatidos en operativos de la Marina Armada de México, como sucedió con El Ojos, líder del Cártel de Tláhuac y quien controlaba la venta de droga en el oriente del Valle de México.

No obstante, Mancera Espinosa se obcecó en negar lo evidente, lo que era y sigue siendo vox populi: el narcotráfico sentó sus reales en la mismísima ciudad capital, justo ahí, donde radican las sedes de los poderes; en el corazón político, social y cultural de la nación mexicana. Lo que se consideraba un reducto intocable, al que respetarían las organizaciones criminales, simplemente había claudicado, ante la incapacidad y ceguera de las autoridades capitalinas.

Sobre Mancera, hoy candidato plurinominal al Senado por el PAN, se generaron expectativas muy altas, luego de su paso como procurador local y de la alta votación, con la cual arribó a la Jefatura de Gobierno; sin embargo, la quimera pronto se diluyó, los graves errores en que incurrió durante su gestión dieron al traste con ello y la aprobación social a su trabajo no satisfizo a los capitalinos.

Durante la administración mancerista, la violencia se enseñoreó por todos los rincones de la gran capital. Los comandos de ladrones asaltando plazas comerciales o transportes de valores a pleno día se tornaron comunes; miles de atracos en las calles, negocios, viviendas y el transporte público asolaron como nunca a la población. El fracaso de Miguel Ángel Mancera en materia de seguridad era posible constatarlo con la alarmante alza en la incidencia delictiva. La CDMX pasó a ser, de la capital atractiva y segura, a un paraíso para toda clase de delincuentes y narcotraficantes.

Hoy, el terror provocado por grupos criminales establecidos en la Ciudad de México, y que se disputan el control de la venta de drogas y los delitos asociados a esa deleznable actividad —como la extorsión, cobro de piso, trata de personas y secuestro— parece que, todo indica, llegó para quedarse.

Así quedó demostrado cuando el domingo pasado los habitantes de la capital mexicana se enteraron de una noticia macabra: dos cuerpos descuartizados, de presuntos narcomenudistas, junto con una narcomanta, fueron encontrados esparcidos en Insurgentes Norte, una de las avenidas más emblemáticas de lo que alguna vez fue considerada la Ciudad de los Palacios.  

Las excusas de José Ramón Amieva Gálvez, quien sustituyó a Miguel Ángel Mancera en el cargo, al más puro estilo de éste, son igualmente cantiflescas y demagógicas; tan idéntico como su procurador, Edmundo Garrido, quien tuvo la puntada de asegurar al diario Milenio: “lo que ocurre en la CDMX son homicidios cometidos con extrema violencia, pero descarto que esto conlleve a grupos de la delincuencia organizada” (https://bit.ly/2JPx11N). Por actitudes como las de ambos funcionarios, la ciudad está sumida en la más profunda crisis de violencia de la cual se tenga memoria.

Faltan sólo unos meses para el relevo en el gobierno de la capital. Mientras tanto, el sucesor de Mancera, y sus subalternos, el mencionado procurador y el secretario de Seguridad Pública, Hiram Almeida Estrada, nadan de a muertito, carentes de resultados que proporcionen la seguridad  debida a cada ciudadano, pues desde hace tiempo caminar por las calles es una osadía mayor, abordar el inseguro transporte público es arriesgar la vida, y permanecer en algún restaurante conduce a la probabilidad de ser asaltado. Ya no se diga si se acude a un cajero automático o a una sucursal bancaria para realizar algún retiro. A cambio de ello, sólo se reciben excusas oficiales.

Y mientras Mancera Espinosa, un mediocre jefe de Gobierno, se alista para ocupar inmerecidamente una curul en la Cámara alta, el legado de su pobre gestión impacta negativamente a la ciudadanía, mientras que los cárteles del crimen organizado, esos que torpemente insistió en negar, se dan gusto distribuyendo y haciendo grandes negocios con la droga.

Por lo pronto, las cosas en la capital del país no son mejores que en Tamaulipas, Guerrero, Guanajuato o el Estado de México. La violencia se volvió cotidiana. A las autoridades de la Ciudad de México les resulta imposible tapar el sol con un dedo. Pero eso no importa. A partir del próximo 1 de septiembre un pésimo exjefe de Gobierno disfrutará de fuero y de los inconmensurables beneficios que representa convertirse en senador de la República, en tanto las calles citadinas se siguen tiñendo de sangre, de cuerpos desmembrados y saturándose de todo tipo de drogas.

STATU QUO

El sorprendente triunfo de la Selección Mexicana de Futbol sobre su similar de Alemania representó una pequeñísima dosis de alegría para un amplio sector de la población, en medio de tanta violencia y un oneroso e innecesario proceso electoral, lleno de demagogia, violencia verbal y física. Así que bienvenida la victoria del Tri en una nación eminentemente pambolera y ansiosa de buenas noticias.

@BTU15  

*Nota del Editor: Foto: Especial Internet*