UNAM, por encima del señor presidente

No soy universitario, pero me hubiese gustado tener tan elevado honor. La Universidad Nacional Autónoma de México es una de las instituciones más valiosas en todos los sentidos que la sociedad mexicana dignamente construyó; de ello, los mexicanos debemos sentirnos muy orgullosos.

La UNAM, desde su fundación, ha sido y sigue siendo formador de grandes profesionales, de excepcionales científicos, pensadores y humanistas que han honrado a nuestro país. Alfonso García Robles, Octavio Paz y José Mario Molina Henríquez, ganadores del Premio Nobel, son una muestra.

Además de tan noble y trascendental tarea, la Universidad Nacional es la gran oportunidad –en innumerables casos, la única- para que miles de mexicanos continúen cada año sus estudios profesionales y les proporcione la oportunidad de salir de la pobreza lacerante que impera en esta nación, situación en la que sobrevive la mitad de sus habitantes.

Está considerada como una de las mejores en América y es reconocida a nivel mundial. En ese marco de prestigio, es que cada año cientos de estudiantes extranjeros se matriculan para cursar diversos estudios en sus campus. Profesionales que se forjaron en las aulas de la máxima casa de estudios del país también despliegan su talento en instituciones y empresas alrededor del mundo.

Pero la UNAM no sólo forma en el aspecto científico, técnico y humano. Al cumplir con su propósito de universalidad está convertida desde hace años en un centro de pensamiento y debate; de análisis profundo y crítica sustentada. El trascendental movimiento de 1968 tuvo su génesis desde esa óptica. Merced a esa lucha estudiantil, la sociedad mexicana reflejó una invaluable metamorfosis vigente hasta nuestros días. Ni la brutal represión gubernamental pudo acallar a los universitarios.

Un gobierno aldeano que es incapaz de comprender la relevancia de la universidad pública, está condenado irremediablemente al basurero de la historia. Toda democracia está cimentada en el conocimiento, la libertad de pensamiento y el derecho inalienable a disentir. Los universitarios no son, por convicción, una mansa legión adoctrinada de aplaudidores del régimen en turno.

Resultan, por lo tanto, no sólo una aberración política, sino un agravio mayúsculo y una inmoral incongruencia, las afirmaciones de quien se benefició de la UNAM en calidad de estudiante y hoy está convertido en el presidente de México: Andrés Manuel López Obrador.

En la conferencia mañanera de este jueves, así fue la ofensa:

“Hasta la UNAM se volvió individualista, defensora de estos proyectos neoliberales, perdió su esencia de formación de cuadros, de profesionales para servir al pueblo”.

Obviamente, el profundo odio presidencial es porque no puede -ni podrá- someter a la comunidad universitaria. No obstante, López Obrador comete uno de los mayores errores desde que asumió el poder. Agredir a la UNAM es dispararse un obús en el pie. Esos universitarios acudirán a las urnas y es casi seguro que ahí cobrarán las afrentas palatinas. Ciudad Universitaria y el resto de sus planteles no son los dóciles borregos a los que puede insultar, predicar y difamar de manera impune.

De los egresados de la Universidad Nacional Autónoma de México, también se nutre la clase media, esa que le genera tanto berrinche al huésped de Palacio, precisamente por su claridad de discernir, de objetar, de proponer y decidir; la misma que no sucumbe el día de las elecciones por dádivas electoreras ni a retórica mentirosa, pero que, legítimamente, aspira a un mejor nivel de vida en todos los aspectos. Sí, esa clase “aspiracionista” pensante y pujante que le incomoda a AMLO.

Si López Obrador rompió en definitiva con la clase media luego de la debacle de su partido en la Ciudad de México durante las pasadas elecciones, donde perdió la mitad de las alcaldías y municipios estratégicos del área conurbada, hoy lo hizo con la estratégica y poderosa comunidad universitaria. Los traspiés del mandatario se hacen más constantes y convierte lo que alguna vez fue apoyo decisivo, en animadversión. Incapaz de corregir, de admitir sus errores, el tabasqueño hace tiempo decidió encaminarse por una ruta inextricable de choque con innecesarios exabruptos.

Por lo pronto, las reacciones sociales no se hicieron esperar y prácticamente, de manera unánime, condenaron las muy desafortunadas expresiones de López Obrador. Al presidente se le viene un tsunami encima y quién sabe si lo resista. Si lo planeó como otro más de sus fatuos distractores, simplemente, y usando una de sus balandronadas: soltó al tigre, en este caso al puma y veremos si lo puede amarrar. Algo que parece una utopía. Los errores cuestan y se pagan.

Hoy se escuchó una de las prédicas más burdas y oscuras desde el pulpito palatino. Mientras se fustiga a la UNAM, se consiente al crimen organizado, se acusa a niños con cáncer de complotistas, hay más de medio millón de muertos por covid-19, se protege a familiares corruptos, se aterroriza con medidas fiscales a la población y se derrocha dinero con obras faraónicas inútiles. Ni duda cabe, la UNAM está por encima del señor presidente.

Mi solidaridad con la UNAM. Por mi raza hablará el espíritu.

@BTU15

*Nota del editor: foto en portada: Karla Torres E.*