Un quimérico “golpe de estado”

La riqueza cultural de México es muy poderosa y subyugante, irremediablemente cautiva a propios y extraños. Nuestro país es tan vasto como adictivo. Su grandeza se reconoce en el planeta. A la historia fascinante de la nación azteca se agregan los vastos recursos naturales y el talento de sus habitantes. Todo, en conjunto, debería haberla colocado desde hace tiempo en la élite mundial.

Pero la realidad es penosa, vergonzosa en muchos aspectos. No hemos sido capaces de salir de la mediocridad como país, de soltar las amarras del subdesarrollo, de abandonar de una vez y por todas, la eterna dependencia maligna de los Estados Unidos, de enviar al cesto de la basura a la lesiva clase política, causante, en la mayor medida, de tantísimo males ancestrales y presentes.

Setenta años de gobiernos priistas y doce de panistas, en términos prácticos dejaron exiguos beneficios  y a cambio fueron un pesado lastre para la sociedad. Los saqueos de la clase gobernante se convirtieron en filosofía inamovible para administrar los recursos públicos; la impunidad era y sigue siendo el manto protector para amigos e incondicionales. Hoy, poco o nada ha cambiado.

México es percibido por sus ciudadanos y la comunidad internacional como el sitio propicio para la corrupción, donde los funcionarios tienen la oportunidad de llenarse los bolsillos de dinero mal habido, de realizar cuanto negocio les sea posible, de colocar a la parentela en la nómina gubernamental, de aparentar honradez cuando muchos de ellos desconocen el concepto.

En medio de discursos vanos y demagógicos, la población sucumbe una y otra vez a promesas de políticos charlatanes, mientras México marcha en una eterna reversa. Esa ha sido la constante acentuada luego del movimiento revolucionario en el siglo pasado. En cualquier punto donde se revise la historia existen personajes y momentos oscuros, aún en aquellos con aura de probidad.

Al situarnos en la época actual, podemos confirmar que, por ejemplo, hoy casi la mitad de los mexicanos viven en situación de pobreza, incluso, varios millones de ellos, en pobreza extrema. También, que la economía resiente decisiones erróneas y que en lo que va del año, el crecimiento es cero. Si nos referimos a la violencia e inseguridad -la variable más sensible y que más preocupa a la gente-, 2019 se perfila para ser el más violento de los últimos tiempos.

Nadie en su sano juicio desea que al gobierno vigente le vaya mal, pues en el barco tricolor viajamos todos. No obstante, las dudas respecto a la nueva gestión se han ampliado. Las causas son las decisiones políticas que, en no pocos casos, dan la impresión de tomarse más con el estómago y afanes revanchistas que con ideas sólidas que debieran privilegiar decididamente el interés social.

Resulta inaceptable que en medio de una peligrosa polarización social –abonada por el régimen morenista-, el titular del Ejecutivo federal descalifique a priori a periodistas y medios de comunicación social, que mire hacia otro lado cuando en Baja California uno de sus amigos y miembro del partido en el poder viola de manera flagrante y abyecta la Constitución Política al pretender quedarse en la gubernatura por cinco años y no los dos que mandata la ley electoral.

Imposible que la república mexicana y su gobierno aspiren a colgarse el mérito de una democracia plena si las ejecuciones de periodistas y alcaldes no cesan, si las masacres en el territorio nacional son cosa de todos los días, si los cadáveres siguen brotando de las fosas clandestinas y los restos de cuerpos embolsados continúan apareciendo en las calles en una costumbre salvaje y macabra.

Desde luego que México no va en la ruta adecuada del progreso y la paz. En absoluto “vamos requete bien”; “felices, felices” que digamos, no lo somos, basta mirar las cifras de la incidencia delictiva que este año seguramente romperá record, la atonía de la economía y la consecuente pérdida de miles y miles de empleos. La incertidumbre acecha y una pistola nos amenaza en cualquier esquina o unidad de transporte público para despojarnos de nuestras pertenencias.

Y en medio de un ambiente hostil sumamente preocupante para el pueblo bueno y sabio, no se ve, en los hechos, una mejora sustancial que beneficie al país y sus habitantes; no existe, por lo tanto, salvo en el desbordado optimismo presidencial, la fantasiosa mejora respecto a sexenios anteriores.

Tan saben en Palacio Nacional que las cosas no marchan bien en el país, que irresponsablemente han echado mano de la teoría del golpe de estado. Algo que, desde luego, está fuera del pensamiento de todo mexicano en sus cabales. ¿Por qué hablar de un golpe de estado? ¿Acaso es tanta la molestia al interior de la Fuerzas Armadas por el trato inadecuado que se les ha dispensado y las humillaciones públicas de que han sido objeto? ¿Se está curando en salud el señor presidente ante la falta de resultados positivos? ¿Cuándo dejará de ver el panorama nacional con vidrio color rosa? Tras 11 meses en la silla presidencial, hay un gran déficit en cuanto a resultados.

@BTU15

*Nota del editor: imagen en portada: captura de pantalla, conferencia del 01/12/2019*