Un bronco, un jaguar y una margarita tramposos

El beneplácito social por la participación de candidatos independientes a puestos de elección popular pronto se diluyó. La razón es que no existen, hasta la fecha —salvo los notables casos Kumamoto y Clouthier—, aspirantes verdaderamente independientes; es decir, que no lleven en el ADN todos los perniciosos vicios luego de adiestrarse en un partido político, cualquiera que éste sea.

De inmediato, políticos resentidos y ambiciosos se adueñaron de las candidaturas independientes a la Presidencia de la República. Fueron muchos los que se anotaron y que incumplieron con los requisitos mínimos que señala la ley. La mayoría, una caterva de oportunistas que sólo buscaban ganar unas cuantas migajas de fama. Permanecieron en la competencia Margarita Zavala, la esposa del expresidente Felipe Calderón, a quien prácticamente el autoritario Ricardo Anaya obligó a salir del PAN. También Jaime Rodríguez, El Bronco, gobernador con licencia de Nuevo León, y Armando Ríos Piter, senador con licencia y conocido como El Jaguar.  Los tres coinciden en un punto fundamental: nada tienen de independientes.

La exprimera dama se formó y militó durante años en Acción Nacional con todo lo que ello significa. Sólo abandonó la comodidad de ese partido que le dio todo —políticamente hablando— cuando el Joven Maravilla se adueñó del partido y de la candidatura azul a la Presidencia de México. Es evidente que doña Margarita no representa de modo alguno la candidatura ciudadana; la independencia que pregona a los cuatro vientos no existe, y no existe porque substancialmente es una contendiente con las mismas pretensiones que el resto de la clase política: poder y dinero. Además, con la evidente intención de prolongar de facto el sexenio de su señor marido.

Por su parte, el llamado Bronco tampoco puede presumir de independiente; sencillamente es un expriista que renunció al tricolor cuando ya no tuvo más prebendas. Pero las mañas que aprendió en la escuela del viejo dinosaurio sabiamente las conservó. A la gubernatura del enjundioso estado norteño llegó debido al hartazgo de los regios de un pésimo y corrupto antecesor: Rodrigo Medina del PRI. Incluso, por una exitosa estrategia en las redes sociales. Jaime Rodríguez —un ranchero, hablantín y misógino— pronto mostró su voracidad al momento de pedir licencia –a pesar que había prometido gobernar los seis años de su periodo—, no pudo ocultar el trapecista que lleva dentro.

Durante la gestión de El Bronco, Nuevo León regresó a los altos niveles de violencia de años anteriores. Los regiomontanos están enojados y muy decepcionados del expriista, que resultó todo un “petardo”. Así que no extraña que el INE lo haya cachado en su trampa al haber presentado una enorme cantidad de firmas falsas para intentar conseguir el aval como candidato presidencial; es la escuela del Revolucionario Institucional, de la que ahora pretende deslindarse inútilmente.

Hablar de Armando Ríos Piter resulta complicado. Es un político gris, desconocido en la mayor parte del país, a quien solo identifica cierto sector de Guerrero, su estado natal —así lo confirma el hecho de que la dispersión de las firmas obtenidas haya sido únicamente en tres entidades—. Lleva en sus adentros el gen del PRD, al cual, en su momento, supo sacar muy buen provecho en  beneficio de sus ambiciones personales. La suspicacia generalizada de que su presencia en esta contienda despide un fuerte aroma gubernamental no es gratuita. El autollamado Jaguar —un sobrenombre, por demás, ridículo— resultó un deleznable chapulín tramposo, de acuerdo con los datos exhibidos por el INE el viernes pasado.

Resulta que las esperanzadoras candidaturas independientes han quedado dañadas por el vergonzoso comportamiento de la señora Zavala —finalmente avalada por el Instituto Nacional Electoral—, Jaime Heliodoro Rodríguez Calderón y Armando Ríos Piter. Las trampas para intentar el registro salieron a flote y deben ser castigadas no sólo por la sociedad, sino por las autoridades correspondientes. El escarnio y desprecio público no es suficiente para reparar el daño que estos “ejemplares” políticos autónomos dejaron en la figura de las candidaturas.

Los políticos mexicanos son una dañina especie silvestre que no cambia. No importa la plataforma desde donde quieran participar, tal parece que siempre buscarán utilizar los métodos que sean para lograr sus metas, sin importar la manera. Aplican muy bien aquello de que “el fin justifica los medios”. El remedio no está en otro lado más que en las urnas, en elegir correctamente por quién se votará. Repudiar las trampas en la política y de los actores de ésta es indispensable en una democracia como la mexicana, que aún exhibe enormes y profundas debilidades. En los ciudadanos está la solución.

@BTU15     

*Nota del Editor: Foto: Especial Internet*