Tundieron a Rosario, y no es violencia de género

Rosario Robles Berlanga, la secretaria de Desarrollo Agrario Territorial y Urbano, representa por sí misma, las causas por las cuales el PRI fue echado nuevamente del poder. Señalamientos por malos manejos de recursos públicos, complicidades, demagogia, falta de probidad, y mucha desvergüenza están incluidos en el bagaje político de quien fuera secretaria de Desarrollo Social.

La desfachatez de Robles Berlanga se encuentra a flor de piel. Los desvíos del erario durante su gestión al frente de la Sedesol y Sedatu han sido documentados por la Auditoria Superior de la Federación. No es un invento, tampoco un complot; ahí están los números oficiales y las denuncias penales. No obstante, la inacción de la Procuraduría General de la República, todo indica, está subordinada al deplorable y abyecto “No te preocupes Rosario”, de su jefe, Enrique Peña Nieto.

Quizás por ese motivo, por la inmoral protección presidencial, –la actual, ¿y la que viene?- el descaro de Robles no tiene límites pero sí la arrogancia para asegurar que no necesita que nadie la defienda. Mas el entorno político y social le dejó un mensaje rotundo este martes en que compareció ante diputados como parte de la Glosa del VI Informe de Gobierno. El repudio fue observado por la opinión pública a través del canal del Congreso y las diferentes plataformas en internet y de algunos medios de comunicación:

“El lamentable ejemplo que se da al país sobre la opacidad, corrupción y manejo de los recursos públicos. Su actuación como secretaria de Desarrollo Social y Sedatu está cubierta por el manto del lucro electoral, enriquecimiento ilícito, pero muy lamentable, la impunidad”, le espetó la diputada panista Adriana Dávila Fernández a una preocupada, ahora sí, funcionaria peñista.

Una a una, las acusaciones lapidarias cayeron implacables sobre la agobiada titular de la Sedatu, quien sintió lo duro y lo tupido cuando la etiquetaron con otro calificativo: “Maestra de la Estafa”.

 “¿En dónde quedó el dinero para los más pobres y más de dos mil millones de pesos? ¿En la Sedesol?, ¿en las universidades del Estado de México, de Colima, de Morelos? o ¿en las empresas fantasma, en cuentas en el extranjero o en campañas políticas?, ¿qué pensaba o qué hacía?, ¿por qué fue cómplice de la estafa maestra, o es la maestra de la estafa?, le cuestionó esta vez la legisladora Sandra Simey Olvera Bautista de la bancada de Morena.

Pero el punto de quiebre de doña Rosario Robles durante la comparecencia se presentó cuando acorralada,  de manera indigna y equívoca pretendió recurrir a su condición de mujer para intentar esquivar las graves acusaciones de los legisladores centradas en la llamada “Estafa Maestra”.

“¿Por qué se tomó la decisión editorial de poner el nombre y la cara de una mujer a la investigación periodística?, eso, se llama violencia política de género”, se lamentó la atribulada Robles Berlanga, ante reclamos, burlas, gritos, chiflidos y ofensas provenientes de algunos integrantes del Pleno de la Cámara baja.

De inmediato la corrección vino desde la tribuna por la legisladora Marta Angélica Tagle Martínez:

“Del ya famoso “no te preocupes Rosario”, tenemos que pasar al “no te equivoques Rosario”. La condición de género no nos exime de asumir nuestras responsabilidades en el cargo público y de ser señaladas por actos de corrupción, no te equivoques Rosario tampoco, al seguir esta red de corruptos que te pusieron en esta condición”. Una verdad que, por incontrovertible, es lapidaria.

Después del rapapolvo que recibió en San Lázaro, Robles Berlanga, debería, ciertamente, estar sumamente preocupada. El “salvoconducto” que en principio le dio el presidente electo, pareciera insuficiente para garantizarle que no pare en la cárcel. El peso de los señalamientos es mucho y López Obrador puede soltarle el hilo en cualquier momento ante lo costoso que resulta cargar con el lastre de la “Estafa Maestra” y la defensa de quien, en 48 días se convertirá en un cadáver político.

Y efectivamente, la ex jefa de Gobierno de la Ciudad de México, -que no dudó en dejar los “sufrimientos de la izquierda” para beneficiarse con los lujos del gobierno priista-, fue depositada en la piedra de los sacrificios por la nomenclatura que la colocó en el poder y que se sirvió de ella, la cual, desde luego, no va a meter las manos al fuego para protegerla. Entonces: “Rosario, hay que aguantar”, parece susurrar una agónica voz, allá, por el rumbo de Los Pinos.

Así es la política que practica el priismo. Un priismo que hoy está más preocupado y ocupado en ponerse a salvo como lo demuestra el amparo que pretenden EPN y su gabinete para “blindarse” contra posibles investigaciones penales del gobierno de Chihuahua, derivadas del presunto desvío de 250 millones de pesos del erario de esa entidad a las campañas del tricolor, que habría orquestado el ex secretario del CEN del PRI, Alejandro Gutiérrez, en 2016, quien permaneció preso por esa causa, y posteriormente dejado en libertad ya que la PGR se desistió de los cargos en su contra.

Todo indica que la suerte de Rosario Robles Berlanga está echada. Y no es precisamente un paraíso el que le espera. Tampoco a muchos que la acompañaron en el periplo de corrupción y dispendio durante el sexenio. Ah, qué “Chayito, siempre tan creída.   

@BTU15

*Nota del Editor: Foto: @Rosario_Robles_