Tres, el número del gobierno obradorista

Parece que el número tres es un punto de inflexión en el gobierno obradorista. Por ejemplo, tres años tardó el presidente en reconocer tácitamente que su estrategia de seguridad cimentada en “abrazos, no balazos”, no sólo era ineficiente, sino que provocaba gran escarnio público.

Así vimos cómo, luego de la salida de los gobernadores de oposición en Michoacán y Zacatecas, ya con nuevos mandatarios de Morena, el jefe del Ejecutivo se dignó visitar ambas entidades para abordar el tema de la muy grave inseguridad y decidir reforzar la vigilancia con el envío de miles de elementos de la Guardia Nacional. El mismo apoyo se prometió para Colima y recientemente al Estado de Guanajuato, donde todo indica, la vida, efectivamente, no vale nada para los cárteles.

Cuando el señor Presidente llegará en unas horas a la mitad del sexenio, hay una sola cosa por aplaudirle sin regateos: la ayuda a los adultos mayores. Y nada más. De lo que presume el tabasqueño son fantasías, quimeras que nada aportan a mejorar el nivel de vida de los mexicanos. Los programas clientelares han mostrado de forma contundente su ineficacia. Una muestra: “Sembrando vida”, es severamente cuestionado por su opacidad y nulo aporte a las comunidades.

Tres años demoró también el jefe del Estado mexicano en reconocer el criminal e inmoral desabasto de medicamentos. Apenas el pasado 10 de noviembre hubo un jalón de orejas en la mañanera:

“Ya tenemos que terminar de resolver el problema del abasto, esto es para Juan Ferrer (director del INSABI), esto es para el Doctor Alcocer (Secretario de Salud). Ya no quiero escuchar de que faltan medicamentos y no quiero excusas de ningún tipo”.

Niños enfermos de cáncer han muerto a causa de la carencia de quimios y medicinas para atenderlos en el sector público que está a años luz de semejarse al de los países nórdicos como lo prometió López Obrador. Muchos ciudadanos más fallecieron por otro tipo de enfermedades al no ser atendidos con la celeridad debida y porque no les suministraron los medicamentos respectivos.

Sí, en definitiva el número tres es factor en el régimen obradorista. Tres años tardó Andrés Manuel López Obrador para acudir a Washington de manera voluntaria y reunirse con el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, en Washington y el primer ministro canadiense, Justin Trudeau. El mismo lapso transcurrió para acudir a un organismo internacional, como la ONU, y hablar ante el Consejo de Seguridad presidido por México. Aunque no lo ha hecho ante el pleno.

Incluso, a casi tres años de su mandato constitucional, el presidente López Obrador decidió abrir la sucesión presidencial y nombrar a sus “corcholatas”. Y ahí andan éstas, peleándose la candidatura de Morena para el 2024. Claudia Sheinbaum desaforada dando entrevistas a medios extranjeros y apareciendo en la revista “fifís”, “conservadoras” y “neoliberales”, mientras que el Canciller Marcelo Ebrard aprovecha de mejor forma los foros internacionales para posicionarse de buena manera.

Ni duda cabe, el tres algo debe tener de influencia en las decisiones palatinas. Las obras faraónicas del sexenio son tres: El aeropuerto en Tecámac, la refinería en Dos Bocas y el Tren Maya. Desconocemos si acaso será designio “divino” con poder omnímodo – como en el asunto de los “detentes”-, o simple y graciosa coincidencia. El hecho es que ahí quedan algunas muestras de la “casualidad” que se da en los tiempos y espacios de la política emanada de Palacio Nacional.

Ojalá que, faltando tres años para que concluya su gestión, López Obrador reconozca los yerros de su trabajo presidencial y corrija lo que deba. Por lo pronto, debe cancelar su llamado a que sus simpatizantes saturen el zócalo capitalino el próximo 1 de diciembre con pretexto del tercer aniversario de que llegó al poder. Los contagios por covid-19 van al alza nuevamente y está en ciernes la llegada de la variante Ómicron que ya puso a temblar a Europa, Canadá y Estados Unidos.

STATU QUO

Con el envío de refuerzos militares –incluida la Guardia Nacional- a las zonas donde la violencia e inseguridad está que arde –Zacatecas, Michoacán, Colima, y Guanajuato, entre otros lugares del territorio- todo parece indicar que dada la barbarie, el presidente López Obrador se ve obligado a modificar la estrategia de los abrazos para enfrentar a los criminales. Algunos cabecillas de éstos últimos han sido apresados y los militares abatido a integrantes de cárteles. Las órdenes, según lo visto en semanas recientes, cambiaron. Ahora son balazos y si es posible, algunos abrazos luctuosos.

Hablando de violencia e inseguridad, este sábado varios sujetos amenazaron de muerte en la Ciudad de México a uno de los editores del diario El Universal. El mensaje fue claro: se debe a publicaciones del medio, uno de los más críticos a la labor del presidente López Obrador y su equipo de trabajo.

Son los gobiernos de la capital y el federal, los únicos responsables de la seguridad del comunicador.

@BTU15

*Nota del editor: foto en portada: Presidencia de México*