Señor presidente, EE.UU. no es amigo de México

Una semana bastó para que el presidente se encontrara de frente con la realidad de su gobierno. Siete días que han sido funestos para el tabasqueño. Los inminentes aranceles a las exportaciones mexicanas, cortesía del peor mandatario que hayan tenido los estadounidenses y los “castigos” de las calificadoras Moody’s y Fitch Ratings, son dos avisos aplastantes de que no está gobernando bien. El crecimiento de la inseguridad, y el desplome en la economía, también son factores.

López Obrador no ha comprendido que las campañas electorales concluyeron desde hace tiempo, que las innumerables visitas al interior de la República, donde es evidente que se siente muy cómodo en mítines organizados a modo, no pueden seguir para alimentar su ego y confirmar la innegable popularidad, en tanto el país resiente ya los efectos de la incertidumbre y el populismo.

Si el presidente llegó al poder de una manera inobjetable, con una legitimidad como pocos lo han logrado, las mañaneras, hoy, resultan innecesarias, fastidiosas y desgastantes. Ese tiempo de exposición a los medios, debe aprovecharse en solucionar los muchos y graves problemas que aquejan al país en detrimento del “pueblo bueno” y la sociedad en general.

Transcurrió medio año desde que a López Obrador le colocaron la banda presidencial, y no se observan avances sustanciales en su gestión. Salvo el combate al robo de combustibles, es imposible encontrar otro logro que pudiera aplaudirse, por el contrario, los yerros son vastos, la mayoría, afectando a la población, como los despidos en las oficinas gubernamentales, que se cuentan por miles, la confrontación con medios de comunicación y periodistas que critican su actuar, la situación lastimosa de la economía, que a duras penas crecerá, en el mejor de los casos, un exiguo uno por ciento y la cada vez mayor inconformidad empresarial por la falta de certidumbre, entre algunos.

A lo anterior, deben agregarse los abusos, incongruencias y torpezas de colaboradores morenistas que son auténticas rémoras. En días pasados, El Universal documentó cómo en el Conacyt (https://bit.ly/2VTyLbo) y Nacional Financiera (https://bit.ly/2Wpnapt), se despachan con menús tipo gourmets que van en contra de la “austeridad republicana” pregonada por el señor Presidente.

El escándalo del encarcelamiento en Estados Unidos del líder de la Luz del Mundo, Nassón Joaquín García, salpica al presidente de la Mesa Directiva del Senado, Martí Batres y al hilarante diputado Sergio Mayer Bretón, presidente de la Comisión de Cultura en la Cámara baja, quienes acudieron exultantes al homenaje que el pasado mayo se le rindió en el Palacio de Bellas Artes al “apóstol”. Pero la imagen que circuló en redes este miércoles, de la exquisita senadora por Morena, Lucía Trasviña, la misma que, desde la tribuna insultó a sus compañeros legisladores el 21 de marzo pasado, presumiendo una pistola Glock 45 mm en la cintura, es una muestra del extravío y prepotencia en ciertos morenistas.

Pareciera que los problemas internos y externos están avasallando al titular del Ejecutivo. Pero lo increíble e inaceptable, es que aun así, se resista a salir a visitar otras naciones, a estrechar relaciones con jefes de Estado, que decida no estar presente en la reunión del G-20 y enviar sólo una carta y a los secretarios de Relaciones Exteriores y de Hacienda. El encuentro anual de líderes mundiales es la oportunidad inmejorable para hacerse presente y retomar un liderazgo que México perdió hace bastante tiempo. La diplomacia es imprescindible y no se puede obviar ni intentar hacerla desde el escritorio o con epístolas, menos, a través de subordinados.

México, es innegable, enfrenta el acoso de un abusivo y pendenciero autócrata como lo es el presidente de Estados Unidos. Pero si el gobierno lopezobradorista carece de opciones para evitar las presiones que afectarán a todos los mexicanos, los efectos serán demoledores. De ahí la relevancia para que la actual administración abra el abanico y busque otras alternativas para nuestras exportaciones, estrechar lazos con otras potencias en Asia y Europa, incluso voltear la mirada a Sudamérica donde hay un claro distanciamiento por la enfermiza necedad de apoyar al dictadorzuelo Nicolás Maduro. Ninguna convocatoria, por loable que sea, para defender la dignidad de nuestra nación, tendrá efecto alguno en las decisiones de Donald Trump. Éste sólo busca reelegirse y no le importa que tenga que pasar por encima de los intereses de su vecino del sur. Primordialmente, todo mundo sabe que Estados Unidos no tiene amigos, tiene intereses.

Por lo pronto, y muy a su pesar, AMLO debió aceptar servir de policía al republicano para cumplir con la exigencia de frenar la migración hacia la unión americana. El miércoles último, fuerzas federales interceptaron una caravana migrante donde detuvieron a sus integrantes, incluidos mujeres y niños. El gobierno de López Obrador dobló las manos ante las exigencias gringas en un intento por evitar la injusta aplicación de aranceles a los productos mexicanos que entren a EUA.

Sí, la realidad propinó una enérgica sacudida al presidente de México, y tuvo que venir del exterior, allá, donde las descalificaciones del tabasqueño a la prensa, a los opositores, los empresarios y la sociedad crítica no tienen efecto alguno. Nadie puede alegrarse por las tribulaciones presidenciales, pues si le va mal en su desempeño, nos llevará “entre las patas”, sin embargo, es tiempo de dejar a un lado las necedades, caprichos y confrontaciones. México debe estar unido. No hay de otra.

@BTU15

*Nota del editor: Foto: Especial Internet*