Semana de “bombazos” y tuits vulgares

En menos de una semana dos “bombazos” atrajeron la atención de la ciudadanía en la república mexicana. El primero sucedió en Salamanca, en el convulso estado de Guanajuato. El segundo estallido fue en Puebla. En esto de los explosivos, México se parece cada vez más a Colombia.

Sospechosamente en el caso de Salamanca, con una agilidad inusual, muy pronto capturaron a los autores del atentado. La percepción de la opinión pública es que los detenidos –hombre y mujer- pudieran ser meros chivos expiatorios. Historias negras de las autoridades dan lugar a ello.

Pero más allá de tales hechos, lo que está sucediendo en el país –ya de por sí en extremo grave- respecto a seguridad, confirma la incapacidad del gobierno en sus tres niveles para contenerla siquiera. Es obvio que la “inteligencia” del Estado para anticipar actos de terrorismo como los referidos brilla por su ausencia. Pareciera que la confianza en los “abrazos y no balazos”, es total.

Todo esto, no obstante, es uno de los tantos efectos de una mala gestión gubernamental. Los mensajes enviados desde Palacio Nacional a los criminales es que no los van a tocar, que con ellos aplica cuanta laxitud se requiera, por cierto, actitud muy diferente a la empleada con los 31 científicos que la FGR insiste torpemente en encarcelar y que ya mereció la condena de la sociedad.

Mientras el país está claramente dividido en dos bandos, lo que constituye una polarización absurda y peligrosa, la administración obradorista sigue dando tumbos en perjuicio de la población. No sólo recibe y consiente a dictadores en un franco agravio a los mexicanos, sino que, al mismo tiempo, pretende enfrentar a su principal socio comercial, -quien emplea a millones de connacionales, mismos que envían remesas por 40 mil millones de dólares anuales- en un protagonismo estéril.

Desde luego que los yerros en la conducción del país no se militan a la fallida estrategia de seguridad. El más de medio millón de muertos por covid-19 es una impronta de las decisiones oficiales equívocas. Así, México es cuarto lugar mundial en decesos a causa de la pandémica enfermedad. Eso sí, el gobierno presume millones de vacunas recibidas, pero tiene sin aplicar también varios millones; decisión incongruente que raya en la irresponsabilidad, la cual no debe quedar sin castigo.

Pero el señor presidente está ocupado en otros temas personales. Reñir con sus críticos, con los medios de comunicación que no le aplauden, descalificar lo que no le gusta, arremeter en contra de los organismos autónomos que no se pliegan a sus caprichos, ofrecer embajadas a gobernadores salientes que se comportaron de manera dócil durante el pasado proceso electoral, además de ofender y agredir a la clase media, esa que decidió no apoyarlo más el resto del sexenio.   

Sin embargo, montado en su colosal soberbia, el señor presidente hace como que no ve. Aunque la estela de yerros siga creciendo todos los días, igual que la cantidad de pobres en el país. Y es en ese narcisismo máximo donde el jefe del Ejecutivo comete errores estratégicos que lo alejan cada vez más de una calificación en la tarea presidencial que pudiera ubicarse al menos en una medianía.

De la desconcentración presidencial vimos una prueba el pasado viernes, cuando durante la conferencia mañanera, en un desacierto descomunal, AMLO incurrió en una pifia que se conoció a nivel nacional: leyó un tuit ofensivo y vulgar posteado por @AldoAldrete, un presunto científico:

“Comiencen con la puta pseudoescritora, pseudoinvestigadora, ¿No saben quién es? LA ZOPILOTA, esa idiota que no sabe ni escribir una frase sin faltas de ortografía, ella no tiene ningún fuero, y gracias al pendejo loco imbécil ese al que hoy limpian los zapatos ustedes y gertz”.

El presidente de México jamás debe rebajarse a niveles de arrabal; menos a leer tales vulgaridades ante los medios de comunicación. Quien le aconsejó hacerlo le hizo un flaco favor pues lo puso en ridículo y exhibió de manera pedestre. Muchas ocasiones López Obrador se ha excusado en que hay que cuidar la investidura presidencial, ojalá entienda que ésta no es la manera de hacerlo.

Si de por sí la señora esposa del presidente no es precisamente la más popular entre cierto sector social por desplantes y declaraciones desafortunadas en que ha incurrido, con lo del grotesco tuit contribuyeron a que los ataques, ofensas y descalificaciones en las redes sociales se reavivaran.

México no requiere de más violencia en ninguna de sus formas. Los virulentos ataques al presidente López Obrador y Beatriz Gutiérrez Müller no se justifican. Se puede estar o no de acuerdo con el trabajo y los resultados del mandatario y en ese sentido criticar con argumentos irrefutables, pero caer en la bajeza no engrandece a nadie, especialmente a quien lo hace. Es indiscutible que López Obrador, en su posición actual, está en el ojo del huracán, bajo el escrutinio público y así debe entenderlo. La crítica es parte inherente a la función pública y hay que conservar la serenidad.

@BTU15    

*Nota del editor: imagen en portada: captura de video*