¿Qué pasa en Oaxaca con la seguridad?

Uno de los máximos orgullos de México es Oaxaca, un estado con vasta riqueza cultural que cuenta además con recursos naturales inconmensurables. Paradójicamente también es una de las entidades con mayores índices de pobreza. No obstante, esto no le resta un ápice a la grandeza y esplendor de tan privilegiada región que alberga zonas declaradas por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad; Monte Albán y el Centro Histórico de la capital, son un par de ellas. 

Hablar de la gastronomía es tocar un tema paradisiaco. La cocina oaxaqueña es de las mejores en la república mexicana y quizás del mundo. El mezcal simplemente es bebida de dioses, quizás esto contribuya a que la bella Antequera sea cuna de hombres ilustres como Benito Juárez, el mejor presidente que ha tenido esta nación, los hermanos Flores Magón, José Vasconcelos, Rufino Tamayo, incluso Porfirio Díaz; Álvaro Carrillo, Macedonio Alcalá, el recién fallecido Francisco Toledo y Andrés Henestrosa, por citar sólo a algunos de los talentos que ha regalado Oaxaca al país.

Oaxaca es, para decirlo pronto, un tesoro invaluable. Y como todo tesoro, despierta la ambición malsana de individuos con mentes enfermas que comenzaron a intensificar acciones en perjuicio de la siempre trabajadora y creativa sociedad oaxaqueña. Así, el enjundioso estado resiente cada vez con mayor furia y crueldad los efectos de grupos delincuenciales como nunca antes.

Por ejemplo, según cifras oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), de enero a octubre del año en curso, Oaxaca registra, a pesar de la Alerta de Género, 24 feminicidios y 37,942 delitos denunciados (falta la cifra negra), muy lejos de los cometidos en Campeche, la entidad con menos hechos delictivos (1,933). Si bien Oaxaca se ubica a media tabla en la incidencia delictiva a nivel nacional, lo peligroso es la tendencia que va a la alza.

No hace mucho, el pasado agosto y coincidiendo con una visita de trabajo del presidente López Obrador al territorio oaxaqueño, hubo 15 ejecuciones en un lapso de 24 horas (bit.ly/2ryU74t). Actualmente, es vox pópuli que operan bandas en los Valles Centrales. En el creciente entorno de inseguridad, hace unos días secuestraron a un intendente de la CFE, Esteban Pablo Cervantes, a quien posteriormente asesinaron; el cuerpo fue hallado este martes maniatado y con los ojos vendados.

A esa barbarie, hay que agregar los hechos de grupos armados en Juquila y Yaitepec; también los cinco policías de la estatal masacrados y dos más heridos a principios de mes en una emboscada en la zona de los Coatlanes, en la Sierra Sur. La falta de seguridad en Oaxaca, como se ve, contrasta con el discurso oficial que muestra un optimismo a todas luces injustificado. Enseguida una razón:

De acuerdo a los datos de la última Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana, del INEGI, correspondiente a septiembre de 2019, el 74.4% de los oaxaqueños capitalinos encuestados afirmó sentirse inseguro de vivir en su ciudad, es decir, la capital está distante de ser considerada segura. El gobierno de Alejandro Murat debe adoptar medidas drásticas pero muy bien planeadas para evitar que la violencia se siga desbordando. Entidades como Guerrero, Guanajuato, Veracruz, Tamaulipas, Estado de México y Baja California, así empezaron, desdeñando el problema.

Si en Oaxaca ya se empiezan a volver recurrentes los robos a camiones de carga, los asaltos en las calles, y las ejecuciones se hacen presentes, son, en conjunto, un gigantesco foco roco que no debe ser obviado por el gobierno del estado. La inseguridad es el enemigo más letal para la estabilidad y progreso de cualquier zona en la República, lo es mayor en el caso oaxaqueño, porque una buena parte de los ingresos estatales provienen del turismo extranjero y nacional. Y nadie, en sus cabales, quiere ir a un lugar por más que éste sea esplendoroso e inigualable, si las autoridades son incapaces de garantizar la seguridad debida a visitantes y, especialmente a sus habitantes.

Circunstancias bochornosas como cerrar el acceso a la zona arqueológica de Monte Albán el pasado 20 de noviembre a causa de un pleito en la zona aledaña entre comuneros, donde hubo balazos, un muerto, tres heridos y “casuchas” incendiadas, no habla bien de lo que está pasando en Oaxaca.

Oaxaca no debe, de ninguna manera, agregarse a la ominosa lista de estados donde los criminales imponen su ley. La prevención es el mejor remedio para evitarlo. No hay excusa para que el gobierno de Alejandro Murat evada la responsabilidad en tan delicado asunto. Es imprescindible planear y llevar a cabo sin dilación una estrategia de seguridad eficaz donde participen todos los sectores sociales. Oaxaca no merece ni debe aceptar que la delincuencia forme parte de su cotidianidad.

@BTU15

*Nota del editor: Foto en portada: especial Internet*