Pemex: ¿la utopía del sexenio?

Pemex fue objeto de saqueo constante durante los gobiernos priistas y panistas. La empresa se convirtió en botín de funcionarios, sindicato y cuantos vivales pasaron por ahí. La exprimieron hasta dejarla en bancarrota, en una situación financiera y productiva tan lamentable que hoy permanece en terapia intensiva donde solo hace falta llamar al sacerdote para que le aplique la extremaunción.

El presidente López Obrador, desde la campaña, externó el deseo de rescatar a la “empresa productiva” –el nombrecito parece burla- en aras del beneficio social. El anhelo del mandatario es loable. El sentimiento nacional -que no patriotero- coincide en que Petróleos Mexicanos debiera ser salvada del abismo en que se encuentra a consecuencia de tanta corruptela e ineficacia oficial. 

Mas los deseos son  pura ilusión a la que calificadoras internacionales y corporativos bancarios se han encargado de ubicar en su realidad precisa. Hoy, Pemex es inviable financiera y comercialmente, un muerto viviente al que hay que inyectarle millonadas de recursos para intentar darle vida artificial. Aun así, nada garantiza, ni remotamente, que vuelva a ser rentable.

Todavía más, mientras en el mundo se está apostando desde hace tiempo por la generación de energías alternativas y la tendencia es a irse alejando del petróleo y las gasolinas, el gobierno de México va en sentido contrario. Sin tecnología capaz ni suficiente para gradualmente abandonar la gravísima dependencia petrolera, apostar por nuevas refinerías resulta un acto muy cuestionable.

Si a Pemex no se le deja de ver con ojos de botín económico y político, entonces nada hay por hacer. Desde siempre, han sido colocados en su dirección –salvo alguna excepción honorable- funcionarios que no tienen la menor idea de cómo debe manejarse una empresa y las consecuencias han sido desastrosas. Ahí está Emilio Lozoya Austin, y en la actualidad, Octavio Romero Oropeza, un ingeniero agrónomo, cuyo mérito contundente es ser amigo del señor Presidente. Nada más.  

La ofuscación –porque la es- de apostarle inicialmente 107 mil millones de pesos a Pemex, los cuales podrían incrementarse en caso de ser necesario, subrayó la semana pasada el mandatario, es vista por expertos y analistas en temas energéticos y económicos como echarle más dinero bueno al malo. Por esa razón, el plan dado a conocer este viernes por López Obrador del “fortalecimiento económico, financiero, a Pemex”, fue literalmente menospreciado por la calificadora Fitch, -la misma que el mes anterior  degradó la nota de la empresa del Estado y la puso al borde de perder el grado de inversión-, al considerar insuficientes las medidas proclamadas por el Ejecutivo.

Mientras que para el Grupo Financiero BBVA Bancomer, las disposiciones anunciadas no resuelven los problemas estructurales de Pemex. Incluso, va más allá y enfatiza el hecho de que, se gana tiempo con el apoyo financiero que recibirá Pemex por parte del gobierno, pero la calificación crediticia de la empresa continúa en riesgo. Asimismo, señala que para estabilizar la producción petrolera y eventualmente incrementarla, la inversión aprobada por 273,000 millones de pesos para 2019 tendría que duplicarse y canalizarse predominantemente a exploración y producción.

No obstante que el plan de AMLO para recuperar a Pemex, destaca la no contratación de deuda en 2019, BBVA puntualiza que los recursos adicionales en inversión tendrían que provenir del presupuesto público. No obstante, esta solución podría presionar la calificación crediticia soberana. “Ello sería preferible que una reducción de la calificación crediticia de Pemex por debajo del grado de inversión”, alerta la institución. (https://bit.ly/2S6l8DN).

Ahora, profundizando en la cifra de los 107 mil millones de pesos que el gobierno obradorista planea destinar a Petróleos Mexicanos, las partidas que la conforman provendrían de:

  • 25 mil millones de pesos. Capitalización (Incluida en el Presupuesto de Egresos).
  • 35 mil millones de pesos. Prepago de la SHCP.
  • 15 mil millones de pesos. Disminución de la carga fiscal a Pemex.
  • 32 mil millones de pesos. Ahorro por la reducción del robo de combustibles.

La partida última no deja de ser un cálculo un tanto subjetivo y supeditado a mucha variables.

Falta destacar que en la Cámara de Diputados la bancada morenista impulsa una iniciativa para modificar la ley y otorgar más facultades –cuasi omnímodas- al director de Pemex, al tiempo de restarle facultades al Consejo de Administración; de este modo, el control lo tendría el presidente López Obrador, a través de su incondicional amigo, Octavio Romero Oropeza.

Desde luego que el camino elegido por el mandamás tabasqueño para resucitar a Petróleos Mexicanos, es sumamente intrincado. Se vislumbra una lucha titánica que demandará, por si fuera poco, una cantidad de recursos infinitos de los cuales el país carece. No basta confiar en que con terminar la vasta corrupción en el aparato gubernamental –suponiendo que esto sucediera- las arcas del Estado se desbordarán. Ya se perdió una barbaridad por la cancelación del Aeropuerto en Texcoco y, como nación, no estamos para tirar a la basura un solo peso. Ojalá se entienda en Palacio.

@BTU15

*Nota del Editor: Foto: lopezobrador.org.mx*