No solo es Debanhi, son todas las mujeres

El asesinato de la joven Debanhi Susana Escobar Bazaldúa, en Escobedo, Nuevo León, muestra por enésima ocasión la barbarie en contra de las mujeres en México. El dolor ocasionado a las familias es indescriptible; cada muerte violenta constituye una herida profunda para la sociedad y la abrupta e injustificada terminación de vidas a manos de criminales y sicópatas que no deben andar sueltos.

Un ancestral machismo arraigado en nuestra población -de todos los estratos-, favorece la desigualdad entre hombres y mujeres desde la infancia, y en no pocos casos deriva en violencia verbal o física en otras etapas de la vida. Así, vemos esa virulenta expresión en las calles, el transporte público, escuelas, centros laborales y lo más penoso, en los núcleos familiares. 

Cambiar de manera radical la educación al respecto, es impostergable en las familias. El respeto e igualdad hacia las mujeres debe tener su génesis principal en el hogar. La violencia hacia madres, hermanas, hijas, abuelas, tías y primas es intolerable en cualquier forma. Una sociedad vale en la medida que respete, valore y proteja a sus ciudadanas. No hacerlo es propio de una nación aldeana.

Pero la responsabilidad también es del Estado, un Estado que hasta hoy ha sido negligente e incapaz, además de insensible y hostil hacia las mujeres. No hay excusa que valga. A la luz de los hechos, del alto número de feminicidios y muertes violentas, la incapacidad está a la vista. El problema es harto complejo, multifactorial y añejo para cargar toda la responsabilidad al gobierno actual. Lo que es ineludible para la administración obradorista es su poca atención y falta de empatía a tan grave problema. No es extraño que el mismísimo presidente descalifique los movimientos feministas.

Y aquí no hay “otros datos” que las autoridades se saquen demagógicamente de la chistera. Los datos duros son tan contundentes que no admiten “maquillajes” absurdos e irresponsables. De acuerdo a TResearch, durante el sexenio del presidente López Obrador se han registrado 3 mil 297 feminicidios. Esto dimensiona que poco o nada se ha hecho desde la esfera gubernamental.

No cabe duda, en México ser mujer constituye altísimo riesgo. Se estima que unos 12 feminicidios se cometen todos los días en México. Una cifra por demás terrorífica. En medio de la brutal ola de inseguridad y violencia que golpea de modo cotidiano a los mexicanos, las agresiones a las mujeres se han desbordado. Ante ello, los responsables de que esa barbarie no ocurra, sólo aciertan a la ofensiva verborrea de siempre. La realidad es que la gran mayoría de casos quedan impunes.

Hoy, el abominable asesinato de la universitaria Debanhi, que causa enorme indignación en todo el país, simplemente es la triste confirmación de lo indefenso en que se encuentran las mujeres en México. Asimismo, del condenable valemadrismo en las altas esferas del poder que suele mirar por encima del hombro a las mujeres y sus recurrentes exigencias de seguridad y justicia.

Cuando una mexicana quiere presentar una denuncia por agresión, irremediablemente enfrenta un viacrucis burocrático y de estigmatización de parte de ministerios públicos y policías. Desde ahí se da el desdén a las víctimas. Una denigrante revictimización de facto, cortesía de quienes deberían procurar justicia rápida y expedita. Empero quizás se pide algo imposible. El cuestionado aparato judicial en México goza, merecidamente, de una de las peores reputaciones entre la ciudadanía.

El presidente de México ha dicho reiteradamente que “las escaleras se barren de arriba hacia abajo”. Para hacer efectivo su dicho, debe empezar poniendo más atención a la violencia en contra de las mujeres y ser más empático. Nada ayuda que evada su responsabilidad, con frases simplonas como la de “soy humanista, no feminista”. Se es o no defensor de las mexicanas, punto. Eso no admite medias tintas ni retórica evasiva. Constitucionalmente está obligado a proporcionarles seguridad.

No sólo es Debanhi quien fue asesinada, de alguna manera lo fueron también todas las mujeres mexicanas. Todas aquellas que salen al trabajo, la escuela, o sus actividades con el temor justificado de que algo grave pueda sucederles. Ninguna está a salvo en este México cada vez más violento e inseguro. Duele, y mucho, la muerte prematura de una joven en plenitud de la vida.

Las mexicanas hacen muy bien en indignarse, en salir a las calles para protestar y demandar la seguridad que hasta hoy el gobierno no ha sido capaz de otorgarles. Pero deben ir más allá. Con acciones que incidan en un cambio en el trato del gobierno hacia ellas. Y el camino son las urnas. Ahí es donde deben ejercer también sus exigencias. Echar a los malos gobiernos es buen inicio.

STATU QUO

Muy mal que el presidente avale la campaña morenista de odio en contra de los diputados opositores que tiraron su reforma eléctrica. ¿No que su fuerte no es la venganza? Incongruencia absoluta de quien debe unir a los mexicanos, no dividirlos. Sí, por sus obras los conoceréis. 

@BTU15

*Nota del editor: foto en portada: BTU*