“No nos peleemos, basta de divisiones”, ¿incongruencia o sinceridad?

Una de las resoluciones que es imposible criticar al presidente López Obrador, es que haya volteado hacia el sur y sureste del país. Esa región es donde hay más pobreza, lo cual resulta paradójico por  los vastos recursos naturales con los que cuenta; el atraso en todos los aspectos predomina desde tiempos ancestrales. El saqueo de gobernadores y caciques dejó una impronta de miseria y rezago.

Chiapas es uno de los estados de la República que por años ha sido olvidado por la voraz clase política gobernante, salvo en tiempos electorales. Ahí surgió el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en tiempos del salinismo; un movimiento motivado sí por la pobreza lacerante, pero también patrocinado por intereses políticos muy poderosos, su ‘guerra’ consistió sólo en una hábil estrategia de comunicación a base de mensajes escritos y entrevistas al comandante Marcos.

Dese entonces, el EZLN es un debilitado ente político que no deja de hacer ruido y de ser una piedra en el zapato para los gobiernos en turno cuando así conviene a los intereses de sus dirigentes.

Quizás a eso se deba que López Obrador los trate con deferencia, al menos en el discurso.

“Por eso respetamos mucho al movimiento zapatista y mi recomendación fraterna, respetuosa, es de que no nos peleemos, de que ya basta de divisiones, que necesitamos unirnos todos.”, pidió este sábado en Las Margaritas, municipio de la entidad chiapaneca y territorio zapatista.

Con una prudencia inusual, el titular del Ejecutivo federal evita confrontarse con quien sabe le puede ocasionar dolores de cabeza, ya que el primer día de este año, la dirigencia del EZLN le señaló que no es de su agrado, incluso, afirmaron los rebeldes, “es muy mañoso y sigue engañando” y por ello, indicaron, no le creen. (Milenio https://bit.ly/2XSnqgK). Así la malquerencia zapatista a AMLO.|

Es necesario destacar que el exhorto de AMLO para no pelear, de ya no dividir y sí a que todos nos unamos, es contradictorio  y un tanto bipolar, pues parece olvidar que él alienta de modo recurrente y de diversas maneras la polarización, el odio, las agresiones y la intolerancia cuando descalifica a priori y sin argumentos a quienes se atreven a criticar sus decisiones y labor presidencial. Su ofensiva verbal a cuantos expresan opiniones que le desagradan es, de hecho, una constante prédica que alienta a la virulenta reacción de sus seguidores, y da luz verde a los operadores de los bots pro López Obrador.

Pero no hay borracho que coma lumbre, asegura la sabiduría popular. Y Hemos visto cómo el señor presidente ha reculado frente a ciertos adversarios que de hecho lo han puesto en su lugar. La mafia que encabeza la CNTE lo llevó al límite y, al igual que lo hizo con gobiernos previos, chantajeó al mandatario hasta obtener todo lo que quería. La Coordinadora le dio unas pequeñas muestras de su poderío al bloquear los accesos a la Cámara de Diputados, y con eso tuvo el tabasqueño.

Luego vinieron las amenazas del perturbado presidente de los Estados Unidos, amagando con imponer aranceles a las exportaciones mexicanas si no se frenaba la migración proveniente de Centroamérica con rumbo a la unión americana; de inmediato el presidente de la República dobló las manos pues no quiere confrontarse con nación alguna, y se convirtió en el policía para literalmente sacar a punta de garrote a los miles de migrantes que pretenden alcanzar el llamado sueño americano. Durante la campaña presidencial, AMLO prometió que exigiría respeto.

Bien hace el señor presidente en exhortar a la cordialidad entre los mexicanos, a trabajar en favor de la paz y el anhelado y necesario progreso social, también a evitar la división. Pero Andrés Manuel López Obrador debe ser congruente con su llamado pues no puede ir con un discurso sumiso ante quienes tienen armas para enfrentarlo y son capaces de exhibirlo, y por otra parte dedicar una retórica virulenta a todos aquellos que difieren de sus decisiones y acciones emanadas de caprichos.

México no está para absurdos y perniciosos divisionismos. El país, efectivamente, no puede darse el lujo de estar confrontado mediante disputas intestinas. Hoy, a siete meses del nuevo gobierno, no hay avances claros en los destinos de esta gran nación azteca. La economía muestra –y ya se resienten- señales inequívocas de una abrupta caída. Los empleos, lejos de generarlos, se han perdido. –los becarios inscritos al IMSS no pueden ser considerados como puestos de trabajo-.

Desde luego que la inseguridad y violencia es un tema aparte. La incidencia y barbarie está imparable. Los muertos y cadáveres descuartizados siguen “adornando” las calles; los asaltos a transeúntes, comercios, casas habitación y usuarios del transporte público son una pandemia. Éstos son únicamente algunos de los muchos infiernos que aterrorizan al pueblo bueno.

Lo anterior es un escenario harto inextricable per se. Ningún mexicano bien nacido desea que México siga hundiéndose en el pantano de la corrupción, mediocridad, atraso, ni de las balas, secuestro y extorsiones  que la delincuencia hoy “obsequia” generosamente a la sociedad entera.

Y el primer paso en el rumbo correcto para salir del abismo, es que el presidente López Obrador cese sus agresivas arengas, sea tolerante, escuche, y sobre todo, sea factor de unión entre los mexicanos, porque, es evidente, hasta hoy, lamentablemente no lo ha sido.

@BTU15

*Nota del editor: imagen: captura de pantalla*