No es la pandemia, es el modelo neoliberal

En su reciente mensaje sabatino, el presidente López Obrador aseguró que el coronavirus precipitó la caída del modelo económico neoliberal “No fue la pandemia lo que tira la economía, lo cierto es que ya la economía neoliberal estaba en crisis, estaba mal. Lo que hizo la pandemia fue acelerar, precipitar el derrumbe económico”. Una afirmación que entra en el terreno de la controversia.

La economía es cíclica, cualquier universitario lo sabe; hay periodos de alto crecimiento, medio y bajo. También, lapsos recesivos. Sólo hay que remontarse a la historia para darse cuenta de ello. Por eso la declaración del Ejecutivo es cuestionable. La pandemia y sus muy perniciosos efectos son, per se, culpables directos del derrumbe económico y social que actualmente padece el Mundo.

Si bien es cierto que la economía mundial no atravesaba por una bonanza. Las naciones industrializadas estaban creciendo y el comercio internacional mantenía un dinamismo aceptable. Esto remolcaba al resto de los países. Pero no es el caso de México. El gobierno Obradorista, en su primer año entregó pésimas cuentas a la población. El Producto Interno Bruto (PIB) de 2019 cayó 0.1 por ciento; un resultado negativo que se “logró” por primera vez en diez años.

De este modo la promesa de López Obrador en el sentido de que durante su gestión el PIB nacional crecería a tasas de 4% anual promedio, empezó con el pie izquierdo. Es decir, la administración morenista careció de capacidad y estrategia para mantener, al menos, el avance anual que generó su antecesor, el priista Enrique Peña Nieto, cuyo gobierno estuvo marcado por una avalancha de corruptelas, aun así, EPN logró mantener la economía en una media de  2.5% anual.

México enfrentaba ya, antes de la pandemia causada por el Covid-19, una crítica situación en materia económica, tácitamente lo admitió AMLO en su espontánea y muy  sincera expresión: “Nos vino esto como anillo al dedo para afianzar el propósito de la transformación”. Desde luego que la expresión es muy desafortunada. Ninguna crisis es bienvenida. Pero al mandatario le sirve para intentar camuflar su fracaso en la conducción de la economía, al igual que en inseguridad y violencia.

Ningún modelo económico conocido hasta ahora es perfecto. No obstante, los fracasos en esa materia  en modo alguno pueden ser atribuidos de manera automática a dichos esquemas porque están subordinados, las más de las veces, a decisiones políticas y proyectos personales, como lo es en el caso del actual mandatario.

Una de las equivocaciones que más afecta a la sociedad es cuando un jefe de Estado se tropieza con sus ideas anacrónicas, imprácticas, nada objetivas y, sobre esto, autoritarias. En nuestro continente, tenemos los ejemplos de Venezuela, Cuba y Nicaragua, cuyas economías pasan severos apuros.

Por eso es que discrepamos de la teoría presidencial –teoría, porque su dicho, en tanto no puede ser confirmado, es mera y subjetiva apreciación-. El desastre financiero que hoy azota a la comunidad internacional –México, incluido-, no se debe al agotamiento del referido modelo neoliberal, es evidente que el colapso económico lo provocó la pandemia. No fue el sistema aludido por el Ejecutivo quien obligó al cierre de fábricas, comercios, hoteles, bares, restaurantes y colocó a ralentí a la industria sin chimeneas; tampoco, el que dejó millones de desempleados.

Así que el señor Presidente no puede esconder su decepcionante conducción de la economía nacional, en el supuesto derrumbe del modelo neoliberal. Nada tiene que ver éste con las fobias y rencores del inquilino de Palacio Nacional que se tradujeron en la absurda cancelación y destrucción de las obras del Nuevo Aeropuerto en la Ciudad de México, donde se perdieron miles de millones de pesos por un capricho; en la innecesaria edificación de un aeropuerto en Santa Lucía, sumamente cuestionado en todos los aspectos, o en el desarrollo de un tren en el sureste cuya viabilidad está en entredicho, o la absurda y retrógrada idea de construir una refinería en su tierra natal.

Vamos, ni siquiera hay debate en las causas. El cataclismo que azota de forma inclemente a todos los países y que tiene repercusiones económicas, sociales y políticas tiene un origen claro: la pandemia de Covid-19; atribuírselo a otro factor es simple demagogia y condenable necedad.

Si el propio López Obrador reconoce que en abril se perdieron unos 500 mil puestos de trabajo formales y que el PIB se ubicará al cierre del año en -6.6% en el mejor de los casos –algunos especialistas y organismos internacionales proyectan hasta menos 15%-, es imperativo corregir el rumbo; un golpe de timón es urgente así como replantear la hasta ahora fallida estrategia gubernamental que lleva a la economía como los cangrejos en detrimento de millones de familias, muchas de las cuales se ubicarán involuntariamente en el ignominioso umbral de la pobreza.

Qué bien le haría a todos los mexicanos que el Presidente recordara que ya no está en campaña, que debe gobernar para todos, absolutamente todos; que deje en el cesto de la basura su espíritu pendenciero y deje de reñir con empresarios, periodistas, críticos y todo aquel que opina diferente. México tiene enfrente un desafío como nunca antes y requiere enfrentarlo unidos, no polarizados.

@BTU15

*Nota del editor: imagen: captura de pantalla*