En México, masacres y afectos

En la vorágine que envuelve a la humanidad con una extensa serie de calamidades, destaca, ciertamente, el dictador ruso Vladimir Putin y la barbarie que está cometiendo en contra del pueblo ucraniano. Uno de los más terribles genocidios de que se tienen memoria. La matanza de civiles se comete ante los ojos del mundo, un mundo que simplemente mira, pero voltea hacia otro lado.

Mas no hay que mirar tan lejos, la brutalidad está profundamente manifiesta en nuestro país. Las masacres están a la orden del día. Y los grupos criminales –los que el presidente de México afirma cuidar porque sus integrantes son seres humanos-, controlan amplias zonas de la República con todo lo que ello implica. Simplemente ejercen un gobierno alterno, sanguinario y muy pernicioso.

La deferencia del mandatario mexicano hacia los cárteles, no sólo es incorrecta desde el aspecto gubernamental, sino también reprobable desde lo ético y político. Empoderarlos de facto es una aberración monumental y de las ofensas más graves que el mandatario puede asestar a la población.

Hasta el pasado viernes 27, se acumularon ya 121,967 homicidios dolosos (TResearch) en lo que va del sexenio obradorista. Una muestra irrefutable de que la hilarante estrategia oficial de los abrazos es un rotundo fracaso; pese a ello, López Obrador ha reiterado que no cambiará su plan, aunque en esa patológica terquedad lleve al pueblo bueno y sabio directamente al abismo del sacrificio.

Qué hay detrás de la insistente defensa presidencial de los grupos criminales que están enquistados en todo el territorio nacional. Las conjeturas son vastas. Desconocemos si algo le saben, si tienen alguna información vital con la cual puedan presionarlo; si está francamente atemorizado por el amplio poder con el que cuentan en todos los aspectos, no sólo en México, sino en el exterior.

 Si no, cómo explicar la orden de liberar a Ovidio, uno de los hijos del famoso “Chapo”, en el fatídico “Culiacanazo”; el saludo de mano a la señora madre del capo, y la propuesta de cambiar de nombre al ‘Triángulo Dorado’, bastión de Joaquín “El Chapo” Guzmán, por el de ‘El triángulo de la gente buena, de la gente trabajadora’. Así la persistente “cortesía” de AMLO a delincuentes.

Ningún fantasioso distractor palatino tiene la capacidad de hacer que el pueblo bueno y sabio olvide lo que a diario padece: asaltos, robos, extorsiones, trata de personas, desapariciones forzadas, ejecuciones, masacres, narcomenudeo y cuanto delito lucrativo se le ocurra a las bandas criminales.

El horror de las matanzas en México es consecuencia de muchos factores, de bastantes años de ineficacia gubernamental, de corrupción y de la complicidad entre malosos y autoridades. Durante sexenios el gobierno toleró a los cárteles, se benefició de ellos y hoy, por razones sospechosas, no se atreve a adoptar acciones contundentes y efectivas para frenar la dantesca embestida criminal.

Cuando el gobierno obradorista afirma que la enorme mayoría de los asesinatos dolosos ocurridos en la república mexicana se realizan con armas provenientes de los Estados Unidos, tiene razón y motivos válidos para la demanda que presentó en cortes de la unión americana. No obstante, esa acción no es sino un acto mediático que busca repartir culpas de lo que nuestras autoridades no son capaces de solucionar. Y la pregunta es, ¿cómo entran las armas a México? Esa no es responsabilidad de los estadunidenses, es de las autoridades mexicanas. ¿Nadie ve o sabe cómo entran? Por favor.

La inseguridad y violencia que arrasa cada vez con mayor fuerza la paz en nuestra nación no se va a terminar en el improbable caso de que el gobierno de pronto se tornase eficaz y no dejara pasar una sola arma. Los criminales usan ya otro tipo de artefactos para atacar y consumar sus fechorías. Ahí están, por ejemplo, el uso de minas antipersonales y de drones para arrojar explosivos. Así que ¡al carajo! con sus frivolidades e insultante demagogia para no atender lo urgente.

Minimizar de modo abyecto las masacres como la sucedida el pasado lunes en Celaya, Guanajuato, donde sicarios irrumpieron en un hotel y dos bares para ejecutar a 11 personas, raya en la imprudencia y lo estrictamente condenable. La inacción del gobierno federal está a la vista y la negligencia también. Cada vez hay más militares en las calles pero la sangre sigue derramándose.

Menos visitas a los enclaves de los cárteles, nada de mimos a sus integrantes, ni defenderlos y, por el contrario, aplicar las leyes, sería un buen inicio. No hacerlo, es complicidad.

STATU QUO

Muy dolorosa la masacre en la escuela primaria de Uvalde, Texas, donde fallecieron 19 alumnos y dos maestras. Un demente arrasó con las vidas. Ese demente, un joven de 18 años, es producto de una sociedad socavada en sus valores. El enemigo está en casa. Y los rifles de asalto a la mano.

@BTU15

*Nota del editor: imagen en portada: captura de pantalla*